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Científicos japoneses consiguen clonar ratones que llevaban 16 años congelados a veinte grados bajo cero, lo que abre la vía a la 'resurrección' de especies extintas

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El regreso de los mamuts es ya posible
Los colmillos de un mamut de 23.000 años hallado en Siberia son cargados en trineo. / AP
La vieja idea de revivir especies ya desaparecidas parece, hoy más que nunca, al alcance de la mano. La clonación de animales por transferencia nuclear supone, según muchos científicos, una gran oportunidad para preservar las especies en peligro de extinción. Sin embargo, la 'resurrección' de especies desaparecidas a partir de sus restos congelados (como sucede, por ejemplo, con el mamut lanudo) se consideraba hasta ahora impracticable, ya que en este proceso no existen células vivas y el material genético que queda aparece inevitablemente deteriorado.
Sin embargo, un grupo de investigadores japoneses dirigidos por Teruhiko Wakayama, del Centro de Investigación Riken en Kobe, ha conseguido clonar con éxito ratones congelados hace 16 años. El logro se publica hoy en la revista 'Proceedings' de la Academia de Ciencias de Estados Unidos.
«Reportamos aquí -se lee en el estudio- la producción de ratones clonados de cuerpos mantenidos en estado de congelación durante 16 años y sin sistemas de crioprotección. Debido a que todas las células se resquebrajaron tras descongelarlas, usamos un método modificado de clonación y examinamos núcleos de diversos órganos para usar en nuestros intentos de transferencia nuclear».
Un proceso complicado
Entre todos los tejidos con los que se probó, los mejores resultados se obtuvieron con células cerebrales. A partir de ahí, los investigadores fueron capaces de desarrollar ratones completamente sanos. Uno de los animales clonados incluso tuvo descendientes perfectamente normales. Los científicos están convencidos de que con su método también será posible hacer revivir animales ya extinguidos, como por ejemplo los mamuts lanudos conservados en suelos helados.
El proceso empieza por la descongelación de los ratones y la extracción de células. En principio, el tejido descongelado no es el más apropiado como material de partida para clonar, independientemente de si se congeló de forma natural en zonas heladas o a propósito en un laboratorio, porque sin un tratamiento especial con anticongelantes las células y el material genético que éstas contienen resultan destruidas por los cristales de hielo que se generan en la congelación.
Sin embargo, las células de algunos tejidos, como el cerebro, parecen contener información genética intacta en cantidad suficiente como para clonar animales a partir de ella. Además del tejido cerebral, la sangre es especialmente adecuada para el procedimiento puesto a punto por Wakayama y su equipo. Algunos de los animales muertos que los investigadores utilizaron para clonar habían sido congelados a 20 grados bajo cero hace ya 16 años.
Óvulos nuevos
Los científicos implantaron el ADN de las células descongeladas en óvulos nuevos, cuyo núcleo había sido eliminado previamente. Después de lo cual las célula empezaron a dividirse. De los embriones surgidos a partir de ellas, los investigadores crearon células madre, que se pueden multiplicar infinitamente. De esta manera, no sólo despertaron otra vez a la vida la herencia genética de ratones muertos y congelados, sino que consiguieron que estuviera disponible en cantidades ilimitadas.
En un segundo paso, colocaron el genoma de una célula madre, de nuevo, en un óvulo sin núcleo. Que a su vez fue trasplantado a una 'madre de alquiler', que lo llevó hasta el nacimiento. De este proceso surgieron cuatro clones puros. Uno murió después del nacimiento debido a problemas respiratorios. Otro fue devorado al día siguiente de nacer por la madre. Pero los otros dos evolucionaron con normalidad. Todos los clones poseían el mismo color de piel que el ratón congelado, su mismo sexo y sus mismas características genéticas.
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