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Cultura

MIGUEL DELIBES | ESCRITOR

Destino reedita 'El hereje' en el décimo aniversario de la novela que ha vendido un millón de ejemplares

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«Mi único secreto es que hablo claro»
Miguel Delibes es fiel a su esposa, a su editor, a la caza menor con perro y a su ciudad, Valladolid. / GABRIEL VILAMIL
Hace diez años Miguel Delibes daba a la imprenta 'El hereje', una de sus novelas más vendidas (cerca de un millón de ejemplares) y con la que el escritor vallisoletano, de 88 años, se estrenaba en el terreno del relato histórico. 'El hereje' narra los avatares de un foco protestante que hubo en Valladolid en el siglo XVI. Tal fue el impacto de este texto -Destino acaba de lanzar una edición conmemorativa con grabados y mapas- que el Ayuntamiento de la ciudad creó una ruta turística para seguir los pasos de Cipriano Salcedo, simpatizante de las ideas de Lutero y eje sobre el que pivota la novela. El protagonista nació de la imaginación de Delibes, pero el escenario es una escrupulosa recreación de la época.
Según reveló recientemente el académico y Premio Cervantes, la idea surgió durante una charla con un abogado penalista, quien le mostró un capítulo de la 'Historia de los heterodoxos españoles', de Menéndez Pelayo, donde se hacía referencia a este foco protestante. Delibes tardó tres años -desde 1995 a 1998- en documentarse y redactarla.
-¿Que afinidades tiene usted con Cipriano Salcedo?
-Bastantes. Admiro la lealtad y la fidelidad a su propia conciencia. También su humanidad.
-Hay algunos historiadores que asocian protestantismo con progreso, y catolicismo con estancamiento e intransigencia. ¿Cree que es así?
-No. De ninguna manera. El progreso y el estancamiento del hombre responden a causas distintas. Excepcionalmente, en algunos casos concretos, sí ha podido influir la religión.
-¿Qué tal le cae Lutero?
-Los grandes hombres dependen de sus biógrafos. Lutero, a veces, se nos antoja brillante; en otras ocasiones se nos presenta confuso y apagado. Todo depende de quién nos lo cuente.
-Un auto de fe, como los de 1559 y 1568 en Valladolid, retransmitido en directo por televisión, ¿tendría récord de audiencia?
-Creo que no Bueno, espero que no. Aunque sé que hay personas que pueden pensar lo contrario.
-Si la Iglesia condena la homosexualidad, ¿las almas de las parejas homosexuales no van al cielo?
-Es un tema serio y delicado. No se puede despachar con una o dos frases. Yo, al menos, me siento incapaz de ello.
-¿Qué tipo de homenaje brinda 'El hereje' a su ciudad natal, Valladolid?
-Difundir su nombre e impulsar su historia.
Fiel
-Elija dos o tres rincones que se citan en la novela. Sus favoritos.
-El Ayuntamiento de Valladolid ha trazado una 'ruta' con todos los lugares. Me remito a ella. No podría prescindir de ninguna calle ni de ninguna plaza.
-Usted es el espejo -humano y literario- de miles de españoles. ¿Dónde está el secreto?
-Mi único secreto es que hablo claro. Hablo claro y procuro escribir diáfano. Pero eso no es ningún secreto. Es una moral elemental.
-Fiel a una esposa, fiel a un editor, fiel a la caza menor con perro, fiel a su ciudad, fiel a las hermanas Williams, fiel a sí mismo. ¿Es usted un milagro del catolicismo o un milagro del protestantismo?
-No me tengo por hombre milagrero. Pero sí soy una persona fiel.
-Es de los escasos escritores españoles que ha rechazado ganar premios amañados.
-Los rechazo porque no me abrazo a cualquier premio.
-Si no le conceden el Premio Nobel ¿peor para el currículum del Nobel?
-En este caso me dejo querer.
-¿Cómo afrontaría Lorenzo la actual crisis económica. ¿Y el señor Cayo? ¿Sacarían sus ahorros de la cartilla y los guardarían debajo del colchón?
-Mis personajes tienen poco que ver con los bancos y la Bolsa. Lo que es seguro es que abrirían la boca de asombro, como yo la abro, pero sin pronunciar palabra.
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