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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Vizcaya

13.01.09 -

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N o es la ciudad moderna un territorio fácil para el paseante despistado. Cada vez es más frecuente que este entrañable espécimen -que se distingue por caminar siempre con el pensamiento perdido por los cerros de Babia- termine equivocando su rumbo, confundiéndose de manzana, tomando la bocacalle equivocada. La culpa es de las tiendas, que no paran quietas. Ya no son un referente fiable.
Antes uno iba paseando con la mirada clavada en el suelo y al advertir el olor que se fugaba de la pastelería La Entrañable sabía que debía girar a la izquierda para llegar a su casa. Era una señal de una precisión invencible, muy superior a la de cualquier GPS. Al fin y al cabo, La Entrañable llevaba ahí doscientos años, sobreviviendo impasible a modas, manifestaciones y cambios de gobierno. Sus vapores eran tan nutritivos como geográficamente infalibles.
Ahora, sin embargo, las tiendas cambian constantemente de lugar y de aspecto, se trasladan y refundan, mueren, emigran, resucitan, se reinventan. Es un ciclo perpetuo y sorpresivo que produce efectos raros. Ustedes se habrán percatado de que en la Gran Vía hay hoy una exclusivísima tienda de bolsos franceses donde ayer había una sucursal de una hamburguesería americana. Así, creo yo, no hay quien se aclare.
Pues ahora todo se va a complicar un poco más. La Gran Vía se prepara para vivir un cambalache comercial de gran intensidad. La tienda Blanco ocupará próximamente los locales donde hasta ahora estaban Cold Alaska y la zapatería Ayestarán. El resultante será una nueva megatienda blanquecina en una zona de mucho postín. Las jóvenes comprarán allí ropa del momento a buen precio y los paseantes despistados se pararán en seco y darán un par de vueltas sobre sí mismos: «Un momento, ¿aquí no estaba la zapatería esa de toda la vida?». Por si la Gran Vía -esa reducción de Oxford Street- no fuese a vivir bastantes sobresaltos, nos enteramos de que va a cerrar Foto Garay. Es triste porque en ese escaparate se han expuesto las fotos de comunión de genealogías enteras de bilbaínos. Los primeros debieron ser los sobrinos de don Diego López de Haro.
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