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Miranda

La edad media de quienes reciben tratamiento por este tipo de problemas es cada vez menor, y se inicia entre los 20 y 28 años
16.11.08 -

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Aremi triplica el número de mirandeses en terapias de grupo en menos de dos décadas
El número de enfermos alcohólicos se mantiene en la ciudad pero cada vez más jóvenes acuden a terapias con politoxicomanías. / AVELINO GÓMEZ
El mal uso de una droga legal como es el alcohol puede destrozar la vida de cualquiera y, sin embargo, la sociedad da la espalda a este gran problema. Miranda también parece ajena pero los números no mienten. Más de 2.000 personas han recibido ya tratamiento en Aremi desde su fundación y los datos disponibles hace creer que cerca del 10% de los mirandeses tiene problemas relacionados con el alcohol en distintos grados.
La situación cada vez es peor. El enfermo alcohólico que acude en busca de ayuda es politoxicómano y empieza a recibir tratamiento desde muy joven, con edades comprendidas habitualmente entre los 20 y 28 años. «El alcohólico puro ya no existe, salvo en gente mayor. En realidad el alcohol se está convirtiendo en la plataforma de entrada a otro tipo de drogodependencias y de ahí la importancia de erradicar esta situación», explica el presidente de Aremi, Rafael Sánchez.
Aunque la problemática del alcohol es, en sí misma, igual que años atrás, lo cierto es que desde Aremi se asegura que, como asociación, se ha ido creciendo año tras año. Uno de los reflejos más fieles para realizar esta afirmación es el número de mirandeses que hay en los grupos de terapia, que suponen casi el doble que hace dos décadas.
«Cuando yo empecé en la asociación recuerdo que a las terapias iban diez, como mucho doce personas pero ahora los grupos tienen incluso más de 30. Esto es muy significativo y debería dar mucho sobre lo que pensar», lamenta.
No es de extrañar. La mitad de la población consume alcohol de manera habitual, especialmente los hombres, y los fines de semana estas cifras se disparan. Pero el hecho de que socialmente esté bien visto y hasta aceptado hace más complicado luchar contra esta droga.
«El consumo de alcohol es una costumbre y un modo de relacionarse en nuestra cultura, lo que hace que exista mucha permisividad y una enorme tolerancia social, pero la problemática está muy acentuada y la gente no es consciente de ella ni de sus consecuencias. Nos estamos equivocando. Ya es hora de sacar la cabeza de debajo del ala e informarse porque el alcohol es una droga», admite Sánchez.
Como siempre, uno de los motivos para no concienciarse al respecto es la creencia de que «esto no me va a pasar a mí, yo controlo» aunque en realidad le puede pasar a cualquiera. Aunque una borrachera aislada no tiene por qué tener importancia, cuando se repite o no se puede prescindir del consumo de alcohol llegan los problemas. «Un padre debe preocuparse siempre si ve que su hijo llega borracho a casa, pero si se repite otro fin de semana debe tomar medidas», dice.
Cuando existe un problema con el alcohol el afectado nunca lo reconoce. Por lo general es un familiar directo el que le debe forzarle a recibir una terapia. «Nadie viene por voluntad propia sino obligados por las circunstancias, bien sea la familia, la salud o el trabajo. Normalmente el apretón de la familia o el chantaje emocional es lo más efectivo», recuerda.
Afortunadamente superar esta enfermedad es posible, aunque implique mucho esfuerzo «pero más complicado es convivir con ella. Lo importante es que la gente sepa que no es algo imposible y que el resultado de superarla es maravilloso y muy gratificante».
Prevención sobre todo
La mejor forma de combatir el alcoholismo es la prevención y la información porque «poner parches temporales no sirve de nada. La verdadera educación pasa por la información y como estos temas no interesan ni al público ni a los políticos ni se tocan. Hay que ponerse las pilas». Y es que, a pesar de que cada vez hay más recursos para salir del alcohol «no hay preventivos reales».
Este tema, sin embargo, se trata de forma muy especial en dos centros escolares de la ciudad: el Instituto Técnico Industrial de Miranda y el Fray Pedro de Urbina, con los que la asociación Aremi colabora estrechamente.
«Hay que informar sobre todo tipo de drogas y estas charlas son buenas porque los chavales hacen preguntas muy serias. La juventud posiblemente no vaya por sí mismo a una conferencia de este tipo, pero una vez acuden tienen mucho respeto e interés», explica.
De ahí que solicite a padres y educadores «que se informen mucho más al respecto» y anima a otros centros educativos a dar información sobre el mundo del alcoholismo. Prevenir es curar.
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