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Vizcaya

Atraco en Bilbao

Dos chicas y un joven asaltan al dueño de una joyería de Santutxu, que sufrió otro robo el año pasado

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«Ya no aguanto más, me jubilo»
Efectivos policiales toman huellas dactilares del escaparate en la joyería atracada ayer en Bilbao. / LUIS CALABOR
Cuando alguien piensa en un atraco a una joyería fantasea con una historia de ladrones de guante blanco que irrumpen en emporios del lujo, verdaderos templos de lo exclusivo sólo accesibles a unos pocos privilegiados. Pero la realidad es otra, porque son los establecimientos más modestos, los locales de barrio, los que más sufren el azote de delincuentes que, además, suelen actuar con más improvisación que profesionalidad. Ayer tuvo lugar uno de estos robos en Bilbao. Dos chicas y un joven entraron en un local de Santutxu, donde venden relojes y piezas de oro, y se llevaron objetos cuyo valor, a falta de estimaciones más precisas, podría alcanzar los 10.000 euros. La Ertzaintza ha iniciado una investigación para dar con los autores.
Los ladrones llegaron al comercio sobre las 11.00 horas y se interesaron por algunas piezas expuestas en el escaparate. Mientras el joyero respondía a sus preguntas y mostraba el material a las dos mujeres, el varón se acercó por detrás y le puso un objeto punzante en la espalda, seguramente un punzón, según ha podido saber este periódico de fuentes de toda solvencia.
El responsable del negocio, un hombre de 64 años que lleva «toda la vida, desde chaval», trabajando en el gremio, se vio de repente a merced de tres malhechores, indefenso y prisionero en su propia tienda, un local de reducidas dimensiones y sin grandes alardes decorativos. Así que hizo caso de ese sentido común que aflora cuando la posibilidad de morir deja de ser algo remoto y cobra una amarga consistencia. «Les dije que se llevaran lo que quisieran y se fueron corriendo calle arriba... todo fue muy rápido», comentó el dueño, que, aún muy nervioso, prefirió no hacer más declaraciones sobre el incidente, el segundo que sufre en poco más de un año.
La Ertzaintza detuvo en el verano de 2007 a un hombre -ahora ya fallecido- por robar de madrugada en la joyería. El ladrón se cortó con los cristales del escaparate y dejó un reguero de sangre que llevó a los agentes hasta su casa, ubicada a unos 100 metros del lugar de los hechos. Allí mismo fue arrestado y devolvió todas las piezas que acababa de sustraer. Según detallaron algunos vecinos del barrio, que ayer se arremolinaban junto a la tienda, era adicto a los estupefacientes y un viejo conocido de las fuerzas policiales.
Objetos ostentosos
Al menos en aquella ocasión el encargado de la tienda no tuvo que pasar el mal trago de toparse cara a cara con el asaltante. Una suerte que ayer no le acompañó y que le hizo cuestionarse su continuidad al frente del negocio. «Nos sentimos desprotegidos. Y yo ya no aguanto más, me jubilo», manifestó apesadumbrado mientras miraba el escaparate revuelto, donde faltaban los objetos de oro más ostentosos e incluso una cadena, de escaso valor, que los asaltantes decidieron incluir en el botín pensando que era maciza.
Cerca de allí, en otra joyería, un colega coincidía en afirmar que estos sustos «están a la orden del día». «A mí me han robado un par de veces. Así son las cosas. Además, siempre ocurren a rachas», comentaba chapado con baño de estoicismo.
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