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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Vizcaya

La noche de la ilusión

Un impresionante espectáculo de luz y sonido encandila a los críos, que aguantaron estoicos la lluvia que amenazó con empañar el desfile

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La magia no está en crisis. La Gran Vía de Bilbao se convirtió ayer en un pequeño mundo de fantasía aislado de la rutina terrenal. Los dioses pusieron a bailar a los elementos para dar el recibimiento que merecen los Reyes Magos. Neptuno llevó el agua, Eolo el aire, Vulcano el fuego e incluso las siete maravillas del mundo se plantaron en el centro de Bilbao para demostrar las grandezas que ofrece la Tierra. La lluvia, que no cesó en todo el recorrido, no amilanó a los miles de espectadores que acudieron a esta tradicional cita con la ilusión y el despliegue enorgulleció a los incondicionales de los Magos de Oriente, a los que no les convencen sucedáneos.
Por ejemplo, Markel Gómez. A sus 5 añitos, tenía ayer unos cuantos reproches para el Olentzero y toda su fe puesta en los Reyes. «El Olentzero sólo me trajo ropa, pero yo quiero el Nanocóptero, la bici-consola y el Scalextric de las carreras», enumeraba de carrerilla. Para los profanos esto suena a swahili, pero los Reyes se han hartado de leer en las últimas semanas éstos y otros muchos nombres que salen por la tele, así que están a la última.
Ayer no era momento de dar explicaciones sobre su carta de Reyes, así que Markel se escabulló para coger sitio en primera fila. Pero su primo Oier, de 7 años, aprovechó para recordar que él también quería el Nanocóptero «y luego el centro de montaje de Ferrari y el estudio para hacer fotos... ¿Tú se lo puedes decir a los Reyes?». Parece que Oier no se fiaba mucho de los carteros reales, así que sus abuelos, Carmen y Nardo, trataban de tranquilizarle. «Los Reyes lo saben todo», le prometieron al chaval. Además, ellos mandaron su propia carta, un poco más modesta. «Hemos pedido que podamos hacer en primavera el viajecito de todos los años».
Los nervios entre los más pequeños, y algunos mayores, estaban a flor de piel. En pleno baile de San Vito, la pequeña Ainixe Hurtado sacaba a relucir las buenas notas que le pusieron en el primer trimestre para reclamar su «vídeo-diario y la consola rosa». Minutos después de las seis de la tarde comenzó el espectáculo. Música, luces, humo y acción: la estrella de Belén anunciaba que la fiesta acababa de empezar. Una lluvia de caramelos, que no cesó hasta casi dos horas después, enardeció aún más al personal, sobre todo al adulto.
«¡Mi preferido!»
Tras la primera carroza, la de la Tierra, un baile de peces de colores puso una sonrisa en los labios a los más pequeños. Neptuno se trajo a Bilbao a sus especies marinas más virtuosas. Tras él, llegó Eolo. Traía en su carroza una enorme ráfaga de viento y sus ninfas sobrevolando la estructura, rodeadas de humo y niebla. El sirimiri de caramelos continuaba y los expertos caza-dulces seguían desplegando todo su arte.
Ni siquiera les distrajeron las enormes bocanadas de fuego con las que jugaban los discípulos de Vulcano delante de la tercera carroza. Diez malabaristas dejaron pasmados y algo asustados a los pequeños, que, desde la primera fila, vieron teñirse de tonos anaranjados todos los edificios de la Gran Vía.
Tras el susto, que sirvió para templar un poco la noche, llegó el momento. Doce bailarinas abrieron paso a la Corte Real. Primero, los carteros, luego los duendecillos mágicos con regalos gigantes para todos y, por fin, las trompetas medievales anunciaron la presencia de Melchor. Comenzó el delirio. «¡Melchor, eres mi preferido!», le aduló Eneko Gil, que a sus 7 años sabe cómo ganarse a Sus Majestades de Oriente. Melchor aprovechó su paseo por Bilbao para reivindicar los juguetes tradicionales. «Haya o no haya crisis, un niño siempre puede convertir una caja en un castillo o en un camión. Ésos son los juguetes que se recuerdan siempre».
«Nada de alcohol»
Después, llegó el oasis oriental de Gaspar. El Rey rubio aprovechó para dar instrucciones, antes de empezar su itinerario por todos los hogares de Vizcaya, sobre el avituallamiento más conveniente que las familias podían dejarles. «Nada de alcohol, porque tenemos que conducir a los camellos. Mejor un refrigerio como limonada o un zumo de naranja. De comer, nada. Bueno, salvo para 'Balta', que es el tragón de los tres y le gusta el turrón de yema tostada. Para los camellos, paja y, por favor, dejad los zapatos limpios y sin calcetines». Los ritmos africanos anunciaron la llegada de Baltasar, el más bailongo, acompañado de jirafas y cebras. El Rey africano tuvo un recuerdo «para los niños que van a pasar esta noche en los hospitales», a los que fueron a visitar a primera hora de la tarde en una espectacular limusina.
A las 19.45 horas, la comitiva llegó al Ayuntamiento y el alcalde saludó a los Magos en la escalinata. Los Reyes salieron a toda prisa al balcón a lanzar su tradicional mensaje a todos los asistentes para tener tiempo de escuchar las peticiones de última hora de los pequeños más remolones. Un montón de sueños que, con suerte, a estas alturas ya se habrán hecho realidad.
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