L a decisión que hizo pública ayer la Ejecutiva de Eusko Alkartasuna, en el sentido de que su partido concurrirá a las próximas elecciones autonómicas bajo sus propias siglas, y no en coalición con el Partido Nacionalista Vasco, despeja una de las dudas que venían siendo recurrentes, sobre todo desde la primavera de 2001, cada vez que se acercaba una cita electoral. A decir verdad, la duda obedecía, en esta precisa ocasión, más a las contradictorias declaraciones de los líderes que a lo que cabría haber esperado de la coherencia del partido en su conjunto. En efecto, ya en el congreso extraordinario que Eusko Alkartasuna celebró en enero de 2007 se decidió, por notable mayoría, que sólo la concurrencia de circunstancias extraordinarias podría justificar futuras coaliciones. Este criterio fue el que prevaleció tanto en las elecciones municipales y forales de ese mismo año como en las generales de la pasada primavera; y nada de extraordinaria trascendencia parece haber ocurrido desde entonces para intentar cambiarlo con vistas a estas próximas autonómicas.
Si algo debe sorprender en la decisión, no es tanto su contenido cuanto la vacilación y la tardanza que la dirección ha mostrado en adoptarla. Sin duda, la resistencia de la militancia a obrar en contra de las decisiones adoptadas por el cuerpo congresual ha obligado a la Ejecutiva a no prolongar una situación de incertidumbre que no era compartida por las bases. Por otra parte, la decisión contraria, es decir, la de coaligarse con el PNV, habría sido poco coherente con un discurso que, al menos en los últimos meses, no ha dejado de insistir en las diferencias que existen entre los proyecto de ambos partidos, así como en denunciar el abandono que del soberanismo habría hecho la dirección jeltzale. En cualquier caso, la decisión ayer comunicada por la Ejecutiva de EA contribuye a aclarar el panorama de las ofertas electorales que se le presentarán al ciudadano en la próxima campaña, y este hecho ha de ser saludado por sí mismo, con independencia de quiénes vayan a resultar beneficiados o perjudicados por él. No es bueno para la credibilidad de la política que se escamoteen en período electoral programas que sólo van a desvelarse una vez pasadas las elecciones. Eso sí, tanto a EA, como a EB o a PNV les queda, más allá de la precampaña ya lanzada y de sus afanes diferenciadores, unas responsabiliades de Gobierno que deben ser prioritarias en un momento en que la crisis económica arrecia.