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Vizcaya

encarecimiento del pabellón de deportes

El iurbentia trató de cerrar un acuerdo por dos temporadas para jugar en el BEC al cerciorarse de que los plazos de Miribilla eran una quimera

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Miribilla. Palabra tabú en el mundo del deporte. El heredero de La Casilla aún está siendo engendrado. Con retraso. Quizá porque no es un hijo deseado. Lo del cariño y ser fruto del amor, no le toca. Llega tarde, como adelantó ayer EL CORREO, para dar el relevo al viejo pabellón, que ya ha soplado las cuarenta velas. Pero la tardanza no parece haber extrañado al mundo del deporte, principal futuro inquilino del Palacio en ciernes.
El dato fehaciente lo avanzó el iurbentia cuando, desde el pasado mes de mayo, inició las conversaciones-negociaciones a tres bandas con la Diputación y el BEC para trasladar al Bizkaia Arena su escenario permanente durante esta temporada y la próxima. Es decir, hasta mayo o junio de 2010. No es aventurado presumir que algo debía saber la cúpula del club sobre lo que se cuece en Miribilla para urdir tal posibilidad, que no vio la luz en su totalidad por falta de acuerdo. Y lo mismo se puede añadir de las fuerzas institucionales, que en ningún momento albergaron la opción de que la Copa del Rey, firmada para febrero de 2010, se disputara en el aún inexistente recinto.
La historia del Palacio de Miribilla nació alterada genéticamente. La Diputación fue el motor que impulsó su visto bueno, con el Ayuntamiento a su rebufo, a regañadientes, pues no había pasado mucho tiempo desde la enésima vez que el alcalde Azkuna no había incluido la construcción de tal equipamiento en su nómina de prioridades para la villa. Las peticiones de las fuerzas deportivas del municipio se tornaron en lamentos constantes para ablandar el corazoncito institucional. José Luis Bilbao, convencido ya del tirón popular que lideraba el baloncesto profesional (15.400 aficionados en un derbi contra el TAU en el BEC, récord histórico de la ACB), puso el semáforo en verde y activó la confección de un proyecto en tiempo récord que a pocos convenció cuando se desveló su ubicación.
En una nueva zona sin aparcamientos ni para los vecinos, con un transporte colectivo a día de hoy insuficiente para cuando haya eventos y una estación de cercanías de incierta efectividad, el Palacio de Miribilla causó resignación más que emoción. Nadie entre sus futuros usuarios alzó la voz. Quizá por aquello de 'a ver si no lo hacen'.
Así, el Bilbao Basket se contentó con convencer a quien corresponde para modificar los planos iniciales e incluir en el proyecto una pista de entrenamiento para que los equipos puedan trabajar cuando el Palacio esté ocupado en otros menesteres. Y mientras tanto, con el freno de mano echado, dado que su crecimiento se fundamenta en un hogar con más aforo que las mal contadas 5.000 localidades de La Casilla, ocupadas desde hace dos temporadas en todos sus partidos.
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