Apenas 24 horas antes de la Nochebuena, la familia de la última víctima de ETA, Inaxio Uria, quiso reflejar ayer la «profunda oscuridad» en la que la banda terrorista le ha sumido desde que el pasado día 3 dos pistoleros acabaran en Azpeitia con la vida del empresario, consejero de una constructora que trabaja en las obras del Tren de Alta Velocidad (TAV). En una carta pública escrita a corazón abierto, sus allegados muestran su dolor y rabia por el crimen cometido contra «una buena persona» y lanzan contundentes reproches tanto a la organización armada, a la que acusa de hacer «lo mismo» que la «cruel represión fascista», como a la izquierda abertzale, a la que emplaza a «dejar atrás la cobardía» y «condenar este asesinato». Su llamamiento incluye al alcalde de la localidad guipuzcoana, que gobierna ANV, y a los concejales de esa formación.
Los Uria volverán a concentrarse hoy en el lugar del atentado -como hacen todos los miércoles-, a escasos meses del restaurante donde Inaxio solía comer cada día, a medio camino entre las oficinas de la empresa familiar y el caserío Azkune de sus padres, en pleno valle del Urola. Es su manera de rendir tributo y empezar a coser una herida por la que «los días se nos hacen largos y las noches aún más», aseguran en la misiva.
Un documento que han podido elaborar con el tiempo, después de días en los que no han tenido «fuerzas para decir nada». Y sus primeras palabras tres semanas después del crimen han querido ser de agradecimiento. Para las muestras de solidaridad. Unos gestos de aliento que han introducido por una rendija «un rayo de luz en esta profunda oscuridad donde nos han sumido a través de la violencia». «Una parte importante de la luz y de la alegría de nuestra casa -reconocen- provenía de Inaxio y su ausencia dificultará notablemente el camino de cada uno de nosotros». Y así describen al «marido y padre», «un hombre normal, humilde y trabajador», «siempre dispuesto a ayudar», que estaba a punto de cumplir 72 años tras haber trabajado «desde que era un niño» y que junto a sus hermanos sacó adelante la empresa familiar «que hoy es reflejo de todos los esfuerzos y difíciles lances que tuvieron que superar».
«Hipocresía»
Los Uria subrayan, incluso, el perfil político de la última víctima de ETA. «Inaxio amaba a Euskal Herria. Él se sentía vasco y nacionalista y así nos lo manifestaba. Pero, al parecer, eso no le era suficiente para poder vivir en libertad en su tierra», admiten. Conscientes de la sinrazón de todo crimen, acusan a los terroristas de estar sumidos en la «hipocresía». «Los mismos que dicen que están en contra de las imposiciones que sufre Euskal Herria -prosigue la carta-, le han quitado a nuestro marido y padre su derecho a vivir con dos cobardes disparos. ¿Cómo se puede estar en contra de las imposiciones y luego imponer una muerte que no tiene vuelta atrás? ¿No es ésta una clara muestra de hipocresía? ¿Es ésta la Euskal Herria que queremos los vascos?».
El escrito arremete contra quienes dieron la orden de atentar contra el empresario. «ETA, ¿por qué, para qué y en nombre de quién habéis asesinado a Inaxio?¿Es así como vais a liberar a Euskal Herria? ¿Echando piedras contra nuestro propio tejado?». Un motivo éste más que suficiente, en su opinión, para que la banda dé una alegría «a todos los que aman Euskal Herria» y decida «acabar con toda esta violencia». La familia reconoce que se le agolpan las preguntas y que no pueden entender «cuál fue el mal que pudo haber hecho nuestro padre». «¿El haber participado en las obras del TAV? ¿El ser empresario? ¿Ése es el pecado que le ha condenado a morir? ¿Quién decide quiénes son los culpables en nuestro país? ¿Quién ha firmado la sentencia antes de celebrar el juicio?» La respuesta se la dan ellos mismos: «ETA», a la que acusan de tener un comportamiento totalitario. «El pueblo vasco ya ha sufrido con anterioridad la cruel represión fascista y ahora ETA está haciendo lo mismo», sostienen, al tiempo que aseguran que el atentado sólo ha servido para «destrozar una familia y hundir más todavía a este pueblo».
Ante este panorama, los Uria dirigen sus miradas hacia la izquierda abertzale y ANV, que gobierna Azpeitia y no ha condenado el asesinato. Los definen como «otros vascos que no han tenido la valentía» de repudiar el terrorismo y aluden al alcalde Iñaki Errazkin, a quien proclaman que «ha llegado la hora de dejar atrás la cobardía». «Es muy grave -prosiguen- que maten de dos disparos a un hijo de tu pueblo y no seas capaz ni de condenarlo». Por último, instan a quienes no se desligan de la violencia «que no sigan tratando de justificar lo injustificable en nombre de la libertad de nuestro pueblo».