Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Cultura

MIGUEL RÍOS CANTANTE

El veterano músico recopila colaboraciones con otros artistas en su nuevo disco: «Morir pronto y dejar un bonito cadáver era una gilipollez»
09.11.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
«Lo importante es que el recuerdo no te supere»
Miguel Ríos nunca se ha detenido a rebatir críticas. / E. C.
Miguel Ríos concretó el año pasado su condición de pionero de la música popular española con una triple antología audiovisual que recapitulaba la larga andadura profesional de un artista que, durante cuatro décadas y media, ha ejercido sucesivamente de casi todo. De bastión del rock español en los días heroicos, conquistador del mercado internacional con el 'Himno a la alegría', abogado de la ecología y el andalucismo, estrella del rock colega, exégeta musical televisivo, artista familiar junto a Serrat y Víctor y Ana, 'crooner' del swing y el cabaret alemán, apóstol del rock latino, productor independiente y mito tardíamente reconocido por las nuevas generaciones.
«Asumo mi pasado, pero mi presente no está mediatizado por él», dice el granadino, que con la voluntad «de dar una larga vuelta al ruedo como si fuera la ultima», edita 'Solo o en compañía de otros', álbum en el que reúne colaboraciones con Los Secretos, Ariel Rot, Quique González, Carlos Segarra, José Antonio Lapido y canciones de Sabina, Antonio Flores y Pedro Guerra.
-¿Es esta colección de colaboraciones el contrapunto a su retrospectiva del pasado año?
-No hago las cosas de una manera tan meditada. Sacar discos es una necesidad, pero éste sale porque la primera discográfica de rock en castellano (Dro) ha querido trabajar conmigo. Para mí ha sido como un halago que me haya dado la oportunidad de reunir todas las colaboraciones que tengo desperdigadas con gente tan dispar como Antonio Flores, Pedro Guerra, Carlos Segarra y Quique González. Luego quise añadir tres temas nuevos.
-¿Y cómo se ve en la foto después de 45 años de andadura?
-Echar la vista atrás es algo que no suelo hacer, pero la antología del pasado año me sirvió para darme cuenta de quién era. Te paras y lo ves todo con un poco más de perspectiva. Me he visto con la urgencia en los primeros años, luego con las dificultades de cantar rock en castellano, después con las ganas de convencer y luego con la satisfacción de haber aprendido el oficio y de haber podido vivir de esto.
-Pasados los sesenta ha sintonizado con rockeros más jóvenes como Quique González, Carlos Raya, José Ignacio Lapido y Carlos Segarra.
-Es que yo tengo afinidad con casi todo el mundo. Me ha gustado mucho hacer el camino con gente muy diferente. Con algunos mucho más jóvenes que yo, como Lapido (ex 091), está la afinidad de paisanaje. Con otros como Quique tengo relación ya desde hace unos años. Desde que empecé siempre he estado con la antena puesta, al principio me fijaba en los que eran mayores y ahora miro lo que hacen los más jóvenes.
-¿Se siente valorado? ¿Envidia la veneración que en Francia despierta su equivalente Johnny Halliday?
-Los franceses veneran a sus mitos, pero los españoles tenemos una idiosincrasia distinta. Nunca me he considerado el ombligo del mundo, he intentando conseguir la aprobación de la gente, pero cuando no me la han dado no me he cortado las venas. Además yo siempre he sido muy poco mitómano. Johnny Halliday fue uno de lo primeros a los que admiré, tiene una carrera fantástica y está en una forma cojonuda, pero yo no tengo ninguna queja.
-¿Ninguna, de verdad?
-Me siento suficientemente reconocido, la gente y los medios son cariñosos conmigo y no tengo asignaturas pendientes con nadie. A estas alturas, poder hacer un disco sin concesiones y en igualdad con otros es un privilegio.
Un artista coherente
-Sigue reivindicando la carretera hasta en la portada de su disco.
-Es que los discos son una excusa para hacer conciertos, para satisfacer esa necesidad de tocar que tenemos, y ahora más que nunca. Tocar la guitarra puede ser entretenido, pero los que somos cantantes no nos contentamos con hacerlo en la ducha. Lo fundamental es emocionar a la gente y el vehículo para hacerlo es el directo. La carretera es la que nos lleva a esa patria común que es el escenario.
-¿Entiende los retornos de tantos grupos y rockeros de su quinta?
