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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Cultura

CRÍTICA DE CINE

08.11.08 -

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Víctimas del odio
L os artistas -léase escritores, pintores, escultores, músicos o cineastas- son la más preciada joya de una nación. Por eso, es obligado reconocer la valía demostrada por el cineasta vasco Iñaki Arteta a la hora de realizar documentales donde se da voz a quienes no la tienen en su justa medida. Y, si en su anterior esfuerzo creativo, 'Trece entre mil', eran las sangrientas víctimas de la brutalidad de ETA quienes se expresaban ante las cámaras, en 'El infierno vasco', las opiniones corresponden a algunos de los más de 200.000 ciudadanos de Euskadi, obligados a exiliarse de su amada tierra.
Filmado de forma artesanal, el documental de Arteta resulta tan honesto como necesario en su afán por concentrarse en dos puntos de interés. En primer lugar, por la denuncia que se hace de una cierta ruina moral, por la flagrante falta de libertades a la hora de expresar sus opiniones sin miedo al secuestro, la amenaza o el tiro en la nuca. Algo consustancial a toda democracia que se precie. Y en segundo término, por la lucidez, sinceridad y ausencia de malicia en los numerosos testimonios, incluso de ex etarras, aportados por este documental, sencillo, moderado y eficaz.
Somos miembros de un gran cuerpo, puesto que no hemos nacido para un solo rincón, sino para todo un mundo, nos sugiere el filme, destinado a quienes son inmunes a los argumentos, a los perdedores radicales, a quienes convencidos de la falta de valor de su propia vida, tampoco les importa la vida de los demás. Y los hombres y mujeres retratados en el filme así lo demuestran. Son personas ninguneadas, anhelantes de piedad, cuyos conmovedores testimonios quedan aquí para la posteridad, sin que nadie debería sentirse indiferente ante semejante ejemplo de ciudadanía comprometida. Seres humanos dispuestos a demostrar que, sólo por el respeto hacia uno mismo, se logra el respeto de los demás.
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