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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Cultura

'el peine del viento'

Una muestra en el Museo de Bellas Artes de Bilbao reconstruye la colocación de 'El peine del viento' de Chillida en San Sebastián

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Gabriel Celaya llamó a su amigo Eduardo Chillida «ingeniero de almas». El escritor sabía de lo que hablaba, por su doble condición de ingeniero, profesión que llegó a ejercer en los años cuarenta, y de poeta, o experto en las cosas del espíritu. Chillida expresó esa condición que le atribuyó Celaya en gran parte de su obra, pero especialmente en 'El peine del viento', el conocido grupo de esculturas anclado en las rocas en las que termina el paseo de Ondarreta en San Sebastián. Para situarlas donde rompen las olas, en lugares de acceso difícil, hizo falta todo un plan de ingeniería que detalla una exposición en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, organizada por el Colegio de Ingenieros de Caminos del País Vasco.
La muestra, abierta hasta el 15 de marzo, repasa la construcción y anclaje de 'El peine del viento', inaugurada en septiembre de 1977, un proceso en el que intervinieron los forjadores de Patricio Echeverría, la fábrica siderúrgica de Legazpi, y los operarios dirigidos por el ingeniero José María Elósegui, artífice de que cada escultura quedara en su sitio.
Firma de los trabajadores
Elósegui estuvo ayer en Bilbao junto a su hija, María, autora de un libro que recoge la historia y documentos relativos a la instalación de esta obra de Chillida bañada por el mar. Según contó Luis Chillida, hijo del artista, en 1952 su padre empezó a imaginarse una escultura para su ciudad y la situó en «ese lugar que a él tanto le gustaba» desde niño.
En ese año hizo un primer modelo -una pequeña pieza- de lo que podría ser aquel proyecto, al que siguieron otros prototipos, algunos de los cuales se exponen en el museo de Bilbao. La evolución en la forma de las piezas permite conocer cómo el escultor «se iba adaptando al lugar», explicó Luis Chillida.
El origen de la iniciativa está en una tertulia que se celebraba en la librería de la familia Ramos en San Sebastián. Sus miembros, entre los que estaba José María Elósegui, quisieron organizar una exposición de homenaje a Chillida, que entonces gozaba de una gran prestigio internacional pero que no exponía en el País Vasco.
El artista prefirió embarcar a estos entusiastas en la colocación de una obra para la ciudad, y entre todos consiguieron que Patricio Echevarría no les cobrara la mano de obra, aunque sí el material, 324.000 pesetas por 30 toneladas de acero corten, divididas entre las tres esculturas que forman 'El peine del viento'. Eso sí, los trabajadores involucrados en su elaboración estamparon su firma en una de las piezas.
La idea de la obra fue de Chillida, pero realizarla fue una labor colectiva, en la que también participó su amigo el arquitecto Luis Peña Ganchegi, el autor de la plaza que da a las esculturas. Elósegui recordó que los expertos implicados se pusieron «al servicio» de la escultura y de su creador, quien quería que 'El peine del viento' pareciese «como si hubiera estado ahí siempre». «Él situó dos dos piezas frente a frente, como si se abrazaran, a pesar de las rocas en que se anclaron eran de mala calidad».
Para María Eloségui, la «buena sintonía» entre Chillida y su padre demuestra que la creatividad y la técnica -una palabra que para los griegos antiguos también significaba arte- también pueden abrazarse.
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