Cientos de vizcaínos sienten miedo cuando llueve a cántaros, como ayer. Los ríos se vuelven entonces una amenaza capaz de arrasar carreteras, viviendas, garajes, txokos, trasteros y cosechas. En Vizcaya, hay zonas especialmente sensibles a los aguaceros. Son las cuencas del Nervión, el Gobela y el Ibaizabal, cuyos habitantes esperan desde hace años unas obras de encauzamiento que no acaban de arrancar.
En la Margen Derecha, el recuerdo de las inundaciones de junio provoca en los residentes de las zonas inundables noches de insomnio cada vez que se produce una alerta por lluvias. «Es terrible convivir con la amenaza de inundaciones. Padezco un cuadro ansioso. Vives mirando el cielo, pendiente del tiempo, de las mareas. Esta noche tampoco hemos dormido. Hemos estado danzando todo el rato de aquí para allá», suspiraba ayer Marta Uriarte.
Ante la crecida de un río Gobela a punto de desbordarse de nuevo, esta getxotarra colocó ayer mismo los muebles de su vivienda: un bajo del barrio de Los Puentes que se le inundó en junio. Desde entonces ha sufrido una tortura fuera de su hogar, porque el agua destrozó su piso. Por la mañana oteaba el cielo encapotado con la esperanza de que todo acabase en un susto.
Aunque sabe que ni siquiera el plan de encauzamiento del río le librará de las pesadillas, porque los bajos de Los Puentes seguirán corriendo riesgo. Encima, no le cuadran ni las cuentas. «El Consorcio de Seguros me ha dado 44.000 euros y la obra y los muebles ya sobrepasan los 55.000», protesta. Mil euros le han 'volado' sólo en los deshumificadores con los que quería secar cuanto antes su casa para arrancar las obras de reforma.
A José Ignacio Uribarri se le anegaron ayer también unos 500 metros cuadrados de terreno. Gestionar su negocio de Viveros Fadura se ha vuelto un calvario en los últimos meses. «Desde junio ya se me ha inundado cinco veces. En esta ocasión ha sido de segundo grado, porque el agua ha alcanzado 20 centímetros en una zona que no puedo reponer desde la crecida de junio». Su enfado era monumental: «A veces es bueno que se inunden zonas para ver si alguno se agarra de los huevos, porque no se acuerdan ni de limpiar los cauces. ¡Están hechos una mierda! Han construido donde han querido y ahora pasa lo que nunca». Y es que el hastío afecta a algunos de tal forma que ni siquiera llegan a reparar a fondo sus viviendas, por estar condenados a que les vuelva a ocurrir lo mismo.
Luis Hernández cuenta lo acaecido en el barrio getxotarra de Neguri Langile de una forma muy gráfica. «La foto que te puedo hacer es que la gente va disparada a sacar sus coches de los garajes, a quitar sus enseres de los trasteros y hasta a retirar las alfombras con miedo a que se les inunde la casa, como ha hecho un señor mayor. El gato escaldado huye hasta del agua fría».
Hernández, en un alarde de creatividad, ha elaborado la página web encauzarelgobela.com, una ventana al mundo de los afectados por las inundaciones en Getxo, quienes aguardan con esperanza al inicio de las obras en 2009. «Claro que hasta el 2012 en que terminen estaremos igual, pero hay que darse cuenta cómo puede vivir una persona en esta situación», argumentaba. Entre los damnificados de Getxo se ha creado una red de alarma y solidaridad. Se comunican entre ellos a través de correos electrónicos ante las crecidas y algunos hasta se envían mensajes por el teléfono móvil. «Alerta, río» es la consigna.
Alejar los coches
Pendientes de sus ríos viven también en la comarca Nervión-Ibaizabal. Cada vez que llueve con abundancia los vecinos que habitan cerca de los cauces se inquietan. Especialmente en Basauri, Etxebarri y Galdakao, donde el agua se desborda con facilidad. Pasa tantas veces que ya no sorprende, pero sigue ocasionando graves perjuicios. «Llevan años prometiendo que van a mejorar el cauce, pero nosotros seguimos teniendo que cruzar los dedos con cada tromba de agua para que no pase nada», denuncian. Las obras, previsiblemente, comenzarán en Etxebari en 2009.
En Basauri, la zona de Ariz es la más afectada. Allí el Nervión anega la parte baja del barrio con frecuencia. Los vecinos son previsores y en jornadas como la de ayer, en la que el río se quedó a un metro de desbordarse, no dejan aparcados coches cerca. «Cada año ocurre al menos una vez, así que estamos acostumbrados», se resignaba Óscar García. Fontanero de profesión, una pequeña lonja junto al río le sirve de almacén. Después de comer, inspeccionaba el nivel del agua por si tenía que sacar algunas herramientas.
Cerca, Almerinda Díaz regenta un bar en el que el nivel del río «es el tema de conversación de todos en días como hoy». En junio, el agua se salió y dejó sin luz a toda la manzana durante cinco horas. «Mandamos una reclamación a Iberdrola porque, en nuestro caso, supone una gran pérdida. Nos han dicho que lo sienten pero que no nos van a pagar nada», se quejaba.
En Galdakao, el Ibaizabal 'moja' cuando crece las empresas encajonadas entre su ribera y la N-634. También el barrio de Zuazo, donde ayer casi se sale por la calle en la que se ubican chalets. «Hace tres años colocaron una pasarela peatonal sobre el río, que tapona el cauce si 'sube' mucho. Como haya problemas en el barrio no tendremos ningún acceso que permita la entrada de bomberos o ambulancias», advertía José Ignacio Bernaola, vecino de la zona. Aún así, viven relativamente tranquilos. «El agua no llega a las casas, sólo en casos excepcionales, pero tenemos que estar atentos para alejar los coches». «El encauzamiento nos vendrá bien a todos», añadía Jesús Román. Él toma como referencia «los ojos de los puentes que se ven desde casa» para controlar la situación y evaluar el peligro.
En Etxebarri, la localidad por donde empezarán las obras de mejora del cauce, al río le faltó metro y medio para desbordarse pero vecinos del entorno del puente de Sabino Arana sacaban sus vehículos fuera de las lonjas por si acaso. «Cada vez que llueve nadie tiene que avisar a los dueños porque están más que acostumbrados», lamentaba una vecina.