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Vela. Vuelta al mundo sin escalas

El navegante de Portugalete inicia en Les Sables d'Olonne su segunda vuelta al mundo en regata acompañado de los mejores solitarios de la vela

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A las 13.02 horas de ayer, con viento del Sudoeste de unos 15 nudos, ola tendida de tres metros y cielo cubierto, Unai Basurko y su barco, 'Pakea Bizkaia', iniciaron en la localidad francesa de Les Sables d'Olonne su segunda vuelta al mundo a vela en solitario. 24.000 millas náuticas más que sumar a las 75.000 que acumula el cuaderno de bitácora del barco.
Pero, sobre todo, Unai Basurko inscribió ayer su nombre en la lista de participantes de la Vendée Globe, una regata como no hay otra. Quienes la acaban son héroes. Pero también se cobra sus víctimas. Basurko dejaba traslucir en su cara la tensión de semejante compromiso. Durmió en el barco, desayunó lo de costumbre (una papilla a base de plátanos, ajos y aceite de oliva), se embutió la negra ropa de navegar y atendió a sus últimos compromisos en tierra.
Basurko, solo, caminó por los pantalanes y fue despidiéndose de los patrones. Loïck Peyron (48 años, 4 hijos, segundo en la pasada edición y uno de los marinos oceánicos más laureados y respetados) le soltó, después de abrazarle, un «ciao, amigo». Oro puro en este mundo. Mark Guillemot, del 'Safran', uno de los veleros más rápidos e innovadores de la flota, le regaló un «bon voyage» que sonó en el pantalán como un villancico. Tal vez porque el patrón Armel Le Cléac'h, del 'Brit Air', se despidió de todos con un sonoro «Feliz Navidad».
La perfecta organización de la regata francesa cumplió al segundo los horarios establecidos y el 'Pakea Bizkaia' abandonó su muelle a las 10.43 minutos. «Hemos trabajado como leones... ahora, al mar», dijo a la gente de su equipo Basurko. Remolcado por una embarcación auxiliar, y con cinco miembros de su equipo a bordo, Unai recorrió el kilómetro de muelles y canales del Port Olona que le separaban del mar. Será un kilómetro que no olvidará nunca.
La escenografía
Unas 100.000 personas atestaban los laterales del canal y vitorearon, jalearon y silbaron el nombre de Unai 'Bazurko' (así, con zeta, como aparece en los programas oficiales de la Vendée Globe'). Chicas maduras vestidas como 'cheeleaders' con sus pompones de colores, un tipo atrevido ataviado como el mismísimo dios Neptuno con tridente y todo, pancartas («Salid: la mar es bella»), familias al completo saludaron a los patrones como (supone uno) que harían en Roma cuando los gladiadores saltaban a la arena.
Algo de esa escenografía (o de reclutas partiendo al campo de batalla) se representa en cada salida de la Vendée. Cerca de 7.500 personas salieron a la mar en embarcaciones de todo tipo (un velero de madera de 1955 bautizado como 'Le plaisir de dammes' se llevó la palma de la chispa), decenas de ellas pagadas por los patrocinadores de los veleros y donde viajan los representantes regionales de las chimeneas Pujolat o de la inmobiliaria Foncia. La vela oceánica es uno de los pocos deportes en que uno puede estar en mitad del terreno de juego y acompañar a los participantes, y en Francia lo aprovechan.
El agua hervía. Las olas llegaban de todas partes: grandes ondas venidas desde el Oeste y que, al chocar contra la poco profunda plataforma continental, se arbolan, y las provocadas por los cientos de embarcaciones... El caos (quelle bordelle! en idioma local). La gente del 'Pakea Bizkaia' aprovechó esos momentos para almorzar y para preparar la maniobra del solitario. Kito de Pavant, Desjoyeaux, Stamm, Golding, Caffari, Thomson, Jourdain... armaban sus barcos para el maratón planetario.
El espectáculo era soberbio. Los hermosos y veloces barcos mostraban su multicolor decoración: la vaca que ríe pirata del veterano De Pavant, el amarillo canario de la morena Dee Caffari, los topos verdes. naranjas y amarillos del BT de Sébastien Josse, el casco azabache del 'Hugo Boss'... Pero, cuando ocho minutos antes de la salida se vio en el aire una pequeña nube de pólvora, comenzó la guerra.
La Vendée tiene cada vez menos de aventura, es verdad, y los patrones son unos competidores natos. Vienen del mundo de la regata, así que se ponen el cuchillo en los dientes y se lanzan a buscar la mejor posición, el rumbo correcto, a esquivar y a descartar rivales. Ninguno quiere correr riesgos innecesarios o sufrir una rotura en el minuto uno, así que la mayoría optó por subir una mayor rizada y sacar por proa foques solent y trinquetas para frenar el poderío de sus veleros.
Como si fuera una regata de vela ligera, Desjoyeaux,Wilson, Davis, Beyou y Golding amuraron sus barcos a estribor, una situación que les da ventaja de paso en el cruce con el resto de la flota. Basurko ha tomado la misma opción. Desjoyaux, demasiado veloz, cruza antes de tiempo la línea de salida marcada por el buque 'Tenace' de la Armada gala, y debe realizar un giro de penalización. El resto de la flota sale amurada a babor, rumbo a alta mar.
¡La apuesta tiene éxito! El veterano Derek Hatfield (56 años) le saca unos metros a Basurko, que inicia su vuelta al mundo en segunda posición. Luego, Golding vira su barco en un tiempo récord mientras que Basurko sigue con su bordada y se aleja del resto. Siguen su estela Hatfield y Samantha Davies. Un rato después, el 'Pakea Bizkaia' vira y se pone al mismo rumbo que los demás.
Borrasca en Irlanda
Tres horas después de la salida, Basurko ocupaba el puesto número 25 de la flota (el 26 si se tiene en cuenta que el 'Temenos II' del suizo Dominique Wavre volvió a puerto por problemas eléctricos y recargar baterías), con rumbo 253 º(casi un Oeste). A última hora de la tarde de ayer encabezaba la flota el 'BT' de Sébastien Josse, seguido del 'Safran' de Marc Guillemot y del 'Paprec-Virbac 2' de Jean-Pierre Dick.
A los patrones les esperan unos días de perros. Según las previsiones, una borrasca en Irlanda va a mandarles vientos del Sudoeste de unos 30 nudos con rachas de hasta 50 (90 kms./h). Tiempo duro para la primera noche fuera de casa y rumbo a Finisterre, el fin del mundo.
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