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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 mayo 2012

Sociedad

SE ACABA 2008

Los daneses se lanzarán platos, en Italia comerán lentejas y aquí las uvas. En la Nochevieja de la crisis ningún gesto está de más para invocar la buena fortuna en 2009
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Las personas adoptan actitudes muy diferentes en relación con las despedidas y las bienvenidas. Algunos tratan de evitarlas, otros las prolongan con agonía, en ciertos casos la situación reverdece lo mejor de la experiencia compartida y, en otros, sale a flote lo peor de la naturaleza humana. Así de tristes o de alegres son unas y otras. Hoy cerramos 2008 y damos la bienvenida a 2009, que también tiene sus días contados. A medianoche tomaremos las doce uvas, tal y como dicta la tradición en España. Ésta será la Nochevieja de la crisis y puesto que en vísperas del Año Nuevo florecen los ritos propios de la última noche del año, ningún amuleto está de más para invocar a la buena fortuna. ¿Será usted de los que reciba el año con dinero dentro de los zapatos o coloque un anillo en la copa de cava con la que se hará el brindis (cuidado con tragárselo) para atraer la prosperidad? Habrá quien se rinda a estas prácticas sólo para pasar un buen rato.
La Nochevieja cambia por completo los registros de la Nochebuena: las claves religiosas y familiares desaparecen y la fiesta adquiere dimensiones exclusivamente paganas. En época del Imperio romano ya se invitaba a comer a los amigos y los comensales se intercambiaban miel con dátiles e higos para que pasase el mal sabor de las penas y que el año que empezaba fuese dulce. En Filipinas y en Taiwán soltarán aves y tortugas para atraer la buena suerte. Los japoneses colgarán un ramo de paja a la entrada de sus casas como símbolo de buen augurio y en Escocia cruzarán los dedos para que la primera persona que llame a la puerta después de las doce sea un fornido varón de oscura melena; significará que el nuevo año será próspero. Los italianos no tendrán al son de las campanadas la misma prisa que nosotros con las uvas; ellos se habrán asegurado la buena estrella con un plato de lentejas. Y mientras les hace la digestión, en alguna zona de Latinoamérica habrá quienes saquen sus maletas al portal con la ilusión de que 2009 traiga grandes aventuras.
Este popurrí de supersticiones, mitos y ceremonias dan fe de que la humanidad anhela días de ventura desde el mismo instante en que muere la noche más vieja del año. Pretextos, al fin y al cabo, para justificarnos si nos va mal en el año; ¡me fue de pena porque no me tragué esa última uva! Pepe Rodríguez, autor del libro 'Mitos y ritos de la Navidad', no pone las manos en el fuego por ninguno de todos estos rituales propiciatorios, pero sabe que «una parte importante de la conducta humana enlaza en el pensamiento mágico» y que él será de los pocos que dentro de unas horas no den crédito a nada que escape a la razón.
ESPACIO PARA LA NOSTALGIA
Un plato más en la mesa
El recuerdo de los que ya no están es uno de los principales protagonistas de todas las sociedades que celebran el final del año y, por tanto, también el comienzo de una nueva etapa. Los estonios tienen tan presente en Nochevieja a los muertos que pasan toda la velada en absoluto silencio. De lo contrario, los difuntos podrían enfadarse y desenlazar penurias. Además, en las casas de Estonia se conserva la costumbre de colocar varios cubiertos de más en la mesa y reservar el sitio a los seres queridos fallecidos en los últimos tiempos, que perviven en la memoria de todos los comensales. Lo mismo, pero con pequeñas diferencias, sucede en Polonia. Allí, las familias también honran a sus familiares queridos. Eso sí, a diferencia de los estones, los polacos ahorran espacio en la mesa y sólo ponen un plato de más, como seña de reconciliación. En China se recuerda a todos los difuntos en estas fechas; los que murieron hace poco y los que lo hicieron hace siglos.
CONTRA EL MAL AUGURIO
Remedios artificiales
En China los rituales de la Nochevieja tienen forma de dragón. Por las calles habrá esta noche bailes de dragones, fuegos artificiales y petardos para alejar los malos espíritus. En Cuba alargan la fiesta unos días más. Las doce primeras jornadas del año van a determinar lo que será de 2009. Si a alguien le pasa algo malo mañana significa que no tendrá un buen mes. Si el día 2 se pasa de juerguista, febrero será jovial. Si el 3 llora, indicio de que en marzo habrá llanto. Y así sucesivamente hasta el 12, que ofrecerá el diagnóstico del último mes del año. Por ello, en la Perla del Caribe tratan estos días de disponer de la mejor atmósfera posible, de visitar lugares gratos y a personas agradables, de tener vacaciones en armonía y actividades bien escogidas.
