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Vizcaya

20.12.08 -

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Rosa L.A. es una de esos nuevos 'vigilantes' contratados por empresas de la construcción en Trapagaran. La joven confirmó ayer a este periódico que ella y varios familiares se dedican a «cuidar obras» desde hace varios meses. En el momento de la conversación, Rosa había llegado ya a su puesto de trabajo, una caseta de obra, junto a los vestuarios de los obreros, dentro del espacio marcado por las vallas. «En la de arriba estuvimos cuatro meses, ahora allí están mis primos. Aquí llevamos dos meses; nos van llamando...», explica.
-¿Quién les llama?
-A nosotros la UTE de Sestao. A otro, que tiene chavales contratados, aunque él es el que da la cara, la de Ortuella.
«¿Miedo? Para nada»
La mujer, morena de pelo muy largo y delgada, vestida de calle, se refugia en una pequeña cabina gris con una mesa de camping, un taburete y una silla como único mobiliario. Ni calefacción, ni televisión, ni una colchoneta... nada más. Allí está desde que anochece hasta el amanecer, según dice. «De siete a siete, todos los días», puntualiza. El jueves por la noche le acompañaban su marido y un hermano. Cobra 1.500 euros al mes, «más dos pagas, una en Navidad y otra en verano».
-«¿Miedo? No, para nada», contesta casi sin pensarlo.
En el tiempo que lleva de guarda no se ha tenido que enfrentar a ningún ladrón. «Alguna vez ha venido una furgoneta, pero se marchan en el momento». Los carteles que avisan de su presencia deben de tener un efecto disuasorio.
Según cuentan los vecinos del barrio de Galindo, ahuyentan a los ladrones de obras, que antes sustraían chatarra, herramientas y todo lo que tuviera un valor para después revenderlo. «Sabiendo que hay un gitano, se respetan entre ellos», comenta Miguel, un residente.
Algún empresario de los que les pagan se confiesa «contento» con el servicio y asegura que «funciona bien». Los obreros del tajo admiten que en los últimos meses sólo ha faltado de los barracones una estufa, justo esta última semana.
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