Euskadi fue la comunidad autónoma que sufrió la mayor inflación el pasado año: un 1,9%, medio punto por encima de la media nacional. Esa diferencia constituye un lastre para la competitividad de la economía vasca y amenaza con añadir un elemento de presión en la negociación de los convenios, en un contexto de aguda crisis, ate la demanda de los sindicatos de que los salarios mantengan su poder adquisitivo; un objetivo cuyo cumplimiento se verá dificultado si se toma como referencia el 1,4% registrado en el conjunto de España, el nivel más bajo de la última década.
El aumento de los precios se ha moderado drásticamente en los últimos meses en el País Vasco, aunque a un ritmo más lento que en el resto del Estado. La tasa anual se redujo ocho décimas en diciembre, mientras lo hizo un punto en el resto del país. Ese margen es consecuencia de que los alimentos, la hostelería, la educación, la enseñanza o los servicios vinculados a la vivienda se encarecieron más, mientras que fue menor el impacto del abaratamiento de los carburantes en el transporte.
El desplome del petróleo en los mercados internacionales -el barril de Brent, la principal referencia en Europa, ha pasado de 147 dólares a 43- se ha traducido en una caída en picado de la inflación desde el pasado verano. En julio disparó todas las alarmas al alcanzar el 5,3% en España, el mayor nivel desde 1992. Euskadi registró entonces una décima menos. Ahora desciende de forma desbocada por el descenso del crudo y de otras materias primas, pero también por un hecho más preocupante: el espectacular parón del consumo. El frenazo del gasto de las familias por los temores que despierta la recesión que ya sacude a la economía nacional y el deterioro del mercado laboral -un millón de parados másen un año- ha forzado a numerosas empresas y negocios a contener ss precios en un desesperado intento de mpulsar sus alicaídas ventas.
La inflación se moderó drásticamente el pasado año. Pero menos en el País Vasco. Mientras en el conjunto de España los precios subieron un 1,4%, en Euskadi lo hicieron un 1,9%, lo que la convierte en la comunidad con la tasa más alta, sólo superada por la ciudad autónoma de Ceuta (2,1%) y muy por encima del 0,9% registrado en Castilla-La Mancha, la más barata.
El pasado año, el IPC nacional cerró con su tasa más baja de la última década -igual a la de 1999- debido, principalmente, al abaratamiento del petróleo, que ha sufrido un vertiginoso descenso desde que en julio marcara su máximo histórico de 147 dólares por barril, hasta caer por debajo de los 40 el mes pasado. Este desplome ha propiciado que la inflación baje consecutivamente durante los últimos cinco meses. Y en diciembre, un punto respecto a noviembre. De ese punto, un 0,65% corresponde al abaratamiento de la energía.
En una lectura menos positiva, oposición y sindicatos mostraron ayer sus temores de que esta baja inflación esté también en gran parte motivada por el fuerte parón del consumo interno provocado por la crisis económica, con el consiguiente ajuste de precios, sobre todo en los últimos meses del año, en los que el IPC ha pasado de una tasa interanual del 4,5% en septiembre al 1,4% al cierre del ejercicio.
Euskadi más que Europa
Además, por primera vez en siete años los precios en España subieron menos, aunque sólo haya sido una décima, que los de la media de la zona euro, algo que no ha sucedido en el País Vasco, donde se han incrementado por encima de ese promedio.
El diferencial entre la inflación estatal (1,4%) y la autonómica (1,9%) es consecuencia de la menor caída de los precios de los servicios asociados a la vivienda, que en el País Vasco subieron el pasado año un 6,8%, por un 5,9% en el conjunto de España; la enseñanza (aquí subió un 5,1% y en el resto del país un 4%); la hostelería (4,6% contra un 4%) y las actividades asociadas al ocio y la cultura (0,9% frente al 0,3%). Asimismo, la bajada del precio de los carburantes tuvo en el sector vasco del transporte un menor impacto -un -5,3%- que en el resto del Estado, un -5,6%.
En un momento en el que la crisis económica comienza a manifestarse con toda su crudeza en Euskadi, el hecho de que la inflación en España haya sido un 0,5% inferior a la registrada en la comunidad autónoma puede considerarse una buena noticia para muchas empresas vascas, que en este 2009 se ahorrarán una considerable cantidad de dinero al tener las subidas salariales de sus convenios ligadas a la evolución del IPC español.
Sin embargo, y por la misma razón, los trabajadores vascos pueden ver mermado en igual proporción su poder adquisitivo, por lo que su capacidad de consumo se vería afectada en un momento, además, en el que la mayoría de los asalariados apuestan por controlar los gastos ante la incierta evolución de la situación económica.
Subidas salariales
En este sentido, mientras la patronal Confebask reconocía ayer que la baja inflación supone «una menor presión tanto sobre el bolsillo de empresas como de consumidores», los principales sindicatos de la comunidad -ELA, CC OO, LAB y UGT- coincidieron en lamentar el mayor IPC de Euskadi y subrayaron la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, que durante gran parte del año han sufrido unos precios muy superiores a los reflejados al final del ejercicio, por lo que reclamaron «ya» incrementos salariales por encima del dato oficial.
Por provincias, también los tres territorios vascos encabezan el, en este caso, triste ranking nacional de los más caros. El más inflacionista durante 2008 fue Guipúzcoa, donde los precios crecieron un 2,1%, seguido de Álava, con un incremento del 2%, y Vizcaya, con un 1,8%. Tan sólo Barcelona, Zaragoza y Melilla llegan a igualar el IPC vizcaíno. En el extremo opuesto, Toledo rozó incluso la deflación al registrar una subida de tan sólo un 0,2%.