Apenas unos minutos después de que el lehendakari Ibarretxe enfilase la escalinata del Palacio de Justicia, Iñigo Urkullu dejó claro que la ejecutiva del PNV no quiere consumir todas sus energías en rentabilizar la imagen del presidente vasco en el banquillo y habló de la crisis. A menos de dos meses de las elecciones, y frente a la estrategia del PSE de encarar la vista oral sin aspavientos y con un perfil deliberadamente bajo, los jeltzales quieren evitar a toda costa que el asunto se les vaya de las manos y que, por comparación, la opinión pública les perciba como un partido anclado en el enfrentamiento y en la bronca y alejado de las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos y les pase factura el 1 de marzo.
El presidente del EBB reiteró los argumentos habituales para denunciar el enjuiciamiento penal de la máxima autoridad del país -la denuncia de la «criminalización del diálogo» y el mayoritario rechazo social al proceso-, pero se descolgó con un segundo mensaje tan sorpresivo en el contexto, unos Jardines de Albia aún poblados de cargos y simpatizantes, como elocuente: «No podemos despistarnos de las prioridades de la sociedad: la paz, el diálogo, el trabajo, afrontar la crisis, modernizar Euskadi, vertebrarla desde la convivencia política». Y añadió: «A ello nos ponemos manos a la obra desde este mismo instante, una vez que el lehendakari ha entrado ya en el Palacio de Justicia».
La significativa mención a la precaria situación económica en pleno momento para la historia y el exhorto a no perder ni un segundo en exhibiciones mediáticas habla bien a las claras del interés del PNV en no poner todos los huevos en la misma cesta. En esa estrategia se inscribe también la decisión de la ejecutiva de evitar un llamamiento masivo a la movilización en defensa de la dignidad institucional del lehendakari, limitada en esta ocasión al arrope de los cargos públicos del partido. «El EBB tenía muy claro que no podía permitir que el asunto se les desmandase pero, por supuesto, tampoco dejar desprotegido a Ibarretxe», apunta un cargo jeltzale que cumplió disciplinadamente con la tempranera cita.
La línea marcada ahora por Urkullu recuerda, por lo que tiene de equilibrismo político, a la puesta en marcha del 'Think Gaur' cuando aún coleaba el culebrón de la consulta, ahora silenciada y reemplazada por mensajes en positivo que buscan la complicidad con el ciudadano y la fiabilidad de presentarse como un partido de probadas garantías en la gestión de lo público.
Pero, en paralelo, Ibarretxe se descolgó ayer con uno de los golpes de efecto de los que suele echar mano. El cambio de tercio de su defensa -que varió de un plumazo su estrategia y, tras exigir durante casi tres años el archivo de la causa, pidió ayer que el juicio continúe «hasta el final» para demostrar la inocencia del presidente vasco- choca con las apelaciones de Urkullu a no perder pie. No obstante, en el PNV -que estaba al corriente de la voltereta argumental que habían preparado el lehendakari y su equipo con su abogado defensor, Mikel Casas- creen que ambos discursos son «complementarios».
Precisamente, si el mensaje de Urkullu persigue no quedar por detrás del PSE en moderación y temple, el del lehendakari buscaría adelantarle varios cuerpos a los socialistas en «coherencia» y, una vez consumada la «pena de banquillo», no echar en saco roto los posibles réditos políticos del juicio. De hecho, según las fuentes consultadas, tras la sorpresa de ayer late la intención de Ibarretxe de sacar pecho sin complejos como adalid del diálogo político en pro de la «pacificación y normalización política» frente a las maniobras «defensivas» de los letrados del PSE y Batasuna, que apelaron preferentemente a aspectos técnicos y requisitos formales para exigir el sobreseimiento de la causa. El consejero de Interior, Javier Balza, ejerció de portavoz de la estrategia y destacó, de hecho, que fue «contraria» a la de las otras dos partes acusadas, que evitaron entrar «en el fondo del asunto».
Intención política
Sus palabras no dejaron lugar a las dudas: «La intención política clara del lehendakari es decir que no hemos llegado hasta aquí para que esto se cierre en falso, porque ni nos arrepentimos ni nos escondemos de nada». El máximo responsable de la Ertzaintza insistió, en esta línea, en la apuesta del Ejecutivo de Vitoria por «el proceso de paz, que, cuando sea preciso, habrá que volver a intentar» y por las «soluciones dialogadas» y exigió una «sentencia de fondo» que acote el papel de «la política» en la búsqueda del final del terrorismo. «Estamos tan convencidos de que hemos actuado correctamente que queremos que lo decida el tribunal, que entre en el fondo», remachó. Según los análisis que se hacen en círculos peneuvistas, López -que también sostiene que volvería a sentarse con Arnaldo Otegi para intentar asentar la paz- pretendería «minimizar» el alcance de su reunión con Batasuna, mientras Ibarretxe buscaría asumirla con todas sus consecuencias, ambos con la vista puesta en el cara a cara que les espera en marzo.
No obstante, y aunque ningún dirigente del PSE hizo declaraciones en los aledaños del tribunal -sí hablaron Otegi, los mencionados Urkullu y Balza y otros como Xabier Arzalluz y Joseba Egibar-, López abrió por la tarde la ventana de su blog para «agradecer» las muestras de afecto y reivindicar su actuación. En un breve vídeo colgado en su bitácora, el candidato socialista dijo estar «con el ánimo sereno y la conciencia muy tranquila» por la convicción de que «hicimos lo que teníamos que hacer para avanzar en el camino de la paz». «No nos hubiéramos perdonado no haberlo intentado».