La muerte al menos de veinticinco palestinos más en Gaza bajo el fuego de Israel y el disparo por parte de Hamás de una treintena de cohetes caseros que no causaron víctimas fue la rotunda respuesta sobre el terreno que ayer obtuvo el llamamiento de la ONU para un alto el fuego en la Franja. Los intentos de Naciones Unidas de frenar con su resolución 1860 la escalada bélica topaban así con la arrolladora negativa de los hechos, el día también en que la Alta Comisionada para la Defensa de los Derechos Humanos, Navi Pillay, exigía poner en marcha ya una investigación para esclarecer los presuntos «crímenes de guerra» que el Ejército hebreo habría perpetrado.
Y es que, la Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU (Ocha, en sus siglas en inglés) daba a conocer ayer un informe realizado en base a «varios testimonios», según los cuales, el pasado 4 de enero «soldados de infantería israelíes evacuaron a 110 palestinos, la mitad niños» a un edificio de Zeitún, barrio de Gaza capital, y veinticuatro horas después «bombardearon repetidamente el inmueble, matando a aproximadamente a treinta». El Ejército judío tachaba el relato de «inverosímil». La denuncia, no obstante, se sumaba a las acusaciones esta semana de la Cruz Roja sobre los impedimentos de Israel para sacar heridos y moribundos de Gaza.
Se desconoce si esas prácticas están incluidas en la inquietante declaración de intenciones con la que la ministra de Exteriores hebrea, Tzipi Livni, contestaba ayer a quienes piden un alto el fuego: «Israel -dijo- ha actuado, actúa y actuará sólo de acuerdo a sus consideraciones, las necesidades de seguridad de sus ciudadanos y su derecho a la propia defensa». Ehud Olmert, primer ministro en funciones, resolvía por su parte que el disparo de cohetes palestinos hacía, simplemente, «impracticables» los deseos de Naciones Unidas.
Con 758 muertos entre sus convecinos y más de 3.200 heridos, Hamás despreciaba el requerimiento internacional diciendo no darse siquiera por aludido. El portavoz islamista Ayman Taha justificaba la postura en que la ONU no les ha consultado, ni tenido en cuenta los intereses «de nuestro pueblo». El documento, recalcaba desde Beirut el dirigente del Movimiento Osama Hamdán, no habla ni del levantamiento del bloqueo ni de la apertura de los pasos fronterizos de la franja.
Katiushas
Desde el sur de Líbano, donde el jueves se registró el disparo de cuatro cohetes katiusha a Israel que a punto estuvieron de incendiar la frontera norte, las tropas locales y los cascos azules de la ONU notificaron ayer el hallazgo de un alijo de 34 proyectiles Grad-P y cajas de munición en un búnker, aunque no presentaba señales de uso reciente.
Los palestinos llevan desde el fallecimiento de su líder histórico, Yaser Arafat, sin un hombre que logre hacerse con la autoridad suficiente para representar a todas las facciones. Los dos bandos en disputa por el poder, los moderados de Al-Fatah y los radicales de Hamás son más enemigos que hermanos. Esa división interna ha provocado que la ya de por sí escasa fuerza del pueblo de Gaza y Cisjordania para poder protagonizar un proceso de paz frente a la todopoderosa superioridad militar y diplomática israelí se haya visto mermada aún más si cabe.
Y es más, desde ayer, según confirmó Reuters en una nota, ni siquiera tienen presidente. Mahmud Abbas, que fue elegido para encabezar la Autoridad Palestina en enero de 2005 por un período de cuatro años, vio finalizar su mandato. Es ahora el Parlamento, formado en enero de 2006 y con una legislatura vigente hasta 2010, el que debería llenar el vacío de poder. Pero Hamás ya adelantó ayer que no lo reconoce, como tampoco aceptó la presidencia de Mahmud Abbas.