El cine sustituyó ayer a las matemáticas, al dibujo y a las ciencias. Colegios e ikastolas sufrieron las consecuencias de la huelga, que se tradujo en numerosos huecos en las aulas vizcaínas. Faltaron profesores y también algunos alumnos se quedaron en casa. No todos. Ajeno a las reivindicaciones salariales de sus maestros, Unai entraba en el colegio San José, de Basauri, pasadas las 8.30 horas. «No sé si cada 'profe' tendrá que coger a 20 o a 40 niños, pero está claro que un día normal no va a ser», auguraba su padre, Ángel. A él y a otras familias sólo les garantizaron que funcionaría con normalidad el comedor. Minutos después, desde la dirección del centro evaluaban el impacto de la huelga. «El 50% del profesorado ha venido a trabajar, va a ser como una jornada habitual», aseguraba el director, Jon Elgoibar.
No lo fue, porque muchos de los 400 estudiantes del centro basauritarra no fueron a clase. «En el aula de mi nieta han venido seis críos y normalmente son dieciocho», relataba a la salida Juana Maguregui, que calculaba que, «por los padres que faltan, la mitad de chavales no habrá venido».
A las puertas del colegio San José, seguramente como en otros, la huelga era el tema de conversación recurrente en los corrillos de padres. «Hay que ser solidarios, por un día no pasa nada. Mi hija ha venido a clase por la mañana pero a la tarde no la voy a traer. Para estar aquí sin hacer nada se queda en casa», comentaba Ana Fernández a mediodía tras saber que los de Primaria habían tenido clase pero «los pequeños no».
La estampa era similar en el colegio Berriotxoa de Bilbao, donde estudian más de 1.500 jóvenes. Aquí la guardería no pudo abrir, ya que todos los docentes de Educación Infantil hicieron huelga. «Uno de mis hijos estudia Primaria y se queda, pero al otro nos lo tenemos que llevar a casa porque no hay profesores en la 'guarde'», explicaba Javi Vidaurreta. Igual que él, Luis dejaba a una de sus hijas en el centro poco antes de las diez y corría «para llevar a la más pequeña con los abuelos». A mediodía, Kevin Cañas, de 7 años, salía de clase enumerando las ausencias de la mañana. «Ha faltado la de matemáticas, la de música...». «¿Y qué habéis hecho esas horas?», le preguntaba su padre, Fernando. «Ver dos películas porque al patio no podíamos bajar, estaba lloviendo», explicaba el chaval.