Anoche, tras el nuevo fracaso sufrido por el intento de fusión de las cajas -ya van tres-, abundaban las incertidumbres, aunque en medio de las dudas hay un elemento sobre el que sí existe certeza: la decisión de la caja guipuzcoana de aceptar el voto secreto en la asamblea celebrada ayer en San Sebastián ha sido la clave del fiasco.
Cuando el PSE solicitó que el sufragio fuera confidencial, en las cajas se generó un debate sobre la oportunidad o no de acceder a esa petición. Finalmente, el presidente de la Kutxa, Xabier Iturbe, dio el sí a las pretensiones socialistas tras consultar a sus servicios jurídicos. ¿Por qué? Oficialmente, para evitar un posterior recurso ante los tribunales, pero muchas voces coinciden en que lo hizo en la creencia de que así podía facilitar la fuga de votos a favor de su proyecto. Al final, ha sido todo lo contrario.
El propio Xabier de Irala temía que pudiera ocurrir. De hecho, el presidente de la BBK no compartía la decisión de su socio. Si de él hubiera dependido, no habría aceptado el sufragio secreto «porque, al parecer, no había ninguna obligación para ello», admiten los medios consultados. Y añaden que al que iba a ser presidente de la fallida Kutxa «no le encajaba lo que estaba ocurriendo».
Lo cierto es que Irala no era el único que pensaba de esa forma. Numerosos consejeros generales -tanto de la BBK como de la Kutxa- albergaban serias dudas y opinaban que convertir el cónclave guipuzcoano en secreto podía propiciar un resultado del que luego arrepentirse.
Ahora, la realidad demuestra que efectivamente ha sido así. Si la Kutxa hubiera actuado de otra forma, el panorama podría ser totalmente distinto. «El voto público habría ayudado a que los miembros de la asamblea se 'retratasen' y , casi con toda seguridad, se habrían evitado las fugas de votos que se han dado», explicaba a este periódico un miembro de la asamblea de la Bilbao Bizkaia Kutxa. Abundando en esta idea, un destacado dirigente socialista admitió que su petición de mantener el anonimato pretendía, «precisamente, lograr lo que ha ocurrido».
En suma, dar luz verde a la petición del PSE será una decisión que le va a pesar durante mucho tiempo a Iturbe. Tenía 66 votos asegurados de haber sido éstos públicos, y sólo estaba a falta de uno que, según él mismo subrayaba en círculos privados, estaba también garantizado. Al final, la positiva situación de partida se le ha dado la vuelta.