España quedó ayer a merced del temporal. Por primera vez en diez años, el aeropuerto de Barajas tuvo que interrumpir sus operaciones durante casi cinco horas, inmovilizando a miles de pasajeros en sus instalaciones y extendiendo el caos a las demás terminales de la Península, que vivieron una jornada aciaga al absorber los vuelos que no podían tomar tierra en Madrid y al suspender los que se dirigían a ese destino. Más de un millar vascos que habían previsto regresar de la capital para descansar el fin de semana quedaron atrapados en Barajas, donde se cancelaron diez vuelos a Loiu y Hondarribia. Otra decena de trayectos se suspendió desde Bilbao y San Sebastián hasta Madrid. Pero también se vieron afectados varios cientos de viajeros que iban a desplazarse en autobús entre las tres capitales vascas y Madrid, pues el frío y el hielo impidieron la partida de una veintena de autocares que cubren esas líneas en ambas direcciones, y frustraron también la salida de un número indeterminado de automovilistas que planeaban regresar a Euskadi.
El bloqueo fue general. Las intensas nevadas afectaron a 28 provincias, incluidas las del País Vasco, y obligaron a miles de escolares a quedarse en casa a primera hora de la mañana. Pero eso sólo fue el principio. Los esfuerzos de las autoridades por restablecer la normalidad -activaron las alertas y movilizaron todos sus recursos- resultaron baldíos en esta ocasión porque el temporal golpeó con precisión casi militar un punto estratégico: la ciudad de Madrid, que es el nudo de comunicaciones de toda España. «Prácticamente todo el país está en alerta», informó Pilar Gallego, directora general de Protección Civil.
La polémica no se hizo esperar, ya que el Partido Popular acusó de imprevisión al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero y reclamó la comparecencia de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, para dar explicaciones en el Congreso. Incluso la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, confesó que ella también había tenido problemas para llegar al Consejo de Ministros, pero recordó a los populares que la Comunidad de Madrid había activado la 'alerta naranja' y no la 'roja' el pasado jueves. De todos modos, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, acabó admitiendo que se había producido un error en las previsiones meteorológicas.
El resultado fue que las 700 máquinas quitanieves y los 2.000 trabajadores movilizados por Fomento, sin contar los vehículos enviados por la comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, fueron insuficientes. Sobre las dos de la tarde, un camión y cuatro unidades municipales provistas de palas trataban de despejar las pistas de Barajas, mientras que dentro de la terminal cientos de personas formaban colas en los mostradores de información o mataban el tiempo en la cafetería, contemplando los paneles con las listas de vuelos. El aeropuerto, que durante las últimas semana ha sido escenario de los retrasos causados por el conflicto de los pilotos de Iberia, estaba ahora prácticamente incomunicado por la nieve, ya que los vehículos no podían entrar ni salir de las instalaciones. Tan sólo funcionaba el metro.
La Dirección General de Tráfico (DGT) admitió que la climatología derrotó ayer a la Administración sin paliativos, aunque atribuyó lo ocurrido a que las redes de transporte españolas no están preparadas para unas nevadas tan copiosas y prolongadas. «No es una falta de previsión. Ha sido un fenómeno inhabitual», aseguró Enrique Belda, subdirector de la DGT. Sin embargo, el Real Automóvil Club de España calificó el caos registrado ayer, no sólo en Madrid, sino en toda España, de «inaceptable». Sólo entre las 11.30 y las 13.30 recibió más de ocho mil llamadas de automovilistas, buena parte de ellas para informarse sobre cómo poner las cadenas en las ruedas del coche.
No salir de casa
Los vecinos de Madrid se lanzaron a comprarlas en los comercios y talleres mecánicos. A medida que la capital se cubría con un manto blanco -empezó a nevar a las ocho de la mañana-, se agotaron los suministros y algunos establecimientos tuvieron que realizar pedidos urgentes a los almacenes. Un comerciante declaró que los automovilistas acudieron «en masa» a los talleres para hacerse con juegos de cadenas, a pesar de que no sabían utilizarlas. La capital se movía a cámara lenta por la nieve y el hielo. La Cruz Roja aconsejó a los ciudadanos no salir de casa para evitar las caídas en las aceras. Más de 170 líneas de autobuses no pudieron funcionar con normalidad y las autovías tardaron horas en quedar expeditas; entre ellas, la de salida a Barcelona.
Los autocares con destino a las capitales de Euskadi permanecieron estacionados en los hangares, complicando los planes de cientos de viajeros a las puertas del fin de semana. Cuando el tráfico de vehículos comenzó a normalizarse en Madrid, sobre las dos de la tarde, el caos del transporte ya no tenía remedio, porque se había propagado por todo el país en ondas concéntricas. El punto de inflexión se había producido a las doce del mediodía, cuando Barajas suspendió sus operaciones. La terminal bilbaína de Loiu empezó a aplazar los vuelos desde Bilbao, al igual que los demás aeropuertos españoles. Los retrasos y las cancelaciones fueron moneda corriente durante toda la jornada, incluso en Canarias, sin que sirviera de mucho que los aviones volvieran a despegar de Madrid a partir de las 16.40 horas.
Tratando de paliar la situación, Renfe se ofreció a las aerolíneas para transportar a Madrid a los viajeros cuyos vuelos habían sido desviados a otras capitales. Según comunicó la empresa, las líneas ferroviarias sólo sufrieron algunos retrasos, aunque los trenes de alta velocidad ralentizaron su marcha por el centro de la Península por motivos de seguridad. Fueron las únicas vías de comunicación que ayer respetó la nieve.