Empezó como botones en la compañía de seguros Cap-Arag hace medio siglo, en 1959, con sólo quince años. Y el pasado miércoles, último día de 2008, se jubiló. José Manuel Sainz-Ezquerra nació hace 64 años en Balmaseda y vive en Bilbao. Hoy luce pelo y barba blancos y todo el mundo le conoce como Txema, porque un conocido empezó a llamarle así por error.
En la empresa pasó de aprendiz a oficial, después a jefe de Negociado y por último ascendió a jefe de siniestros, el alma de cualquier aseguradora, cargo que ha ejercido con «ilusión» durante más de 20 años. Por sus manos han pasado miles de accidentes: la compañía gestiona 10.000 siniestros cada año sólo en la zona norte (País Vasco, Cantabria, Burgos, Soria, La Rioja y Navarra) y cuenta con más de un millón de clientes.
Ha visto de todo, desde conductores que reclaman los daños en su vehículo causados por el peatón al que atropellaron y que se debate en el hospital entre la vida y la muerte a otros que se lanzan «a posta» delante de un coche para cobrar la indemnización.
Con 64 años -cumplirá 65 el próximo 1 de septiembre-, se convirtió en el empleado en activo más veterano de la multinacional Arag en España. Entró siendo casi un niño y la empresa le sirvió de escuela. «He aprendido allí todo lo que sé, he estado muy contento, defendía a la compañía tanto como a los míos porque ha sido mi casa», dice mientras se le humedecen los ojos.
Como jefe de siniestros se considera «defensor de los conductores», sobre todo de los profesionales (taxistas, transportistas, camioneros), que con él disponían de «un despacho permanente en el que informarse de sus derechos» ante un golpe, un accidente o una multa... Su compañía no es «pagadora, sino un reaseguro de defensa y compensación», que suele acompañar al contrato 'a todo riesgo' o 'a terceros'. Se enorgullece de conocer al dedillo las pólizas, que contienen un amplio listado de condiciones y que «muy poca gente conoce». También se ha ganado el respeto de los abogados especializados en asuntos de tráfico, al mediar con mano izquierda entre ellos y el cliente.
Uno de los accidentes más «largos y complejos» que se le han presentado ocurrió en Amorebieta, en la autopista Bilbao-Behobia, en 1991, cuando a causa de la niebla chocaron en cadena 25 coches, algunos de los cuales se incendiaron y provocaron la muerte a 17 ocupantes. Varios de sus clientes se vieron implicados, y el pleito se resolvió con «arreglos entre las aseguradoras que se fueron compensando entre sí para indemnizar a las víctimas».
Sin embargo, los casos más graves, con fallecidos, suelen «ser los que mejor se solucionan, porque resultan claros, fáciles de dilucidar». En su puesto, recibía toda la documentación y facturas de cada accidente y se hacía mentalmente «una composición de lugar» de cómo había sucedido, «aunque tú tienes que creer siempre a tu asegurado».
-¿Cómo se va a determinar la responsabilidad y quién tendrá que pagar los daños del accidente múltiple de la A-8, en Abanto, donde colisionaron 54 coches?
-Es muy difícil, hubo una cadena de choques por alcance, se podría considerar como algo fortuito, pero si hay lesiones hay que indemnizar. Quien tenga un seguro de daños propios recuperará el dinero de su propia compañía, pero con una póliza llana y limpia que cubra sólo daños a terceros, los propios corren de su cuenta. Sólo si se demostrara que la granizada había caído diez minutos antes y que no se tomaron medidas habría alguna responsabilidad por parte de la administración competente.
Como padre -tiene dos hijos de 36 y 28 años- aconseja a la pequeña, que acaba de sacarse el carné, que conduzca «a la defensiva» y que «trate siempre de evitar la colisión, tenga o no razón». Él tampoco se ha librado. «En más de 40 años de carné, me han dado dos veces por detrás, he tenido suerte», y por supuesto en ambos casos, apelando al principio de «quien da por detrás paga», abonaron los daños los otros conductores. «La última fue hace 27 años en la calle Sabino Arana. Me pegaron un trallazo por detrás que lanzó el coche a 40 o 50 metros. La avería costó 300.000 pesetas».
-¿Qué opina del 'caso Enaitz', en el que el conductor que le atropelló y mató reclamó los daños que le provocó en su 'Audi'?
-No lo hemos visto bien nunca. Cuando nos han llegado clientes que querían reclamar los daños del faro o de la luna, yo les pedía que pensaran un poco en la familia de esa persona que se estaba muriendo en el hospital. Al asegurado siempre le defendemos, pero también le asesoramos y le advertimos de que los jueces se inclinan por el más débil, que suele ser el peatón.
Ahora dedicará el tiempo a su familia -su madre tiene 91 años- y a su gran afición, subir al monte con su perro labrador 'Zuri'.