E l nivel de desarrollo se identificó durante años con la capacidad de generar riqueza. Más tarde se fue sumando la distribución de los bienes junto con la garantía de derechos y libertades para toda la ciudadanía. Y ya a finales del siglo XX se incorporaron la sostenibilidad y la dimensión cultural como exponentes de desarrollo de las sociedades.
No resulta fácil, sin embargo, determinar los parámetros adecuados para evaluar el desarrollo cultural: todos conocemos que el PIB indica el crecimiento económico y que el IDH es un indicador fiable para evaluar la equidad. Pero no sabemos cómo evaluar el desarrollo cultural.
No obstante la dificultad metodológica, sí podemos referirnos a una serie de factores que enmarcan este desarrollo. Y aunque no se trate de indicadores en el sentido estricto, los programas que combinan proximidad y excelencia ligan bien con el desarrollo cultural, especialmente en un contexto de diversidad y complejidad creciente como el nuestro.
Son cuatro los ejes de desarrollo sociocultural contemplados por la Diputación Foral de Bizkaia y, por tanto, sus líneas de actuación y compromisos públicamente adoptados: la preservación de la memoria, la consideración del espacio público como lugar de encuentro, la atención a las elites culturales y la libertad de creación.
La preservación de la memoria -y su evaluación-actualización permanente a través del patrimonio cultural- va indefectiblemente unida a la tarea de buscar una identidad nacional vasca consensuada, una identidad que proyecte su decisión en la construcción de la nación vasca como organismo vivo capaz de resolver con eficacia las demandas ciudadanas del siglo XXI. Esta línea de actuación pasa por articular tanto nuestra historia (lengua, tradiciones, organización social, etcétera) y nuestro presente (formas de relación con otras culturas, diversidad de la sociedad, niveles de autogobierno, usos sociales, valores), como por afrontar el futuro (la inserción de Euskadi en la comunidad internacional, los modelos de relación con Europa y otras regiones del mundo y las administraciones públicas como garantes de la igualdad de oportunidades).
Fundamental es la consideración del espacio público como lugar de encuentro, intercambio y diálogo cultural y lingüístico. Y las instituciones públicas tienen -tenemos- una gran responsabilidad, especialmente en la promoción de valores que favorezcan, también desde la lengua, esta dimensión social de la identidad nacional.
Es decir, trabajar con eficacia a fin de que la cultura vasca y el euskera constituyan realmente patrimonio común de toda la ciudadanía, que la sientan y valoren como propia; impulsar un acuerdo de fondo sobre la recuperación progresiva del uso social del euskera. Este pacto debe ser la culminación de un proceso de diálogo en el que todos ganemos, imprescindible para que tome cuerpo, definitivamente, el reconocimiento de la realidad plurinacional, pluricultural, plurilingüe del Estado. En este proceso los vascos podemos jugar un papel fundamental, interiorizando nuestra propia pluralidad como valor y compartiendo que el camino hacia el bilingüismo, entendido como reto social y político, puede llegar a ser, de verdad, una de nuestras señas de identidad, y que el avance hacia ese objetivo garantiza los derechos lingüísticos de toda la ciudadanía vizcaína y vasca. En esta realidad de progresividad y diglosia, es imprescindible la atención sistemática y prioritaria hacia la comunidad lingüística minoritaria, tanto desde las instituciones públicas como desde los agentes sociales.
Es igualmente necesaria la atención a las elites culturales, entendidas como elementos de referencia, tractores de creación y consumo culturales, de cultura-participación. El diálogo con las vanguardias culturales exige de las instituciones el compromiso de aceptar que las elites son comprendidas y valoradas por una ciudadanía que se inspira también en ellas para crear, demandar, comunicar y consumir cultura; reconocer su papel de liderazgo espontáneo y libre de toda servidumbre; crear espacios de encuentro que posibiliten el diálogo cultural y el intercambio de información; dotar a la información básica y a la divulgación del necesario valor añadido, elaborando contenidos específicos no sólo en función de la demanda sino, incluso, adelantándose a ella; y modificar las pautas de consumo hacia la demanda de contenidos culturales inmateriales y de ocio creativo, transformando para ello las actuales estructuras en formas de expresión más innovadoras.
Finalmente, el reconocimiento a los agentes culturales y el equilibrio entre el mercado cultural y el espacio institucional requieren promover una industria cultural vasca con visión global. Y más concretamente: crear infraestructuras que impulsen la acción cultural en términos empresariales, atender a políticas fiscales, de financiación, crear elkartegis o viveros de industrias culturales, etcétera; establecer criterios culturales básicos y comunes que sirvan de orientación de la política cultural en el conjunto del territorio, y puedan suscitar y generar condiciones de libre mercado; adecuar los contenidos y productos culturales a las nuevas corrientes y disciplinas de información, creatividad, diseño y difusión; articular la diversidad de instituciones culturales y definir políticas de apoyo favorecedoras de las relaciones en red, entre ellas y con los agentes sociales; y facilitar la puesta en red y la accesibilidad a los fondos culturales, lo que hace necesario poner en valor la cultura digital (formación, información y acceso a infraestructuras y redes)
En síntesis, debemos incentivar a los creadores y a la creación cultural a la vez que creamos un espacio cultural de producción propio, de cara tanto hacia dentro de nuestro territorio como fuera de él, para reducir la tradicional marcha de tantos creadores vizcaínos y vascos en busca de oportunidades en espacios y mercados más amplios.
Quienes aspiramos a consolidar en el medio plazo esta senda en la que la cultura sea eje de vitalidad y desarrollo en Euskadi estamos obligados a articular un modelo educativo que sea el catalizador de esa transformación y sea, además, consciente del extraordinario significado de lo GLO-CAL para seguir conquistando el futuro. Un modelo educativo que promueva los conocimientos, competencias y actitudes hacia la cultura, entendida ésta como locomotora del tren de la innovación y la investigación en una Euskadi competitiva y solidaria.