Para comportamientos raros, el de los escoceses, que tienen la costumbre de abrir, en la primera campanada, la puerta trasera de la casa y, en la última, la delantera: todo lo malo que ha entrado sale de inmediato. Últimamente se ha puesto de moda entre los parisienses acudir cargando botellas de 'champagne' ante la Torre Eiffel. Su iluminación rotulará el nuevo año y cuando el reloj marque la medianoche habrá besos y brindis.
LIMPIEZA EXTREMA
Al limón
Empezar el año más aseados que una patena es una costumbre imprescindible para muchos. Mientras los vietnamitas se dan una pechada fregando sus hogares de arriba abajo y sacando brillo a la cubertería de plata, en Japón la tradición consiste en jabonar la casa al limón para complacer a los espíritus y en cambiar las puertas y ventanas de papel de arroz que se han deteriorado a lo largo del año. Al igual que en los hogares nipones, las familias chinas también dedican un espacio particular a los muertos en Nochevieja. Por eso, y en este caso no con ánimo de mejorar la decoración hogareña, el primer día del año los salones de las casas impolutas despiertan repletos de fotos de los familiares que ya no están, como muestra de respeto y orgullo. En Tailandia también usan el cepillo más que de costumbre. Eso sí, al contrario que los japoneses, prefieren emplear su esfuerzo y dedicación a lustrar las estatuas e imágenes de Buda. En Nápoles y Roma limpiar no es lo más importante. Allí se lleva ensuciar las calles arrojando trastos viejos cuando el reloj marca las doce en punto.
CON MUCHO ESTÓMAGO
No sólo uvas
En algunas partes de Suiza, los comensales de la cena de fin de año evitan comer pudin de ciruelas pues, según la tradición local, podría tener como consecuencia la pérdida de un amigo. En Polonia, en cambio, se procura consumir algunas cerezas para endulzar el año que está a punto de comenzar. Dónde las encontrarán en esta época del año es un enigma. En cambio, se sabe de dónde proceden los grandes bogavantes, bugres o 'lobsters' cocidos que se consumirán esta noche en Nueva York acompañados de nata agria: de los cercanos puertos de Maine, sello y orgullo de Nueva Inglaterra. En Noruega nunca faltan unos buenos tragos de Akvavitt o Aquavit, un destilado de patatas, en la noche de San Silvestre para que la digestión del copioso ágape vaya sobre ruedas. Los elementos esenciales en la cena de los chinos tienen, como su cultura, carácter milenario: pescado -símbolo de abundancia-, piñas tropicales -auguran fortuna segura- y los mandarinos enanos, que profetizan un año cargado de oro. En Colombia, el manual dice que hay que lanzar las lentejas al aire para no pasar apuros en el nuevo año, mientras que en Perú hay que comer las uvas bajo la mesa y en Japón se van a desvivir por chuparse los dedos esta noche con los 'toshi-koshi-soba', tallarines que les aseguran una vida larga.
HAY QUE SABER ESTAR
Y romper muchos platos
Destrozar la vajilla no debe de estar mal visto en Dinamarca, por lo menos hoy. Los daneses suelen aprovechar la fecha para demostrar a sus seres queridos cuánto les aprecian, y lo hacen lanzando ante sus casas los platos viejos que han ido acumulando durante el año. El número de buenos amigos que uno tenga será proporcional al montón de platos rotos que encuentre en su puerta. Los tailandeses prefieren ahorrarse disgustos con la porcelana. A ellos les va más lanzarse cubos de agua unos a otros con el deseo de atraer lluvias abundantes para el año siguiente. Suerte que no pasan por allí los voluntarios de la asociación suiza Nariz Roja, quienes podrían llegar a pensar que llevan dos copas de más. Su labor consiste en transporta hasta su casa a cuantos encuentran por las calles en estado de embriaguezpara evitar que cojan el coche. Ni una sola gota de alcohol probarán los ortodoxos más tradicionales de Chipre, que acostumbran a iniciar después de la medianoche cuarenta días de ayuno.
Menos sacrificado será el cambio de año en Austria. Allí bailarán esta noche más de un vals a la luz de la luna.
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