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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Cultura

entrevista

La ganadora del Nadal «desnuda» su «intimidad» con los desaparecidos Manuel Vázquez Montalbán y Terenci Moix en su novela premiada

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Maruja Torres: «El cielo es la amistad y el recuerdo»
Maruja Torres celebra la obtención del Nadal junto al finalista, Rubén Abella. / EFE
De la calle Aribau de Carmen Laforet al Raval. Maruja Torres (Barcelona, 1943) ha ganado el Premio Nadal con 'Esperadme en el cielo', una novela en la que se va de charla con sus amigos y escritores fallecidos Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán. En sus páginas, «con letra grande que me viene bien», dice, la amistad sobrevuela sobre el cine y la literatura.
-Su novela se llama 'Esperadme en el cielo', ¿cómo imagina ese cielo?
-Para mí el cielo es la amistad y el recuerdo. Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán fueron amigos y maestros. Hace unos años me sentía apoltronada y me puse a recordar. Hice un espiritismo laico. Hablé con mis dos amigos y les pregunté qué tenía que hacer.
-Y la respuesta fue esta novela sobre la amistad.
-Sí. En ella los tres nos disfrazamos, volamos, reconstruimos el Barrio Chino de nuestra infancia, un espacio generacional que está lleno también de referencias literarias y cinéfilas, pero sin pedanterías.
-La obra es una carta de amor a Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán, ¿sus lectores van a poder reconocerles?
-Sí, por supuesto. Son ellos y también son los míos. Ellos eran geniales y múltiples. Está el Terenci de 'El peso de la paja' -sus memorias-, pero también el gran padrino que era con sus ahijados. Montalbán sale directamente del primer Pepe Carvalho, el que iba con pantalones cortos.
-Afirmó al recoger el premio que se lo habían dado «a una comedia». No lo parece conociendo su argumento.
-Los grandes premios, como los Oscar de Hollywood, siempre se los dan a dramones. Pero yo coincido con el director David Trueba en que deberían ser premiadas obras como 'Los viajes de Sullivan', de Preston Sturges, llenas de gags e ironía. Mi novela es así: la vida es dura, es difícil, pero hay que aprovecharla y vivir todas las oportunidades.
-¿Cómo se desarrollan esas charlas que mantienen la protagonista, Terenci y Manuel en el cielo?
-Es un diálogo intenso que he trabajado durante casi cuatro años, es ágil y pretende desnudar nuestra intimidad. La protagonista sube al cielo después de ganar el Premio Príncipe de Asturias y se encuentra que allí están sus amigos.
-El Premio Nadal tiene una tradición de prestigio literario, ¿considera este galardón el cénit de su carrera?
-Es el broche más hermoso. Pienso que a partir de ahora me conformaría con seguir viva y escribir. Fíjate que la primera en ganar este premio fue Carmen Laforet con 'Nada' y que justo este año se cumple el cincuentenario del Nadal a 'Primera memoria', de Ana María Matute.
-Beirut vuelve a aparecer de nuevo en su obra, ¿qué diría la niña que fue si supiera que su destino iba a estar ligado a una ciudad tan lejana?
-No sé qué diría, pero a mí me encanta el Oriente y vivo en Beirut. De hecho había empezado a escribir esta novela cuando estalló la última guerra entre Israel y Líbano en el verano de 2006.
-Una razón para leer su novela y no correr al barrio del Raval...
-Hay dos 'ravales', uno es el de los museos , y otro es el Barrio Chino poblado de mendigos, inmigrantes y putas. Yo me crié en el segundo. Entonces el Barrio Chino estaba lleno de cines apestosos donde, por lo menos, estabas caliente. Yo iría ahora al Raval sin victimismos, ni cursilerías.
-¿Con la actual situación en Oriente Próximo el futuro de su escritura volverá al periodismo y al ensayo?
-No. Lo próximo que voy a contar en formato libro es una apasionada defensa del periodismo como profesión, porque no puede ser que tantos periodistas vayan a la calle después de deslomarse trabajando veinte horas al día.
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