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Economía

ANÁLISIS

11.11.08 -
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E l primer síntoma de la crisis financiera fueron las carencias de liquidez. El segundo, los desajustes de unos balances bancarios fuertemente expandidos y muy apalancados que generalizaron los problemas de solvencia. Para luchar contra ella se han utilizado métodos variados. Desde las inyecciones masivas de liquidez por parte de los bancos centrales, a las garantías de los depósitos, los avales del interbancario y, por fin, los apoyos directos al capital. Esta última medida, a su vez, ha tenido distintas formulaciones. Unos bancos han terminado en brazos de sus colegas/competidores; otros, han caído en el regazo del sector público; algunos han vendido participaciones accionariales a fondos soberanos asiáticos o a gobiernos nacionales. Ahora, el Santander, siempre innovador, ha abierto la vía de ampliar su capital recurriendo al bolsillo de sus accionistas, con una gran ampliación de 7.194 millones de euros, la primera de la era postcrisis.
El mensaje es ambiguo y la operación, equívoca. Por un lado, es evidente que una ampliación se hace sólo cuando es necesaria y puede serlo para hacer compras o para fortalecer el balance. Parece claro que aquí estamos en el segundo supuesto. Pero también resulta valiente la medida de eludir las ayudas públicas y recabar el apoyo del mercado. Suena novedosa, en estos atribulados momentos, pero, en realidad, es hacer lo que han hecho siempre las empresas cotizadas en Bolsa. Otro aspecto importante es el precio de suscripción, que no es bueno, es excelente. Supone poco más de la mitad de su valor actual y algo menos de la tercera parte de su cotización máxima. Si el beneficio del banco no se descalabra, la rentabilidad de la operación será espectacular. Además de asegurarse la emisión, parece que el banco ha querido autoenmendarse con el criterio seguido en la última emisión de convertibles, que exigirán a los suscriptores un precio casi cuatro veces mayor. A la Bolsa ayer no le gustó la operación, pero ya saben que los inversores de hoy son volubles y caprichosos.
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