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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

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ÁLAVA

El plan para rehabilitar la fábrica de Araia seguirá los pasos de restauraciones ambiciosas como la Cerámica de Llodio, la Azucarera o la Industrial de Vitoria
11.01.09 -

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Un año antes de que Carlos Marx escribiera el Manifiesto Comunista (1848) en Araia se ponían los cimientos de la revolución industrial alavesa. La fábrica de San Pedro de Araia fue la primera empresa siderúrgica moderna del País Vasco junto a la de Bolueta y en 1906 instaló el primer horno eléctrico de acero de España. Del capital acumulado en esta empresa por la familia Ajuria-Urigoitia salieron otras firmas que llenaron de arados y tractores los campos de España.
Tanto pasado glorioso se hace difícil de vislumbrar entre la ruina que actualmente ven los montañeros que suben al Aratz o al Nacedero. «El Ayuntamiento de Asparrena trata de conseguir desde hace tiempo la propiedad de los restos de la fábrica, en manos de capital kuwaití, e impulsar una restauración de todo el complejo. Su valor desde el punto de vista histórico, tecnológico, social, arquitectónico o científico es inmenso y tenemos que ponerlo en valor. 2009 va a ser un año decisivo», asegura Diego Gastañares, alcalde de Asparrena, que pone el acento, en primer lugar, en la seguridad de las viejas instalaciones, donde hay personas que tienen animales.
«No hay nada decidido pero esos edificios o una parte de ellos, además de enseñarnos su enorme historia, podrían tener un destino ligado a la promoción del queso Idiazábal. En Araia se ha conseguido organizar un gran certamen y hay vocación para convertir el pueblo en un centro internacional del queso. La Diputación ve con buenos ojos este tipo de iniciativas que recupera un patrimonio arquitectónico muy interesante», señala Julio Herrero, jefe del servicio de Arquitectura de la Diputación.
Aunque ha desaparecido gran parte de la maquinaria, aún se conservan un número importante de edificios, canteras, medios de transporte y saltos de agua que producían materia prima y electricidad al complejo industrial. Éste nació a la sombra de una histórica ferrería que se alimentaba de la madera de los bosques que rodean el macizo del Aratz. Decenas de restos de carboneras han dejado vestigios en esos bosques. El pasado verano fue desbrozada y puesta al descubierto una antigua cantera donde aún se conservan una veintena de piedras labradas usadas años atrás para los hornos. Tras el desbroce se podía ver un tramo de raíles por donde llevaban las piedras y el cargadero. Los jóvenes tuvieron la oportunidad de conocer de primera mano el trabajo que se realizaba en la cantera de la mano de José Mari Mendia, un vecino de Araia que trabajó en ella.
Asparrena quiere rehabilitar todo este patrimonio industrial con el fin de crear el gran complejo que de la bienvenida al parque natural de Aizkorri-Aratz, que tiene en Araia una de sus entradas.
Inventario sin cerrar
Como la fábrica de Ajuria de Araia, el departamento de Cultura del Gobierno vasco ha inventariado en un catálogo todavía sin cerrar 195 instalaciones industriales, 209 edificios de interés, 94 máquinas y 70 elementos de ingeniería. Sólo en ferrerías y molinos, lo que se conoce como era preindustrial, se han registrado 250. Según la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública, este legado abarcaría «cualquier construcción o estructura fija o de otro tipo perteneciente especialmente al periodo de la Revolución Industrial que, bien por si solo, bien en conjunto con instalaciones o equipamientos esenciales, ilustre el nacimiento o el desarrollo de procesos industriales o técnicos». Lo industrial, por tanto, abarca no sólo los inmuebles -fábricas, talleres-, estructuras arquitectónicas y maquinaría de producción -castilletes, chimeneas, locomotoras-, sino también las vías de transporte y comunicación a través de las que llegaban las materias primas y se comercializaban los productos -puentes, ferrocarriles, estaciones-, las residencias, centros asociativos -ateneos- y asistenciales de los trabajadores -hospitales, sanatorios-, los servicios públicos -mercados, escuelas, iglesias- y, en última instancia, los propios paisajes modificados por la actividad extractiva e industrial.
Mari Cruz Vicente, responsable territorial en Álava del sindicato Comisiones Obreras, le ha cogido cariño a la sede que ocupa en Portal de Castilla. Es propiedad del Estado, aunque ellos lo tienen en usufructo gracias a la devolución del patrimonio sindical. «Lo que muy poca gente sabe es que esto fue una empresa que utilizaba nuestro edificio, el de la Cruz Roja y el que ahora se dedica a viviendas. De aquí salió el primer automóvil construido en España en 1904», subraya con orgullo.
La Industrial Alavesa es una de las cuatro fábricas que junto a la Maquinista, el Porvenir Industrial y la Metalúrgica, iniciaron el movimiento industrializador en Vitoria a finales del XIX. Fracasado el proyecto de la Industrial parte de sus instalaciones acabaron en la Meta, mientras que otros pabellones se reutilizaron como viviendas y como comandancia de la Guardia Civil desde 1927 -ahora es ocupado por la Cruz Roja-, mientras que el edificio central se utilizó para escuelas antes de casa de sindicatos y posteriormente sede de CC OO.
Mari Cruz Vicente también estuvo luchando por lo intereses de los obreros cuando hace 16 años se cerró la Azucarera, uno de los edificios más bellos de la industria alavesa y vasca, ahora reutilizado para oficinas e investigación. «La rehabilitación ha sido espectacular», dice.
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