No hubo grandes festejos. El acto central del cincuenta aniversario de la revolución, del día del triunfo, se desarrolló sin un gran despliegue. Fue una discreta ceremonia, «patriótica y revolucionaria», según el diario oficial 'Granma', que arrancó en la medianoche española.
Nadie le esperaba en Santiago y no estuvo Fidel Castro, debido a su estado de salud. Eso sí, el ex líder, covaleciente desde julio de 2006, envió un brevísimo mensaje a sus compatriotas. «Al cumplirse dentro de pocas horas el cincuenta aniversario del triunfo felicito a nuestro pueblo heroico».
Fue su hermano, Raúl, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, quien pronunció las palabras centrales ante unos 3.000 santiagueros. Los fieles se reunieron frente al antiguo Ayuntamiento para recordar la entrada triunfal del Ejército rebelde.
Tras escuchar de nuevo el histórico lema «¡Al fin hemos llegado a Santiago!» actuaron varios artistas locales. A continuación, se proyectó un documental histórico en el punto y final de este aniversario especial que arrancó el 20 de diciembre. En esa jornada se desarrollaron bailes por todo el país y se establecieron puestos de comida y bebida en moneda nacional (se cambia a 24 por 0,80 euros) organizados en todo el país. Las exposiciones y presentaciones de libros, en cambio, resultaron más selectivas.
Los últimos días de 2008, por tanto, estuvieron salpicadas de actos, como las cincuenta salvas de cañón que atronaron sobre La Habana en la medianoche del 31. Asimismo, algunos edificios oficiales y hoteles lucieron un luminoso '50'. También hubo cena familiares y cohetes.
Ánimos apagados
Pero no fue lo habitual. Los ánimos, en esta ocasión, estaban más apagados. La crisis que arrasa al mundo también se nota en Cuba. El presidente adelantó el pasado sábado al cerrar la legislatura que 2009 va a ser todavía más duro.
«La gente está disgustada. Raúl nos dio esperanzas, pero ahora todo está parado», resalta Valentina Fernández, maestra de Primaria, de 47 años. Cuando el hermano del Comandante asumió el poder y habló de la necesidad de hacer «cambios estructurales y de concepto y levantar prohibiciones absurdas» soplaron vientos de esperanza entre la población que confiaba en su fama de hombre organizado y práctico. Pronto llegó el jarro de agua helada. Algunos analistas apuntan a las reticencias de algunos veteranos dirigentes que frenaron los planes antes de que la crisis mundial y los huracanes aparecieran.
Ya no son delitos comprar un DVD, un teléfono móvil, alojarse en un hotel y alquilar un coche. Sin embargo, hay que tener dinero en divisas. Y el máximo dirigente asume que la doble moneda es un problema. «¿Qué país es éste, en el que un médico tiene que ir en autobús o con suerte en bicicleta y un cocinero tiene coche?», se queja Laura Cano, estudiante de arte sin dinero para comprarse un móvil.
Al preguntar los deseos para este aniversario, anunciado con pancartas y fotos de un rejuvenecido Fidel, las respuestas son variopintas: salud, «que los cubanos sigamos manteniendo nuestra identidad», «poder comprarme un coche» o «que resucite Fidel». Para la 'bloguera' Yoani Sánchez, la revolución ya está muerta. «Déjenla descansar en paz y comencemos un nuevo ciclo: más breve, menos altisonante, más libre».
No es la única. En los últimos tiempos ha surgido una corriente crítica dentro de la izquierda que busca lo que llaman el 'verdadero socialismo'. El líder cubano, de 82 años, dijo en una ocasión que revolución era «cambiar lo que tiene que ser cambiado».
Pero ¿cómo variar un país que trabaja poco, la corrupción está a la orden del día y el sueldo medio no alcanza ni para cubrir las necesidades básicas? Médicos, ingenieros, camareros, actores y bailarines piensan que la emigración es la fórmula para salir adelante.
De los 11 millones de habitantes, el 70% sólo ha conocido el castrismo. Unos dos millones han emigrado al exterior, la mayoría buscando un futuro. Una encuesta encubierta realizada por seguidores del Partido Republicano de EE UU afirma que sólo el 10% de la población reclama reformas políticas, mientras que más del 50% quisiera mejorar su vida.