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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Política

ETA asesina a un empresario del TAV

Miles de personas se manifiestantras el funeral de Inaxio Uria como protesta por su asesinato

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Inaxio Uria Mendizabal (Azpeitia, 1938-2008) descansa en paz. Sus restos mortales fueron enterrados ayer en el cementerio de su pueblo, en una ceremonia íntima a la que sólo acudieron sus familiares y allegados en cuanto terminó el funeral oficiado en su honor. Mientras la última víctima de ETA recibía sepultura, miles de personas acompañadas por una amplia representación política e institucional clamaron en silencio por el asesinato de Inaxio. En una noche fría, recorrieron las callejuelas de este municipio del valle guipuzcoano del Urola para recordarle como padre, vecino y empresario. Familia, pueblo y trabajo. Tres puntales de la vida de un hombre al que unos pistoleros arrebataron la vida el miércoles pasado cuando iba a echar una partida de cartas. La manifestación tenía un lema claro: «ETA, kanpora».
La familia. Inaxio ha dejado mujer, Manoli Aramendi, ocho hermanos, cinco hijos y más de 30 sobrinos. Dos de sus hermanos, Imanol y José Mari, y una de sus hijas, Jaione, se colocaron a la cabeza de la marcha de protesta contra la banda terrorista, último adiós para un empresario que trabajaba en las obras del Tren de Alta Velocidad y que había dado muchos empleos en la comarca, como han recordado sus trabajadores en estos días de duelo.
Al lado de los familiares se situaron los representantes del PNV, EA y Aralar en la Corporación, partidos que afrontan una semana clave para decidir si se alían con el fin de expulsar de la Alcaldía a ANV, que no condenó el asesinato de su convecino. En esta localidad no hay más fuerzas representadas, tras perder sus concejales PSE y PP. A pesar de aceptar poner la ikurriña del Ayuntamiento a media asta en señal de duelo, ni los concejales de esta formación ni el alcalde, Iñaki Errazkin, aparecieron por la movilización.
El pueblo. Era una noche fría, víspera del día de la Constitución. Parecía que la manifestación iba a ser un tanto desangelada, quizá por el período festivo que se avecinaba. Inaxio y Manoli querían aprovecharlo también para ir unos días de vacaciones a Alicante, un descanso que el hombre tenía previsto comenzar ayer, día en el que fue enterrado. Llovía de forma intermitente.
Antes de las 19.30 horas, inicio del funeral oficiado por el obispo Uriarte, el pueblo intentaba afrontar el duelo con normalidad, aunque sorprendía el alto número de comercios y bares abiertos en una fecha de luto. Poco a poco fueron llegando personas a la explanada de la iglesia de San Sebastián de Soreasu, que sí estaba abarrotada. Al acabar el oficio religioso, una hora después, el grupo que se daba cita en las calles dio inicio a la manifestación, ya con más cuerpo. Con el lema «ETA kanpora», cruzó el puente del río Urola, bordeó el municipio y regresó al centro por las calles de la parte vieja. El recorrido fue realizado en silencio, sólo interrumpido por el ruido de las aguas bravas del Urola y las campanas de las numerosas iglesias que hay en esta tierra de San Ignacio de Loyola.
La empresa. Los allegados de Uria que portaban la pancarta, en cuyos gestos aún se percibía el dolor por el asesinato, fueron arropados por políticos, empresarios y vecinos en esta localidad de 14.000 habitantes. La delegación institucional y de partidos fue especialmente numerosa y plural: dos ministras del Gabinete de Zapatero, junto al lehendakari Juan José Ibarretxe, la cúpula del Gobierno vasco y las ejecutivas vascas del PNV, PSE, PP, EA, EB y Aralar. Ayer todos estaban juntos por Uria, pese a que los dos últimos partidos cuestionen el proyecto del Tren de Alta Velocidad y que algún partido no comulgara del todo con la homilía del obispo Uriarte.
«ETA kanpora»
La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, acudió como representante del Gabinete de Zapatero y garante -con el Ejecutivo vasco- de la construcción del TAV a su paso por Euskadi, tajo en el que trabajaba Uria. Junto a ella la titular de Investigación, Cristina Garmendia, y la secretaria de Organización, Leire Pajín. El máximo dirigente del PNV, Iñigo Urkullu, acompañado por su antecesor, Josu Jon Imaz.
La delegación del PP, encabezada por su portavoz en el Congreso, Soraya Saénz de Santamaría y su presidente en el País Vasco, Antonio Basagoiti, se repartieron por el cuerpo de la manifestación, entre los socialistas liderados por Patxi López en Euskadi y los consejeros de Justicia, Joseba Azkarraga, y de Vivienda, Javier Madrazo. La viuda de Isaías Carrasco, Marian Romero, y su hija Sandra acudieron al funeral y la marcha en solidaridad con la familia de Uria. Entre los empresarios, participaron los representantes de Confebask y Adegi, Miguel Lazpiur y Eduardo Zubiaurre.
El silencio calló en la plaza del pueblo, frente al Ayuntamiento que todavía gobierna ANV y una ikurriña a media asta. En un breve, pero conciso texto leído en euskera y castellano por el periodista Pedro García Larragán, los manifestantes exigieron «alto y claro ETA kanpora» y se solidarizaron con los empresarios, a quienes agradecieron su «trabajo y tesón». Las muestras de condolencia a los Uria dieron paso al aplauso más sentido. La plaza de Azpeitia no estaba llena, pero la ovación se escuchaba desde las callejuelas cercanas.
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