El brutal ataque a la exposición de Reuters en la Virgen Blanca le pilló recién llegado de Italia. Paco Valderrama, comisario de Periscopio, ni siquiera sabía de la convocatoria de un 'macrobotellón' contra el horario del cierre de los bares. Se enteró de la noticia el domingo por la mañana y unas horas después ya había recibido dos negativas a sendas propuestas que el periodista barajaba traer a Vitoria para 2009.
-Desde que se enteró de la noticia, el domingo por la mañana, ¿cuántas veces se ha preguntado por qué?
-Docenas de veces. Y, aunque sigo preguntándomelo, todavía no he conseguido encontrar una respuesta.
-Destruir por destruir, quizá.
-Sí. Supongo que es lo habitual, entre comillas, cuando se quiere llamar la atención y se da un cúmulo de circunstancias desgraciadas. Pero una cosa es evidente. Esos paneles empujándolos no se caen y con un mechero o una cerilla no arden.
-¿Quiere decir que fue un ataque premeditado?
-Yo creo que sí, que se fue a por ello. Pero no porque fuera Periscopio. Habrían ido a por cualquier cosa que hubiera habido en la plaza.
-¿Cree que se podría haber evitado?
-No lo sé. ¿Y qué planteas? ¿Un cordón policial? ¿A esas horas? ¿Con gente pasada de alcohol? No soy un experto en orden público, pero ahí están los resultados.
-En su labor de periodista radiofónico siempre hace un paréntesis para embarcarse en este proyecto. ¿Qué hay detrás de Periscopio?
-Mucho esfuerzo, mucho trabajo y, sobre todo, mucha ilusión. Periscopio es una posibilidad cultural muy poderosa que puede llegar a todo el público, a toda la ciudad y ahí están los resultados. Casi 200.000 espectadores se han paseado por alguna de sus muestras desde 2006.
-En ese tiempo se había conseguido el objetivo de fijar a Vitoria como referencia del fotoperiodismo. ¿Dónde queda ahora ese prestigio?
-En el barro. Conseguir prestigio, rigor y buena fama cuesta muchísimo. Perderlos, un momento. Y es lo que nos ha pasado. Levantar ahora todo esto va a ser una obra de titanes.
-¿Tanto como para no poder con ello?
-Todo esto está teniendo una repercusión inmensa. No es sólo el hecho de que arrasen una exposición y la quemen. Es lo que eso implica. He recibido ya varias llamadas de responsables de exposiciones de otras salas preguntando por la seguridad y he detectado cierta desconfianza porque la explicación tampoco se entiende. Todo son buenas palabras, pero la preocupación está ahí.
-Asegura que los contactos previos de cara al próximo año se tambalean. ¿Se les ha cerrado ya alguna puerta?
-Ayer por la tarde (por el domingo) recibí dos negativas, precedidas de un 'sentimos lo que ha ocurrido', a dos propuestas que había formulado con anterioridad al ataque de la Virgen Blanca. Y, evidentemente, eso dice mucho. No eran contactos definitivos, de algo que fuera a ser real, pero si hubiera salido, habría estado muy bien.
-Dispuesto a «arrojar la toalla», ¿siente que todo el esfuerzo y la dedicación han sido en vano?
-No, en absoluto. Ha habido una gran satisfacción, sobre todo por esas decenas de miles de personas que han disfrutado y están disfrutando de Periscopio.