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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

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Aprovechó su debut como director delConcierto de Año Nuevo en Viena para exigir «justicia en Oriente Próximo»

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Barenboim rinde culto a Strauss y a la paz
Barenboim pide calma al público de Viena. / AFP
El maestro argentino-israelí (con pasaporte español) Daniel Barenboim debutó ayer como director del Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena con un estudiado repertorio en el que la orquesta rindió culto a la familia Strauss y abrió el año del 200 centenario del fallecimiento del compositor austríaco Joseph Haydn.
Barenboim, que estableció una tremenda complicidad con el público que abarrotaba el Musikverein de la capital austríaca, encontró el momento para poner sobre el atril su compromiso con la paz entre judíos y palestinos al incluir entre sus deseos para 2009 el de «justicia en Oriente Próximo». «La Filarmónica de Viena y yo les deseamos Feliz Año Nuevo», dijo Barenboim en alemán, después de expresar en inglés su deseo de que 2009 sea un año de paz.
El concierto fue una preciosa joya de artesanía musical sustentada en los tradicionales valses y polcas de Johann Strauss, auténtico rey del vals, de su padre y de su hermano Josef. Al tiempo, Barenboim regaló a la audiencia (es posible que el de Viena sea el concierto de música clásica más seguido del mundo) las oberturas de las operetas 'Una noche en Venecia' y 'El Barón Gitano', también de Johann Strauss, así como el 'Vals español', de Josef Hellmesberger, donde los percusionistas manejaron castañuelas y una pandereta. La orquesta también hizo un guiño al Oriente de Barenboim al escoger para su repertorio de Año Nuevo el vals de Johann Strauss 'Cuentos de hadas de Oriente'.
El maestro se queda solo
Por primera vez en la historia del concierto de Año Nuevo, la Filarmónica de Viena incluyó una obra de Haydn (1732-1809), gran exponente del clasicismo. La orquesta escogió el cuarto movimiento de la simpática 'Sinfonía de los adioses'. En ella, Haydn muestra su sentido del humor y patentiza sus deseos de innovar en la orquesta. Con gran acompañamiento de gestos, Barenboim escenificó la pieza en la que los músicos abandonan, uno a uno, el escenario, para dejarle al final solo junto a dos maestros.
Aunque. al final, también esos dos solitarios músicos dedidieron marcharse, después de recibir del estupefacto maestro un triste saludo de despedida, con el que terminó el programa oficial.
Los espectadores de los 71 países que retransmitieron el concierto de Año Nuevo en directo pudieron regalarse los sentidos, además de con la música, con unas espectaculares imágenes del curso del Danubio. Y también con las danzas de los bailarines de la Ópera de Viena, coreografiadas por Vladimir Malakhov, filmadas en las escaleras y en los amplios y elegantes salones del Palacio de Esterhazy, junto a la frontera con Hungría, donde trabajó Haydn, pupilo de esta familia de mecenas musicales. Así mismo, seis pequeños bailarines (vestidos como angelotes con alas y hadas azules) accedieron hasta la solemne sala de conciertos en una de las piezas.
Como es tradicional, la propina consistió en el vals 'El Danubio Azul', pieza que precedió a la marcha Radetzky, ese momento que el público espera para acompañar a la orquesta con sus palmas. Barenboim sancionó el primer arranque de los espectadores, para entregarse luego a dirigir sus aplausos en una ceremonia delirante.
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