Eusko Alkartasuna ha optado por el riesgo. La formación liderada por Unai Ziarreta venía mostrando en las últimas semanas claras señales de desapego hacia el PNV, que finalmente han cristalizado, antes de lo esperado, en la decisión que tanto en las filas de EA como en las jeltzales muchos daban por hecha. El partido fundado por Carlos Garaikoetxea concurrirá en solitario a las elecciones de marzo, tras desestimar ayer definitivamente la oferta de alianza que la formación de Iñigo Urkullu había puesto encima de la mesa y dar luz verde a su propio proceso de designación de candidato a lehendakari, que será, con toda probabilidad, el propio Ziarreta.
La primera aventura de EA sin el PNV en unos comicios al Parlamento vasco desde 1998 acabó de forjarse ayer en la reunión que su ejecutiva nacional mantuvo en Vitoria. Aunque la propia EA se fijaba como fecha límite para deshojar la margarita una próxima asamblea del partido a mediados o finales de este mes e incluso el PNV contaba con cierta dilación en los plazos -las coaliciones pueden inscribirse en el registro hasta principios de enero-, la formación socialdemócrata decidió acabar ya con la incertidumbre y las especulaciones ante la constatación de que no lograría dar la vuelta al mayoritario rechazo de las bases a la alianza.
La sorpresa fue sólo relativa para el PNV, más por la celeridad con que EA ha dado carpetazo al asunto que por el rechazo a su propuesta, que era esperado. De hecho, en la única reunión que los dos partidos han mantenido para contrastar posiciones EA insistió en el 'para qué' de la alianza y exigió garantías políticas mientras el PNV se limitó a dejar la pelota en el tejado de su interlocutor. Según fuentes oficiales peneuvistas, el partido conoció la decisión «por la nota de prensa» enviada a los medios bien entrada la tarde. Se espera que Urkullu haga hoy una primera valoración.
Según confirmaron a este periódico medios próximos a la dirección de EA, la ejecutiva tomó la decisión «por asentimiento» -sin votación- y tras una exposición de su presidente, Unai Ziarreta, que no provocó un debate especialmente arduo más allá de las posiciones conocidas del sector crítico guipuzcoano a favor de una entente estratégica con los jeltzales, entre otras cosas porque todas las cartas estaban ya boca arriba a estas alturas. Justo la víspera, el pasado domingo, el secretario de Política Institucional de EA, Rafael Larreina, había advertido de que su partido estaría «enfrente» del PNV ante la «negación» del derecho a decidir que, a su juicio, representa la línea política impuesta por Urkullu y había ratificado su apuesta sin ambages por el soberanismo frente al «autonomismo» del líder del EBB, a quien acusó de «desnaturalizar» el trabajo del lehendakari al frente del tripartito durante los últimos cuatro años con su iniciativa de forjar un pacto con el Estado que traslade a lo político la filosofía del Concierto Económico.
De hecho, la candidatura de Juan José Ibarretxe -cabeza de cartel de la coalición en 2001 y 2005 y «orgulloso» de serlo- se perfilaba en principio como la mejor baza a favor de la colaboración electoral entre ambas formaciones. Finalmente, el ascendiente del lehendakari entre la militancia de EA no sólo no ha servido como revulsivo de la alianza -las bases del partido de Ziarreta están convencidas de que el EBB ha logrado frenar en seco sus aspiraciones soberanistas- sino que puede convertirse en el mayor peligro para el vuelo en solitario del socio minoritario y en la auténtica paradoja de EA, el único partido que aún convoca actos públicos en favor de la fallida consulta, de la que pasan por ser los auténticos abanderados.
Voto útil
El paso dado ayer por Eusko Alkartasuna hace augurar un auténtico cuerpo a cuerpo entre Ibarretxe y el candidato del PSE, Patxi López, ya que, sin el sostén de la formación de Ziarreta, los resultados de jeltzales y socialistas se aproximarían más bien a un empate técnico, según las encuestas. Esa polarización de la campaña perjudica en principio a EA, que siempre ha sido consciente de que puede sufrir una sangría de papeletas orientadas hacia el voto útil nacionalista y que, en sus cálculos más realistas, se adjudica un máximo de cinco escaños frente a los siete que tiene ahora -con grupo propio incluido-.
El PNV, a priori, también pierde -«la unidad siempre suma», subrayaban ayer- aunque algunas fuentes jeltzales reconocen que el fracaso de la coalición refuerza su apuesta por la centralidad y, por lo tanto, su capacidad para aglutinar el voto más moderado.
De hecho, la posible pérdida de presencia institucional era el principal argumento de los dirigentes de EA favorables a explorar la coalición, como el 'número dos' del partido, Joseba Azkarraga. Ziarreta, por su parte, contemplaba la posibilidad de sellar la alianza, aunque la asamblea celebrada hace menos de un mes se reveló como un auténtico baño de realidad. Prácticamente todos los intervinientes se mostraron tajantemente en contra de coaligarse con el PNV por su supuesta tibieza y por agravios tales como el tropiezo de la reforma educativa abanderada por Tontxu Campos. El sector guipuzcoano encabezado por Iñaki Galdos dejó patente con su silencio que no estaba dispuesto a dar la batalla en favor de la entente tras salir escaldados la última vez, cuando decidieron forzar un congreso extraordinario -que perdieron- para revisar la decisión de la ejecutiva liderada entonces por Begoña Errazti de concurrir en solitario a las municipales y forales.
El grave cisma interno que se produjo entonces explica en buena parte la decisión adoptada ahora, en la que ha pesado el interés en evitar a toda costa una guerra entre sectores. Ziarreta habría necesitado que dos tercios de la asamblea respaldaran la alianza -más o menos al contrario de la opinión real de las bases-; en cambio, la decisión ratificada ayer no exige convocar el cónclave porque sigue la estela de lo que ya aprobó el congreso en 2007. Ahora, EA intentará cargar al PNV con el coste de la separación por haber tratado el asunto «con poca seriedad y como un mero trámite». Hasta ayer mismo, los jelzales seguían apostando -en las últimas horas lo han hecho Andoni Ortuzar y José Luis Bilbao- por una alianza no coyuntural al estilo de CiU.
Eusko Alkartasuna espera que el acto de proclamación de Ziarreta -que también dará hoy explicaciones públicas- como aspirante se pueda celebrar a finales de este mes o a principios de diciembre y que las candidaturas definitivas sean ratificadas en enero o febrero.