El pasado 17 de junio, un 'reality show' estadounidense dedicó su tiempo a un drogadicto más: otra vida arruinada blandiendo la mano a la puerta de los supermercados para mendigar unas monedas. De nombre, Chad Gerlach. Uno más. Uno menos. Durante cinco años sus días no tuvieron horas, sino dosis de 'crack'. Entre seis y ocho. Vida sumergida en ese humo. Los días lentos del 'crack', la cocaína del pobre, la que se fuma y calcina antes el cerebro. Cinco años sonámbulo. Otro caso marginal. Ya visto. Aunque esa realidad había recorrido antes un camino opuesto. En bicicleta. Gerlach había sido ciclista profesional en el US Postal y hasta ganó carreras en el Tour de Lankagwi y las vueltas a China y Malasia. En junio, cuando ya se había fumado cinco años de su juventud, un telespectador del 'reality show' le llamó: le ofreció un puesto en el equipo italiano Amore & Vita. Gerlach se levantó desde tan lejos y este año volverá a ser ciclista para unir sus dos vidas, separadas por ese crujido, el que hace 'crack'.
Chad Gerlach (Sacramento, 36 años) era, con Armstrong, Hamilton y Julich, una de las promesas del ciclismo juvenil estadounidense. En 1996 vistió el maillot del US Postal. Estaba en el buen camino. Pero no duró. Chad era una tormenta interior, un pirata solitario. A ese equipo llegó Armstrong en 1998, después de sobrevivir al cáncer, pero para entonces a Gerlach ya lo habían echado. Pedaleaba cuesta abajo. Ninguna escuadra le aguantó. Era su sino. Desde que nació. Sus padres vieron crecer a un crío con vocación de remolino. Incapaz de estar sentado, de prestar atención. Un rebelde sin motivo. Con quince años acabó en un reformatorio por provocar un incendio. Los médicos hablaban de 'niño hiperactivo', del síndrome ADHD. De eso le curó la bicicleta: los pedales lograron calmarle. Y así, casi por receta, se hizo ciclista. Bueno. Prometedor.
Luego vino el dolor. De espalda. «Me mataba. Pensé en dejar el deporte», confesó. Con apenas 20 años se agarró a los analgésicos. La farmacia crea hábito. Hay pastillas para casi todo. Atajos. Acabó despedido por todos los equipos. Quebrado. Le venció la inercia y la fatalidad: perdió a su mejor amigo, Ryan Smith, en una pelea a navajazos, se separó de su novia y se lio con el alcohol y la droga más sonora, el 'crack', la peste que devastó en los años ochenta y noventa los suburbios de Sacramento. Gerlach se instaló en esa ruina interior. «Vivía para fumar», relató en 'La Gazzetta dello Sport'. Así pasó cinco años. «Lo dejé todo, incluida la familia. Me sentía muerto por dentro». Zombie. Argumento cotidiano en los 'reality shows'. Hasta que el azar le lanzó un salvavidas: ser protagonista de un programa de televisión. Una ventana para huir de su laberinto.
El equipo del Vaticano
Roberto Gaggioli vio el 'reality'. Es uno de los colaboradores del equipo Amore & Vita en Estados Unidos. A la escuadra italiana le gusta recoger caídos. Lo hizo, por ejemplo, con Valentino Fois, ex gregario de Pantani y también consumido por las drogas. Fois, acusado de dopaje en 2002, falleció el año pasado víctima de una pulmonía. Era un deportista de elite, pero abatido por las drogas y el alcohol. Simplemente, se rompió. Eso dijo la autopsia.
El Amore & Vita es obra de Ivano Fanini, director en su día de Bartoli y desde hace años responsable de una escuadra de segunda categoría con vocación casi religiosa. Fanini es un cristiano devoto y su equipo llegó a estar apoyado por el Vaticano. Se ha convertido en un refugio. 'Arrepentidos los quiere Fanini'.
Por eso, también quiso fichar a Jesús Manzano, dopado confeso del equipo Comunidad Valenciana. Pero las rodillas del corredor madrileño, abrasadas por las infiltraciones de corticoides, ya no soportaban más pedales. No pudo coger ese dorsal para el retorno. Ahora, el equipo tan bien visto por el Vaticano se lo ha dado a Gerlach. Viene de un centro de desintoxicación en Florida, de una cama de cartón a la puerta del supermercado y de la niebla del 'crack'. Para correr de nuevo. En bicicleta, el vehículo con el que huyó del reformatorio y que ahora vuelve a rescatarle. Del humo.