-Claro, estuve viendo a David Gilmour en Granada y toca mejor que nunca y qué decir de Robert Plant o Sting... Los punks dijeron aquello de morir pronto y dejar un bonito cadáver, pero cuando ves a los Pistols tocando otra vez te das cuenta de la gilipollez que era. Cuando lo dejen, su cadáver no va a ser muy bonito, precisamente. Pensábamos que la música tenía una fecha de caducidad por un complejo adolescente absurdo que fomentó la industria. Pero los jóvenes no se murieron y siguieron trabajando hasta hoy.
-Y ahora regresan...
-Los que regresan lo hacen para disfrutar del público y de las condiciones de ahora, porque entonces los equipo no sonaban con esta calidad. El otro día, en el aniversario de los Secretos daba pena bajarse. Lo importante es no ser peor de lo que se era. Que el recuerde no te supere.
-¿Cómo afecta el paso del tiempo a la creatividad?
-Lo malo de cumplir años es que te haces viejo, pero lo bueno es que tienes gente que te sigue. Resulta difícil encontrar la inspiración, pero se acaba hallando currando. Si se tiene ánimo y cuerpo se pueden revivir experiencias pasadas. Se tiene más tiempo para hacer las cosas con menos tensiones y menos necesidad de aprobación.
-Se ha convertido en un artista para adultos. ¿Sigue asumiendo que 'los viejos rockeros nunca mueren'?
-Uno trata de escapar a su propia imagen. Lo del 'nunca mueren' no lo inventé por mí, sino por Chuck Berry. De cualquier forma, creo que no hay que justificar lo que uno hace. Creo que he sido y soy una artista coherente. Hace tiempo que me quité la obligación de caer bien, me gusta que me quieran, pero sé que siempre habrá alguien que me considere gilipollas. Hace tiempo que aprendí que es mejor seguir que pararte a criticar a los que te critican.
-El rock es ya un producto de consumo. ¿Le queda algo del espíritu rebelde que se le supone?
-Evidentemente no hubiera podido sobrevivir si no fuera parte del sistema, pero está dentro de él con mal cuerpo. De ahí que algunos grupos sean puntualmente peligrosos. La rebeldía tiene también mucho que ver con la renta per capita. Lo pude ver de cerca hace poco cuando toque en México con El Tri. Siempre ha sido así, cuando los americanos cantaban a las caderas de las chicas es porque lo tenían todo resuelto. Nosotros mientras lo hacíamos a los barrios. Y ahora le toca a otros.
El yugo del rock sajón
-En los ochenta se abusó del termino rock hasta casi desgastarlo, ahora dice que ha perdido su poder de influencia.
-Probablemente, durante mucho tiempo hubo una militancia porque era una cosa de pocos. Recuerdo que Carlos Narea (productor) me decía: 'No pongas otra vez rock en el título'. Pero había una necesidad de afianzar una fé, sobre todo porque con la Movida y la Nueva ola, la crítica apreció más la actitud que el valor verdadero de aquello. Yo lo usaba como factor diferencial: Había que remarcar la necesidad de sacudirnos el yugo del rock sajón, hablando de cosas más del día al día del país.
-Por entonces elucubró sobre el nuevo milenio en canciones como 'Año 2000'. ¿Ha superado la realidad todas sus previsiones?
-Imagínate, ¿quién iba pensar que las democracias capitalistas propondrían algo tan comunista como nacionalizar la banca? La realidad casi siempre supera a la ficción y al arte. Aquella canción tenía que ver con la ciencia ficción, que siempre me ha interesado. Además de con Clarke, Wells, Asimov y demás autores de ciencia ficción, sintonizaba con la sociología de libros como 'La Tercera Ola', de Alvin Toffler, que hablaban de lo que se suponía que iba a ser el mundo. En ese tema cabía todo y todo ha pasado de una forma mucho más radical de lo que podíamos suponer. Que los pobres tuviéramos que salvar con nuestros impuestos a los banqueros que nos sangran no lo podía imaginar. Si vivimos, seguro que seguiremos sorprendiéndonos.
-¿Defiende el posicionamiento político de los artistas? ¿Haría campaña por un candidato como hacen muchas estrellas americanas del rock?
-Entiendo que lo hagan porque dar la opinión es uno de los derechos más inalienables que tenemos. Ante una deriva política como la de su país cuesta quedarse al margen. No entiendo que haya gente que, por estar en un gremio, no pueda manifestar sus sentimientos o que firmen contratos que les obligan a callarse. El hecho de posicionarse me parece inherente al hecho de ser artista. Yo, como algunos actores, ya me posicioné contra la guerra de Irak. Y me sorprendió muy gratamente que también lo hiciera el Barcelona en bloque, sobre todo porque el fútbol en España no es muy dado a esos compromisos. Me gustaría que mi club hiciera algo así.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS