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Cultura

CRÍTICA DE CINE

12.01.09 -

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Frágil virtud
El estreno de 'Una familia con clase' es tan sólo punto y seguido en el incesante goteo de títulos que llevan meses anunciándonos un revival de las comedias de alta sociedad. Atrás quedaron las adaptaciones de Winifred Watson ('Un gran día para ellas') y Claire Boothe ('The Women'), y los pastiches más o menos forzados con los que se ha tratado de recuperar el espíritu del 'screwball' ('Ella es el partido'), por lo que no sorprende la profanación de un texto de Noel Coward, quizá el mejor comediografo del siglo XX y con toda seguridad el autor que mejor supo explotar las virtudes de este género en su versión teatral.
Quien más, quien menos, conoce la obra de Coward aunque nunca haya escuchado su nombre ni sepa ubicarle en un espacio temporal, porque sin duda el inglés fue uno de los más grandes maestros en el delicado arte de la esgrima verbal. Coward no fue tan profuso en citas como el célebre Oscar Wilde, pero dejó sentadas las bases de una comedia ligera en su ritmo, aunque venenosa en el contacto con la piel.
Lamentablemente, al homenaje de Stephan Elliot, director de 'Priscilla, reina del desierto', sólo podemos alabarle la imitación forzada de los fluidos movimientos del original, porque las cargas de profundidad lanzadas por Noel Coward no han sabido readaptarse a nuestros tiempos, y difícilmente escandalizarán a las plateas con temas polémicos como el divorcio, que tanto alarmaron al público ochenta años atrás.
Le queda a 'Una familia con clase' fiarse a la desigual lucha de talentos entre una joven americana de 'moral distraída' (Jessica Biel) y su suegra, una espléndida Kristin Scott Thomas, que sigue aferrada a los valores tradicionales como paradigma de la típica señora de casa de campo inglés; porque las diferentes subtramas de las que se alimenta la obra son víctimas de las escasas prestaciones de un elenco en el que sólo destaca Kris Marshall, un mayordomo que se las apaña para recoger los pedazos de su destartalada mansión.
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