Habían pasado poco más de 16 horas y José Luis Marcos Merino seguía ayer sin dar crédito a lo ocurrido en la Cabalgata de los Reyes Magos en Sestao. 22 heridos atendidos en los hospitales de Cruces y San Eloy por culpa de un «descerebrado» que explotó un petardo en el hocico de uno de los caballos del desfile. El animal, presa del pánico, salió desbocado y arrolló a la multitud que se encontraba a su paso hasta que lograron detenerle tras destrozar el escaparate de un establecimiento abandonado. A juicio del alcalde de la localidad, ante situaciones «surrealistas» como ésta, sólo cabe alegrarse de que el accidentado suceso no acabase en tragedia. «Dentro de lo malo, hemos tenido mucha suerte. ¡Menos mal que todos los heridos han podido pasar la noche de Reyes en sus casas!», subrayaba a EL CORREO.
El mandatario local recordaba la alegría reinante entre las miles de personas que asistían a la cabalgata cuando vieron a sus tres Majestades subirse a las carrozas. De hecho, la lluvia estuvo cerca de suspender el acto. Fue poco después, en torno a las 18.45 horas, cuando un individuo «revientafiestas» hizo estallar el petardo frente al equino.
«Gente de Protección Civil y de la jefatura de la Policía local me explicó que todo había quedado en un susto, así que no quisimos amargar la tarde a nadie y seguimos con todos los actos previstos». Y es que sólo los asistentes más cercanos se habían percatado de lo ocurrido y la felicidad y la excitación por la llegada de los Magos de Oriente era la tónica general. Diez minutos más tarde, no obstante, el regidor conoció que se habían producido heridos, «y montamos un hospital de campaña en los cajeros de la BBK en la Alameda Las Llanas».
Coceados y con rasguños
Muchos espectadores habían sido coceados por el animal y presentaban diversos rasguños. Una doctora de Osakidetza examinó a más de 35 personas, si bien sólo 22 -de ellas, nueve niños- precisaron atención hospitalaria. No obstante, todos fueros dados de alta a primeras horas de la noche del lunes.
José Luis Marcos Merino subrayó ayer el carácter «totalmente imprevisto» de lo sucedido. Y rechazó las acusaciones de varios afectados ante una presunta falta de seguridad. «En ninguna cabalgata que conozco se ponen vallas para evitar que los niños vean las carrozas o puedan coger los caramelos», repetía. Además, una vez visto lo sucedido, aseguraba que «hubiese sido peor el remedio que la enfermedad». «Muchas más personas habrían quedado atrapadas bajo ese cercado debido a la respuesta alocada del caballo», argumentó. Por eso se reafirmó en que las medidas de prevención que se establecieron para el desfile eran las «adecuadas, sobre todo si tenemos en cuenta que oficialmente todavía no había comenzado cuando ocurrió todo».
Exigir responsabilidades
De todos modos, su esfuerzo se centra ahora en atrapar a la persona que explotó el petardo, aunque asume «no es tarea fácil». El alcalde de Sestao explicó que el que mejor pudo ver a esa persona es el jinete, un chaval de doce años. «Aún está muy nervioso y apenas recuerda nada de su descripción física». Algunos testigos han apuntado a un adulto y otros a un menor por lo que, de momento, todas las hipótesis están abiertas. «Estamos intentado reconstruir segundo a segundo lo ocurrido para localizarle y exigirle las responsabilidades que le correspondan por esta actitud tan incívica que a punto estuvo de acabar en tragedia», adelantó.