«Puede ser que una o dos veces me dirigiera a ella llamándole 'corazón'». Ésta fue la única acusación que admitió el coronel Francisco Bajo Ojeda en el juicio que comenzó ayer en el Tribunal Militar Central por acosar presuntamente a la capitán médico del acuartelamiento vizcaíno de Mungia, I. R. G. Bajo Ojeda negó categóricamente haber humillado o proferido expresiones lascivas hacia su subordinada que, por el contrario, aseguró haberse sentido aterrorizada hasta el extremo de «dormir con un cuchillo y un spray antivioladores y con la puerta de la habitación bloqueada por una silla».
Los hechos juzgados se remontan al año 2004, cuando el entonces teniente coronel Bajo Ojeda -apodado 'don Corazón' por su costumbre de utilizar este apelativo- era jefe de la Plana Mayor del Regimiento de Infantería Mixto de Solleche. El fiscal pide para el procesado una pena de un año y seis meses de cárcel y una indemnización de 4.000 euros por un delito militar consumado de abuso de autoridad. Otras dos subordinadas -dos tenientes- y la mujer de un suboficial también le acusaron de comportamientos lujuriosos. Tras su procesamiento, el Ministerio de Defensa le suspendió de funciones durante un periodo de seis meses, que ya ha cumplido.
La presunta víctima de los acosos relató ayer ante el juez togado las constantes «humillaciones», «insinuaciones» e incluso «tocamientos en los muslos» que llegó a soportar de parte de su superior. Un acoso que comenzó el mismo día que llegó al regimiento, durante su presentación en su despacho. «Se me acercó al cuello y me dijo que olía muy bien y que quería recomendarle mi colonia a sus mujeres».
También recordó cómo en otra ocasión, el acusado acudió a su consulta y le diagnosticó taquicardias». «Tengo taquicardias porque me pones»», le espetó. «Me dijo que tendría que ir a su casa para ponerle una inyección en el culo». Cuando se fue de vacaciones a Canarias, su tierra natal, tuvo que soportar comentarios como que las islas «son muy calientes».
«Escuché cómo le decía a otros compañeros que lo que yo necesitaba era desahogarme porque era una reprimida», se quejó la mujer, que le evitaba «a toda costa» y llegó a pensar en abandonar el destino. «Lo único que quería es que me cambiaran de destino». I. R. G. lamentó no haberse sentido amparada por sus superiores tras presentar la denuncia. «El coronel llegó a decirme que los trapos sucios se lavan en casa».
«Son barbaridades»
«Todo eso son barbaridades», replicó Bajo Ojeda, que se definió como una persona «deportista que ni fumo ni bebo ni me he drogado nunca». También negó haber gestionado la entrada de prostitutas en un cuartel donde la seguridad era «exacerbada» por el temor a un atentado terrorista. Y sobre los presuntos tocamientos en los muslos argumentó que «es imposible» porque «cuando me dirijo a ella, tiene que estar de pie». «Nunca le di una orden ni solicité sus servicios médicos», aseguró.
El fiscal también acusó al mando de haberse dirigido a la mujer de un compañero en los siguientes términos: «Vaya, no te conocía por detrás, estás muy cambiada». «Eso no es cierto; para un militar, la esposa o la novia son sagradas», dijo.