Al igual que su gran amigo Jorge Oteiza, los propósitos de Néstor Basterretxea se originan en el proyecto de trasladar a la imagen los mitos primordiales de los vascos. Oteiza tuvo un enfoque más metafísico, más abstracto, más espacial, mientras que la obra de Basterretxea resulta más orgánica, más figurativa, más táctil, y el empleo de la cálida madera en las 'Cosmogonías' avala esta distinción.
Basterretxea ha estado en el centro del arte vasco del siglo XX y a la vez un poco apartado de los focos, eclipsado por el relumbrante prestigio internacional de Chillida y la influencia teórica y personal de Oteiza. Pero sin él cuesta entender los movimientos decisivos en Euskadi y más allá, desde el heterogéneo Equipo 57, en el que también 'militó' Agustín Ibarrola, hasta por supuesto el grupo Gaur, con Balerdi, Sistiaga y Mendiburu, además de los ya citados Chillida y Oteiza.
Nacido en Bermeo en 1924, Basterretxea conoció casi de niño el exilio a causa de la militancia nacionalista de su padre, Francisco Basterretxea. La familia del artista se fue primero a San Juan de Luz, luego al protectorado francés de Casablanca, en Marruecos, y más tarde a Argentina.
Allí conoció a Jorge Oteiza, del que enseguida se hizo muy amigo, y juntos empezaron a compartir ideas y cocinar proyectos, una colaboración que les llevó a vivir en la misma casa de Irún desde finales de los cincuenta a principios de los setenta. La construcción, en cuyo diseño participaron ambos, ha estado a punto de ser derribada para levantar 99 viviendas, hasta que el Ayuntamiento irunés modificó sus planes de ordenación urbanística para salvar el edificio.
Los dos también trabajaron en la basílica de Arantzazu en Guipúzcoa, Oteiza con las esculturas de los apóstoles y Basterretxea en las accidentadas pinturas de la cripta. El artista ganó un concurso para realizar esos murales, que iban a llegar a los 18, si bien se quedaron en 11, ya que las autoridades eclesiásticas y políticas le interrupieron su trabajo, después de acusarle de «comunista y maricón», según ha revelado el propio Basterretxea, que pudo terminar su obra en 1982.
El artista, autor de películas como 'Ama Lur', se convirtió en asesor de Bellas Artes en el primer Gobierno vasco de Carlos Garaikoetxea y recibió el encargo de construir una escultura para el Parlamento vasco situada en el hall, frente a la entrada.
A pesar de su cercanía al poder, Basterretxea se ha distinguido por su libertad a la hora de expresar sus opiniones y recordar los hechos. Él fue uno de los que peleó para que el 'Guernica' de Picasso viniera al País Vasco, un intento incomprendido por sus compañeros nacionalistas, según confesó a este periódico, que no entendían cómo los toros picassianos podían representar la tragedia de la villa foral.