La catedral vieja está a salvo. Cerrada en 1994 por el peligro de derrumbe del lateral derecho, el templo gótico ya no se cae. Después de tantos años de estudios previos, plan director, proyectos pormenorizados, análisis de materiales y obras, los ocho pilares más deteriorados -todos situados en la mitad posterior de la nave central- ya son firmes. Lo asegura el gerente de la fundación Santa Santa María, el arquitecto Juan Ignacio Lasagabaster, impulsor de la ambiciosa rehabilitación desde sus orígenes.
«Las inyecciones de cal en los cimientos han funcionado. Seis meses después de realizarse, se ha comprobado que ya no se generan movimientos. Están reforzados». dice sin ocultar cierta satisfacción. Este éxito no significa, sin embargo, que los muchos males de la 'enferma' están ya resueltos. Queda por delante, mucho trabajo por hacer. Lo importante es, en cualquier caso, que la técnica elegida para consolidar los basamentos ha sido la correcta. En este sentido, Lasagabaster resalta el papel que ha jugado el Laboratorio de Materiales de la Diputación, a cuyo frente está Santiago Tamayo. «Ha realizado los ensayos previos sobre el tipo de materiales que debíamos utilizar y han controlado la calidad de los mismos, la dosificación y el fraguado. Su colaboración ha sido importantísima», resalta.
Red de arcos
¿Habrá que hacer lo mismo en los diez pilares restantes? «Ya se verá», señala Lasagabaster. Y entra en detalles. «En dos de los cuatro pilares del crucero habrá que hacer inyecciones; en los otros dos, aún está sin decidir, lo mismo que en los cuatro de la girola y en los dos de las capillas».
La fragilidad de las columnas ha repercutido, de forma negativa, en los muros laterales de la nave. Por ello, al mismo tiempo que se ha consolidado la cimentación, se han reforzado las paredes desde la misma base. También se encuentran muy avanzados los trabajos de colocación de una red de arcos de piedra que interconectan todos los cimientos, de forma que el peso de la catedral se reparta por igual. Esta obra, realizada por canteros con técnicas totalmente tradicionales, concluirá en marzo. La malla de arcos piedra comunica trece columnas. En las cuatro situadas bajo el coro, se ha optado por construir muros para reforzar los basamentos, al no haber altura suficiente en esta zona parar situar las arcadas.
Los trabajos en la nave central -la zona del presbiterio y girola está aún en excavación- se han centrado también en proteger con capas de cal la roca del subsuelo, que se encontraba degradada. El siguiente paso dará comienzo en breve y consistirá en colocar la estructura sobre la que se apoyará el suelo. Se realizará a base de vigas de madera sobre las que se apoyará un primer forjado de madera y, después, una tarima.
Los responsables de la restauración han apostado por la tabla, en lugar de una plaqueta de mármol como la que antes había, con el fin de «mejorar la acústica, que era muy dura». El suelo será de roble asturiano. «La madera se encuentra ya apilada en almacenes de la Diputación, con el fin de que se adapte a las condiciones climáticas de Vitoria», comenta el gerente de la fundación.
Taller de vidrieras
Mientras los trabajos en la nave central continuarán a lo largo de 2009, el próximo año se acometerá también la rehabilitación exterior de la sacristía, cuya restauración interior ya ha concluido. Además de la mejora de los muros, se sustituirán los burdos cristales por vidrieras. Dado que no existen datos de las originales, se ha encargado el diseño de unas nuevas sobre la base de los cánones barrocos que corresponde a la construcción de este espacio.
Las vidrieras se harán de modo artesanal. Para ello se ha elegido al único vidriero artesano de Vitoria, Mikel Delika. La intención de la fundación Santa María es organizar un taller abierto al público para que la gente vea el proceso de confección.