¡Qué miedo! George W. Bush se siente con fuerza para estar al pie del cañón hasta el último momento. Y todavía faltan 72 días para que abandone la Casa Blanca. «Hay un importante trabajo por hacer en los próximos meses y seguiré conduciendo las cosas del pueblo americano durante el período en que el cargo está a mi cuidado. Siempre dije que correría hasta la línea de llegada y mantengo mi palabra», sostuvo en una intervención realizada en la rosaleda del 1600 de la Avenida Pensilvania de Washington a las pocas horas de confirmarse que sería Barack Obama quien le sucedería.
Su nefasta herencia puede aumentar. ¿Cuántas decisiones polémicas puede tomar aún en los más de dos meses que le quedan hasta marcharse a su rancho de Crawford? Muchas, sin duda. El 'pato cojo', argot con el que la prensa estadounidense denomina a un presidente que ya tiene sucesor, normalmente no toma decisiones trascendentales. Se limita a firmar indultos durante su última semana de mandato, como lo hizo Bill Clinton, que rubricó el mismo 20 de enero decenas de perdones. Destacó el del multimillonario Marc Rich, de nacionalidad americana, española, suiza e israelí, condenado por defraudar más de 40 millones de euros al fisco. Creó más escándalo que el 'caso Lewinsky', pero Clinton siempre negó que la medida tuviera algo que ver con el hecho de que la esposa de Rich había realizado generosas donaciones a su campaña.
Bush no es aficionado a las medidas de gracia. Lo demostró en su mandato de gobernador de Texas. No indultó a ninguno de los condenados a muerte. Aunque sí fue magnánimo como presidente. El beneficiado fue 'Scooter' Libby, ex jefe de gabinete del vicepresidente, Dick Cheney, condenado a treinta meses de cárcel por haber filtrado la identidad de la agente de la CIA Valerie Plane para vengarse del marido de ésta, abiertamente contrario a la intervención en Irak.
Por eso, todos se preguntan a qué dedicará su tiempo libre. Es más, se teme que imite a su padre, George H. Bush, que sentó un precedente en materia de intervención militar al mandar a soldados a combatir el terrorismo en Somalia cuando estaba a un mes de ceder el Despacho Oval a Clinton. Luego el Congreso negó la existencia de un 'interés nacional'. La aventura fue un sonado desastre. «Nada es más peligroso en este mundo que un hombre que se va», dijo entonces un veterano senador.
El 'pato cojo' Bush, el hijo, podría hacerlo también. El temor radica en si quiere dejarse ver ahora por todo el tiempo que los republicanos le tuvieron oculto para no perjudicar la campaña de McCain. El Congreso, que ya le hace frente sin disimulo, no podría impedir que el presidente haga una guerra sin declararla. La última palabra sería siempre del vaquero texano.
'Tareas inacabadas'
El mundo espera que su legado se cierre en la cumbre económica mundial del día 15 para tratar de paliar el desastre financiero creado por su política neoconservadora, que deja a Obama un déficit de 314.000 millones de euros. Sin olvidar las 'tareas inacabadas' en Afganistán, Irak y casi en Irán.
El vacío de poder nunca fue más peligroso porque Bush aún sigue al mando y Obama no querrá mezclarse con nada que tenga que ver con su predecesor. Se mantendrá al margen hasta el 20 de enero. Recuerda al interregno entre Hoover y Roosevelt en 1932, cuando el primero, en plena Gran Depresión, quiso buscar un consenso en una crisis financiera que recuerda a la presente. Roosevelt le ignoró y aprobó el plan de Hoover para cerrar durante un tiempo los bancos cuando éste se marchó. Eso sí, bajo su firma. 72 años antes, en 1860, asimismo Abraham Lincoln guardo silencio mientras los estados del sur de desvinculaban uno a uno de la Unión y dejó que fuera su predecesor James Buchanan quien se desgastara. Nada más asumir el cargo, declaró la guerra.