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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 11 febrero 2012

Política

ETA asesina a un empresario del TAV

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En la homilía más dura contra ETA que se recuerda, el obispo Juan Mari Uriarte acusó ayer en Azpeitia a la banda armada de haber abatido a un hombre «como una pieza de caza». De esta forma tan gráfica se refirió al asesinato del constructor Inaxio Uria Mendizabal, «un creyente bueno». El prelado de San Sebastián no ahorró calificativos y añadió que un hijo de Dios ha sido tiroteado «como un criminal». Y tocó en la línea de flotación del discurso de la organización terrorista: «¿Es éste el camino para la liberación que ETA propone? ¿Qué liberación?» Tras «sintonizar» con la «pesadilla» que sufren los empresarios y solidarizarse con la familia Uria, el religioso lanzó un canto a la unidad de los demócratas y a la esperanza, porque la paz «siempre conlleva una cruz y merece dar la vida por ella».
Uriarte presidió los funerales por el empresario Inaxio Uria, asesinado a tiros por dos pistoleros de ETA el pasado miércoles en Azpeitia cuando se dirigía a jugar a las cartas con sus amigos. La empresa Altuna y Uria, de la que era consejero, participa en las obras de construcción del Tren de Alta Velocidad del País Vasco. La misa fue oficiada por una treintena de sacerdotes, entre los que se incluían dos vicarios generales y miembros de las órdenes franciscana y jesuita.
Devoto reconocido de Ignacio de Loyola, sus restos fueron trasladados en un coche fúnebre escoltado por ertzainas a pie, pasadas las siete de la tarde, desde el tanatorio de Azpeitia hasta la parroquia San Sebastián de Soreasu, donde se celebraron las exequias. Otros cinco vehículos de la funeraria llevaron las decenas de coronas enviadas por distintas instituciones, empresas relacionadas con el sector de la construcción, una asociación de víctimas, e incluso una que rezaba 'Tus amigos de Alicante no te olvidan'. Detrás, en otro automóvil, viajaba su viuda, Manoli, mientras que sus hijos, hermanos y demás familiares cerraban la comitiva a pie. Sus rostros dibujaban el dolor de los peores días de sus vidas, a pesar de la entereza que mostraron.
Interior a rebosar
Los aledaños de la iglesia ya acogían a numerosos conocidos que quisieron arropar a la familia y tributar el último adiós a su vecino. Para entonces, el interior se encontraba a rebosar, con las primeras filas abarrotadas por destacados dirigentes políticos, así como significativos empresarios. Las campanas rompieron un silencio sepulcral y anunciaron el comienzo de la Eucaristía.
En ella, Juan Mari Uriarte no dio rodeos para describir el asesinato de ETA. «Un hombre ha sido abatido como una pieza de caza. Un hijo de Dios ha sido tiroteado como un criminal. Una familia ha sido sumida en un mar de dolor. Un empresario que brinda trabajo ha sido eliminado violentamente». El obispo alertó de que un proyecto «avalado democráticamente» quiere ser «neutralizado por la fuerza y la sangre derramada». A su juicio, los terroristas pretenden atenazar «bajo el miedo a los empresarios y trabajadores vascos. ¿Qué consiguen, construir el pueblo o destruirlo?» se cuestionó. «¿Es ésto respetar la decisión de la mayoría? El desacuerdo es legítimo; la violencia, jamás», zanjó.
El obispo recordó la condición de «industrial fino» de Inaxio e hizo un alegato en favor de los empresarios -uno de los colectivos más castigados por ETA-, a los que se refirió para asegurarles que «sintonizamos con la pesadilla que muchos sufrís en vuestra carne y en la de vuestra familia». Ante esta situación, emplazó a los responsables políticos a unirse «en busca de la paz». «Cabemos todos en este pueblo, salvo aquellos que se autoexcluyan por su palabra o su conducta», sostuvo.
Tras reiterar que la banda armada ha dado un «tremendo golpe» a la sociedad, recalcó que la esperanza es «la respiración del pueblo». «¿Qué puedo hacer? Proseguir y colaborar sin desesperar en toda iniciativa que conduzca verdaderamente a la paz posible», dijo. «En nombre de la libertad, ETA nos trae el horror». «En lugar de salvadores son destructores», apostilló. «Es éste el camino para la liberación que ETA promete? ¿Qué liberación?», se interrogó.
Antes de acabar, tuvo palabras reconfortantes para la familia Uria y pronunció un mensaje de esperanza. «La paz siempre conlleva una cruz y merece dar la vida por ella», proclamó. A la salida, una salva de aplausos despidió el féretro en un ambiente de rabiosa incomprensión por el atentado.
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