Hace ya quince días que E. R.G., una vecina de Santurtzi de 71 años, tuvo que abandonar su hogar e irse a vivir con su hija. La que ha sido su casa durante los últimos siete años se ha vuelto inhabitable. Una fuga de agua en el piso de arriba ha ido empapando poco a poco su cuarto de baño y su cocina hasta rajar de lado a lado el techo y provocar un cortocircuito que ha dejado sin luz la vivienda. A priori, la solución parece sencilla: sólo tendría que hablar con su vecino y pedirle que reparara la avería que está arruinando el inmueble. Pero no es posible. El inquilino del primer piso lleva «casi un mes» sin pisar su vivienda y no hay forma de localizarle.
La pesadilla de E.R.G. y su familia empezó el 18 de octubre. La mujer, que vivía sola en un bajo de la calle Doctor Fleming, descubrió una gotera en el techo de su cuarto de baño y llamó a sus hijos. Se temió lo peor al comprobar de dónde procedían las filtraciones. Sabía que «no iba a ser fácil localizar» al vecino de arriba, un hombre de 73 años con fama de «problemático» y aspecto «descuidado» que sólo aparece por su casa «de tarde en tarde».
Y es que, cuando pone un pie en el portal, sus vecinos lo notan. Según los inquilinos del inmueble, «hace ruido por las noches», ha llegado a «insultar» a otros propietarios y acumula una deuda de «1.400 euros de gastos de comunidad». Un día después de que aparecieran las primeras goteras, la mujer acudió a la Policía Local. Los agentes hicieron fotos del estado que presentaba el cuarto de baño. Mientras, sus familiares llamaron a un fontanero para que diera una salida al agua, a fin de que ésta no se acumulara en el doble fondo del techo y provocara su derrumbe. La guardia urbana dio parte de lo ocurrido y comprobó que el «único domicilio» a nombre del misterioso vecino era el que originaba el problema.
Así las cosas, los hijos de E.R.G. se dirigieron el lunes al juzgado de Barakaldo para poner una denuncia. Ese mismo día tuvieron que sacar a su madre de casa. No era ya un lugar seguro. Las filtraciones provocaron un cortocircuito que dejó la vivienda sin luz. «No es un grifo abierto, sino una fuga; cae poco a poco», explica la afectada.
Un balde lleno de agua
El goteo es tímido, pero incesante. De hecho, la familia de la mujer deja un balde vacío todas las noches que recoge lleno cada mañana. Se trata de un edificio antiguo, de estructura de madera, por lo que las filtraciones «podrían dañar» todo el inmueble. De momento, las goteras ya se han extendido a la cocina, «rajando el techo de lado a lado» y han dejado la casa sin calefacción, porque la caldera estaba en la pared del baño afectado. La mujer ha tenido que empezar a desmontar algunos muebles para evitar su deterioro.
Denuncia archivada
Una semana después de presentar la demanda, los hijos de E.R.G. supieron que había sido desestimada. «La han tramitado por la vía penal, cuando se trata de un asunto civil, y la han archivado», se duele la mujer. Ya no sabe a qué puerta llamar. El seguro cubre los daños de su piso pero, por ley, no puede acceder a la casa del vecino a arreglar la avería original. «Estamos dispuestos a pagar nosotros la reparación, sólo queremos que esto se solucione», clama la familia de la afectada.
En su desesperación, han buscado el apellido de su vecino en el listín telefónico. Por si localizaban a algún familiar. Pero nada. «Sólo una orden judicial» permitiría acceder al inmueble para cortar el suministro del primer piso. E.R.G ha contactado también con el Consorcio de Aguas, que le propuso un corte de agua programado, desde la medianoche hasta las 7.00 horas. Ahora bien, afectaría a todo el portal.
Ya han pasado quince días y la situación no hace sino empeorar. Se siente «impotente» y no sabe qué hacer. Sus últimos cartuchos son insistir por la vía legal y «pedir una cita con el alcalde».