Después de tocar varios palos -como el ensayo 'Los curas de ETA' o la biografía 'Benedicto XVI, el nuevo Papa'-, ha dado el salto a la novela. Y como siempre, la temática religiosa lleva la voz cantante. No hay más que leer el título: 'Cisma', publicado en ediciones B. Por si hubiera dudas, en la portada puede verse a un pontífice, báculo en mano, pasar por delante de un fraile, inquietante y sin rostro, que está leyendo unos legajos. Una estampa que se queda corta, pues esta novela no sólo recrea la ruptura de un religioso agustino llamado Lutero con la Iglesia de Roma.
«Me centro en el periodo comprendido entre 1521 y 1523, cuando todavía había posibilidades de evitar el cisma. Los tres protagonistas del libro -Carlos V, el papa Adriano VI y Martin Lutero- pudieron conseguirlo, pero las circunstancias les fueron adversas», explica su autor, Jesús Bastante (Madrid, 1976), informador religioso en el diario 'Abc' durante doce años y redactor jefe de Religión Digital en la actualidad.
Con cuatro libros a sus espaldas (los dos últimos son 'Setién. Un pastor entre lobos' y 'El padre Ángel, mensajero de la paz'), dice que se sentía preparado para afrontar una labor de documentación «dolorosísima» que le ha obligado a estudiar la vestimenta, protocolo y retórica de la época, además de un sinfín de crónicas «para ser fiel a la Historia, porque yo buscaba que los diálogos sonaran verdaderos». Entre los descubrimientos que más le han sorprendido, destaca Adriano VI, «un hombre que ya en el siglo XVI tenía una idea de Iglesia abierta a los hombres y al mundo que no se pudo atisbar hasta unos 440 años después, con el Concilio Vaticano II».
Muerte sospechosa
La muerte en circuntancias muy extrañas de este pontífice holandés abortó una reforma que «por supuesto era necesaria». La corrupción en la Santa Sede -la saga Médici campaba por sus respetos-, la venta de indulgencias y el desconocimiento entre los fieles del Nuevo Testamento, que siempre se divulgaba en latín, «no favorecían la transmisión del mensaje cristiano». Y así lo denunciaba Lutero, sin pelos en la lengua, ante las autoridades políticas y religiosas. «En sus inicios, no era ni muchísimo menos un hereje. Se presentaba como un reformador. Sus ideas no escandalizaban a los progresistas. El propio Adriano VI le daba la razón en muchos puntos. Luego, a partir de 1530, ciertamente cambió mucho. Se radicalizó».
-Benedicto XVI le tiene mucho respeto a Lutero.
-Claro que sí. En Alemania, católicos y luteranos están en pie de igualdad y eso le ha marcado. A pesar de haber suscrito la declaración 'Dominus Iesus', donde se afirma que fuera de la Iglesia católica no hay salvación, este Papa cita mucho a Lutero. Está claro que se encuentra rehabilitado moralmente. En un futuro viaje de Benedicto XVI a Alemania, se seguirá en esa línea de reconciliación. Seguro.
-Y mientras, en España la hegemonía católica sigue pesando bastante.
-Queda mucho por hacer a nivel de jerarquía eclesial. Una cosa es pensar que se tiene razón y otra muy distinta ver a los fieles de otras confesiones como creyentes de segunda. Eso es un error. En cuanto al trabajo real, sí que hay buena relación. En el voluntariado de prisiones, tanto protestantes como católicos se coordinan muy bien. Por otra parte, las congregaciones religiosas apuestan por la interconfesionalidad y los colegios concertados se están abriendo a otras realidades.
-¿Y el Gobierno de Zapatero?
-Está impulsando avances importantes. Ahora el debate se centra en la reforma de la Ley de Libertad Religiosa. Yo creo que terminará habiendo una cierta equiparación de todas las confesiones. Eso sí, habrá que ver cómo se articula eso...