Se anunciaba un choque complicado para Aimar Olaizola, que llevaba sin competir desde el 28 de septiembre, día que tuvo una luxación en su clavícula derecha en la final de la feria de San Mateo. Sin embargo, cojo, manco o con su brazo emitiendo unos destellos sospechosos, sigue ganando partidos con una facilidad pasmosa.
La eliminatoria del Cuatro y Medio de ayer en el Beotibar fue un auténtico fiasco. Un gran desencanto para los pelotazales que abarrotaron el recinto. Juantxo Koka no supo aprovechar las carencias de su rival, con su derecha en plena rehabilitación, y le puso en bandeja el triunfo a Olaizola II (5-22), que entra en la liguilla de semifinales.
Se esperaba a un Koka bien pertrechado, con su acostumbrado repertorio rematador y consciente de la trascendencia del duelo. No fue así, sino todo lo contario. Se emperró en buscar el ancho, donde se supone que Olaizola II tenía problemas, y firmó una actuación caótica.
No se sabe muy bien porque ciertos pelotaris se aferran a desarrollar un táctica ajena a su saber y entender pelotístico. Llevan a cabos experimentos con pócimas de dudosa reputación y terminan hallando la fórmula del despropósito. Y es que cuando uno extravía sus señas de identidad se convierte en un títere.
Koka dejó de poner en el frontis ocho saques, todos ellos completamente restables y falló seis pelotas no forzadas. Un dato lo suficientemente elocuente. Sólo logró un fogonazo de su propia cosecha. Una volea al 'txoko que le supuso el último tanto, número cinco, que hizo subir a su casillero particular.
Los otros cuatro restantes fueron sendos regalos de su oponente. Dos faltas de saque. Un zurdazo que fue a morir al faldoncillo bajo del frontis y un derechazo al suelo. No hubo más cera en la alforja del delantero donostiarra, que se acordará mientras viva de la sinfonía de errores que cometió un día 3 de noviembre de 2008. El mismo admitió en rueda de prensa que «he jugado muy mal».
Con mucho miedo
Aimar se expresó prácticamente con la zurda. Su derecha la tuvo como compañera de viaje. Llegó con tanto temor al histórico Beotibar que al realizar sus saques los llevó a cabo de la mitad de la cancha hacía la pared izquierda, cuando habitualmente se realizan desde el ancho y armando bien el brazo. Miedo, mucho miedo fue el que arrastró la estrella de los cuadros alegres de Asegarce. El vencedor declaró que su principal objetivo «estaba cumplido» al meterse en el torneo como cabeza de serie, pero matizó que «he tenido molestias en el uno de los tendones del hombro».
Los empresarios dan por hecho que participará en la primera jornada de la liguilla. El sábado en San Sebastián, Barriola se verá las caras con Martínez de Irujo. Y el domingo en el Astelena de Eibar, Titín III rivaliza con Olaizola II.