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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Sociedad

El monóxido de carbono

También conocida como la sustancia que provoca la temida 'muerte dulce', el monóxido de carbono se cobra cada año 125 vidas en España

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El asesino silencioso
Un muerto cada tres días. Éstas son las víctimas que se cobra el 'asesino silencioso': el monóxido de carbono. Cada año, la inhalación de este gas generado por una deficiente combustión en las calderas o aparatos de calefacción provoca unas 125 muertes en España, mientras que entre 5.000 y 10.000 personas resultan intoxicadas en mayor o menor medida por la misma causa. Los expertos alertan ante el «incremento» de los casos atendidos en los servicios de Urgencias de los hospitales, debido fundamentalmente a la proliferación de las calderas individuales en sustitución de las colectivas. No cumplir con la obligación de revisar las instalaciones como manda la ley puede tener consecuencias letales.
Desde que llegan los primeros fríos, el goteo de víctimas es constante. Sólo la pasada Nochebuena fallecían tres personas y otras cuatro -una familia entera- resultaban intoxicadas. Dos de las víctimas mortales eran una pareja de 23 y 19 años de Málaga, que murieron asfixiados por el monóxido de carbono que desprendía un precario brasero que improvisaron con una lata vacía de pintura y unos rescoldos de carbón. El tercer fallecido era un hombre de 81 años que murió en su casa de Zaragoza por respirar las emanaciones de una batería. Y apenas dos días después, perdía la vida otro joven de 27 años en similares circunstancias. Su novia salvó la vida, pero está grave.
El monóxido de carbono (CO) se genera por la deficiente combustión de cualquiera de los gases de los que se abastecen hoy en día los hogares: propano, natural o butano. En contra de la extendida creencia, ninguna de estas sustancias es venenosa para los seres humanos. Lo que ocurre es que, al acumularse en lugares cerrados, pueden explotar al contacto con una fuente de ignición. Pero si estos mismos gases arden mal, por un drenaje incorrecto o una mala ventilación, generan CO, un gas mortal.
Aunque no hay estadísticas oficiales, más de 125 personas pierden la vida cada año como consecuencia de estos accidentes domésticos y miles resultan envenenadas. El asesino silencioso no hace distinciones. El malogrado Ataúlfo Argenta, pianista y director de orquesta nacido en Castro Urdiales en 1913, falleció hace cincuenta años cuando se encontraba en su coche dentro del garaje. Fue una tragedia nacional. En España, es la segunda causa de muerte por intoxicación, por detrás del abuso de drogas. En Estados Unidos, sin embargo, la inhalación de monóxido de carbono ha desbancado a las sobredosis como motivo más frecuente de fallecimiento por tóxicos.
Pero, al margen de su capacidad letal, el verdadero peligro del monóxido de carbono reside en su capacidad para pasar desapercibido. El CO es inodoro, incoloro e insípido, y no irritante. De hecho, muchos de los afectados fallecen mientras duermen, sin ni siquiera percatarse de lo que está ocurriendo. Es la 'muerte dulce'.
Desapercibido
Los síntomas de la intoxicación comienzan con un malestar tan común como un dolor de cabeza que puede ir acompañado de algún vómito. Si el afectado decide meterse en la cama con la esperanza de recuperarse tras un sueño reparador, lo más seguro es que ya no se levante: el siguiente paso es caer en un profundo sopor y, después, en coma. Cuando son varias personas las que padecen los mismos síntomas y es uno el que queda inconsciente, el resto da la voz de alarma. Muy probablemente, hayan conseguido salvar sus vidas. El tratamiento en estos casos es la administración de oxígeno puro.
Revisar cuando toca la caldera -cada cuatro años- y mantener en óptimas condiciones de mantenimiento y ventilación los aparatos de calefacción son las mejores medidas de prevención. También existen detectores, que disparan una alerta sonora cuando el nivel de CO supera el límite.
Según las últimas estadísticas del Gobierno vasco, la mitad de las familias con calentadores de butano no pasa las revisiones obligatorias. En una de cada diez instalaciones los técnicos hallaron defectos graves, en los que se incluye la combustión peligrosa con altas concentraciones de monóxido de carbono. De los 45 accidentes ocurridos entre 2003 y 2007, 29 se produjeron en aparatos alimentados por bombonas de butano. Las instalaciones de gas canalizado son menos problemáticas; el 60% de las revisadas no presenta defecto alguno si bien un 1,2% adolecía de irregularidades graves.
Las calderas estancas, asimismo, eliminan por completo el riesgo de emanar monóxido de carbono. En Euskadi, el Gobierno vasco y las empresas instaladoras suscribieron en 2003 un acuerdo para impulsar la renovación de los aparatos obsoletos, que concluyó en 2007. De los 11.125 usuarios que se acogieron al plan, casi 9.000 optaron por colocar una instalación de este tipo. Y dentro de un año, en enero de 2010, quedará prohibida la instalación o reposición de las calderas atmosféricas, como los calentadores de butano, que toman el aire para la combustión de los espacios donde están instalados, lo que multiplica las posibilidades de que ocurran graves accidentes.
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