La imagen de los jugadores del Leganés arrodillados en el campo durante el primer minuto de juego del partido que disputaron a mediados de diciembre ante el Atlético B ha acabado siendo un resumen perfecto de la situación límite en la que se encuentra la Segunda B, la categoría más débil y expuesta a los rigores de la crisis económica. Un golpe de fortuna -la aparición inesperada de un empresario local que asumió una ampliación de capital por valor de 500.000 euros- solventó los problemas del club pepinero, cuyos jugadores llevaban toda la temporada sin cobrar. Pero no todos han tenido esa suerte. Más bien ha sucedido justo lo contrario. Lo del Leganés ha sido una excepción en una categoría en la que la crisis está golpeando con saña. Los patrocinadores, muchos de ellos firmas del sector de la construcción, huyen en desbandada, a la espera de tiempos mejores. Si a ello se une la falta de rigor en la gestión de muchos de estos clubes, el resultado no puede ser otro que el que es: un paisaje de ruinas y deudas, y el fantasma de la suspensión de la licencia federativa e incluso de la desaparición amenazando a muchos equipos del fútbol de bronce.
Gerardo González Movilla, presidente de la AFE, dibuja un panorama inquietante. Y no es de extrañar porque en el sindicato de futbolistas se amontonan estos días las denuncias por impagos que presentan sus afiliados. «En general, los clubes de Segunda B están sostenidos por los ayuntamientos y las diputaciones y por una empresa de la zona. Tienen presupuestos irreales, pero al final las instituciones acaban tapando la deuda. El problema es que este año las empresas se están yendo del fútbol a causa de la crisis, sobre todo en Andalucía, la Comunidad Valenciana y Canarias, y que los ayuntamientos tampoco están para echar cohetes. Y todo se ha venido abajo. Otros años, los problemas de cobros nos llegaban en febrero o marzo. Éste nos han llegado en octubre. Algunas situaciones son insostenibles», explica.
Los cuatro clubes vizcaínos que militan en Segunda B, Bilbao Athletic, Barakaldo, Sestao y Lemona, resisten el temporal. Dejando a un lado al filial rojiblanco, se puede decir que viven con estrecheces, mirando cada euro, pero llegan a fin de mes y cuentan con unos respaldos que, en la actual situación, pueden considerarse bastante sólidos. Los ayuntamientos respectivos les apoyan, especialmente en el caso del Barakaldo, que es el que cuenta con mayor presupuesto: alrededor de un millón. El Sestao, por su parte, cuenta con el patrocinio de la Acería Compacta de Vizcaya y el Lemona, con el de la empresa cementera del municipio. También el Athletic, del que los tres son clubes convencidos, echa una mano. No puede hablarse de una situación boyante, pero muchos rivales la firmarían con los ojos cerrados.
De mal en peor
La lista de damnificados por la crisis es muy extensa y crece cada día. La situación es agónica en clubes como Granada, Portuense, Eivissa, Vecindario, Lanzarote, Fuerteventura, Linares, San Fernando, Marbella o Ciudad de Santiago. En el mejor de los casos, los futbolistas de estos equipos han cobrado un par de mensualidades desde el pasado mes de agosto. Así las cosas, en las últimas semanas se están viviendo situaciones de gran tensión. Los jugadores del Marbella, por ejemplo, han amenazado con abandonar en masa el equipo en los próximos días. La sentada que hicieron delante del consistorio no sirvió de nada; apenas para arrancar a la alcaldesa un pellizco de 12.000 euros, una minucia comparada con los 280.000 euros que se les adeudan.
En Canarias, la cosa no puede estar peor. En el Vecindario, ocho futbolistas han abandonado la entidad y el resto se ha tenido que rebajar el sueldo un 30%. El club está en manos de Hacienda. La campaña que realizaron los jugadores hace unas semanas, tan imaginativa como desesperada -«Apadrina a un futbolista», se llamó- no dio resultado. La gente no está para apadrinar nada. Sus dos vecinos corren la misma suerte. En el Fuerteventura llevan siete meses sin cobrar y en el Lanzarote, siete jugadores han abandonado el club. Otros, como Dani Mallo, han tenido que enviar a sus familias a la península porque no podían mantenerla.
El relato negro de la Segunda B tiene más páginas. En el Ciudad de Santiago, la deuda es de 350.000 euros. La plantilla ha cobrado dos mensualidades y sólo confía en que el grupo de empresarios que financió al club la pasada temporad -y que en ésta se había desvinculado- vuelva a hacerse con las riendas de la institución. En el caso del Linares, por ejemplo, sólo una inesperada inyección de 250.000 euros permitirá al club levantar la ley concursal y convertirse en sociedad anónima deportiva. Mientras tanto, su plantilla se desangra. En el Racing Club Portuense se han convocado elecciones para el 18 de enero. El próximo presidente se encontrará con una deuda de 1,8 millones y 28 euros en la cuenta corriente.
Algo similar ocurre en el Granada, cuya deuda se desconoce. Eso sí, los jugadores sólo han cobrado una mensualidad y media y el presidente, Paco Sanz, tras presentar su dimisión, ejerce de forma interina a la espera de un sucesor que no llega. Sólo la aparición de un mecenas (que tampoco llega) o la intervención directa del Ayuntamiento, que siempre ha apoyado al viejo club de Los Cármenes -hay que recordar cómo le defendió tras la irrupción de Granada 74 (también en venta, por cierto, después de bajar a Segunda B) -, pueden salvar a este histórico. «En unos días varios clubes se pueden quedar sin licencia federativa. 2009 va a ser un año muy duro», vaticina Gerardo González Movilla.