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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Política

ETA atenta contra un símbolo del autogobierno

Vecinos y empleados de los negocios de la zona vivieron escenas de auténtico caos tras ser desalojados en cuestión de minutos antes de la explosión
02.01.09 -

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«El miedo no te lo quita nadie»
Un operario de emergencias acompaña a una vecina lejos de la zona afectada. / EFE
ETA sembró el caos el miércoles en el centro de Bilbao. La amenaza terrorista junto a la sede de EITB obligó a desalojar a cientos de personas, entre vecinos y trabajadores de la zona. Media hora antes de la detonación, la incertidumbre y el pánico se adueñaron de aquéllos que, en pleno día de Nochevieja, se encontraban en las inmediaciones de la sede de la televisión pública vasca. «¿Acaso buscan una masacre?», censuraba una mujer.
Agentes de la Ertzaintza acordonaron rápidamente los aledaños del edificio Bami obligando a desalojar los negocios de todo el barrio y aconsejando por megafonía a los residentes que cerraran las persianas y se alejaran de las ventanas. «No hay derecho, no hay derecho...», repetía una vecina. La barbarie terrorista volvía a azotar a los ciudadanos antes de despedir el año. El atentado dejó tras de sí un herido e importantes daños materiales. No fueron las únicas consecuencias. «El miedo no te lo quita nadie», reconocía Begoña, empleada de un comercio de los alrededores.
A las diez y media de la mañana una docena de personas apuraban su café en el mesón Antxi, situado en la esquina de la calle Luis Briñas, uno de los establecimientos de parada obligatoria los días de partido en San Mamés. Era una mañana como otra cualquiera, cuando agentes de la Policía autónoma irrumpieron en el local al grito de «hay que ir desalojando». «No nos ha dado tiempo a nada. La gente ha dejado las consumiciones y todas sus cosas y ha salido por la puerta corriendo. Ni siquiera hemos podido cerrar la puerta al irnos. Nos hemos llevado un susto tremendo», relataban Sandra Fernández y Víctor Azibeiro, que regentan el bar desde hace dos años. Del «miedo», Sandra, que se encarga de la cocina, se había dejado una cazuela al fuego. «Ni lo pensé. Es la primera vez que vivo algo así», reconocía. En la avenida Sabino Arana, una de las principales arterias de la ciudad, un elevado número de personas se agolpaban tras los cordones de seguridad. Entre ellas, una mujer que desde la acera contraria a la estación de autobuses de Termibus contaba los metros que le separaban de su portal, cuyo acceso estaba restringido. En su mano, varias bolsas repletas de compras. «¿Qué haces ahora? Siempre igual. Esto te trastoca todo el día, y me da lo mismo que sea Nochevieja o cualquier otra fecha, un atentado es un atentado. Ya está bien», criticaba.
«¿Hasta cuándo?»
Mientras multitud de vecinos se agarraban a sus teléfonos móviles para tranquilizar a sus familiares, otros mostraban su más enérgica condena. «Encima, al lado de la estación de autobús, con toda la gente que hay», criticaba Lourdes. A escasa distancia, Begoña Tacón no daba crédito a lo ocurrido. Esta joven se encontraba trabajando en una peluquería de la calle Zunzunegi cuando agentes de la Ertzain-tza desalojaron el negocio. En su interior había entonces cinco clientas, que tuvieron que abandonar el local, algunas con el pelo completamente mojado y otras, como Joana, con la cabeza repleta de mechas. «Aquí, por triste que sea, estas cosas están a la orden del día, pero el miedo te queda dentro y no te lo quita nadie», comentaba Begoña, que tuvo que recurrir a otra peluquería de la calle Pérez Galdós para terminar su trabajo.
El miedo y la incertidumbre se tornaron en impotencia y repulsa tras escucharse la explosión. Algunos, como Txema y Aitor, mantuvieron hasta el último minuto la esperanza de que se tratara de un macabro falso aviso. No fue así. Los terroristas cumplieron con su amenaza. «¿Hasta cuándo? -preguntaban-. No hay derecho».
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