Estos cinco bilbaínos facturan jazz danzón y funk vacilón con la elegancia de los clubes selectos y los cócteles maravillantes. Su sonido es global y está en boga, aunque remoloneen: «No está tan de moda, si bien es verdad que hay muchas más bandas en esta onda que hace cinco o diez años. Pero el acid jazz no es nuevo. En los 60 ya existía, aunque no con ese nombre. Siempre estaremos en deuda con los pioneros, músicos de jazz que decidieron poner un poco de cachondeo al asunto, una especie de jazz guatequero... Vaya, celebremos que hoy día no todas las bandas sean de punk, rock o pop y que otras como la nuestra tengan por fin un pequeño hueco».
Su fórmula bailonga resulta muy atractiva a las féminas, pero los boppers abarcan todo. «Aunque parezca mentira nuestro público es variado y nos bailan por igual las chicas y los chicos. El objetivo primordial no es enseñar nuestras caras, o el último truco aprendido, ni demostrar lo modernos, duros o importantes que nos creemos. Nuestro objetivo es tocar música para que el público sienta una experiencia profunda y primaria y la exprese en la pista de baile sin tener en cuenta su raza, género, ni tendencia sexual. Es música por todos y para todas».
Símbolo erótico
Atiende en comandita el quinteto al completo: Xixo Yantani (guitarra), Txefo K-Billy (batería), Mihail Goldfingers (saxo y flauta), Lando Stone (bajo) e Ignatius Johnny (órgano Hammond). «Nos juntamos en una fiesta en Bilbao y la banda comenzó en 2004 para investigar los bailables ritmos negroides». Promedian 30 y su apelativo es asaz salaz. «The Cherry Boppers es un homenaje al clásico be bop y a las cerezas como símbolo érotico. Y también homenajea al buen cine de acción».
Siempre elegantes y ahora poderosos, The Cherry Boppers gastan influencias chéveres que van de James Brown y Lou Donaldson «hasta el sonido Motown y las cremosas referencias del sello Blue Note». Y con tal influjo en esencia interpretan música instrumental. «Hemos elegido este carácter porque creemos que en sí la música ya es un lenguaje. Y posiblemente el más universal. No hemos acotado nuestro mensaje a un idioma concreto. Nuestro mensaje es la música en sí. A pesar de esto, puntualmente añadimos voces a alguna composición a modo de frases repetidas al puro estilo de los JB's». Eso, ¡viva James Brown!
Debutaron con el feble y asténico 'Dressin' The Puppet' (Noizpop, 06), CD simpático con ideas plasmadas sin contundencia. Y ahora la contundencia brota segura y fluida en su reválida, una rodaja capaz de venderse en todo el orbe, nominada 'Play It Again!', superior a productos retros guiris tipo Big Boss Man y a españoles como Alcohol Jazz, y que mira a Sugarman 3 y Maceo Parker.
A ellos les mola. «Estamos muy excitados con el disco. Ha quedado mucho mejor de lo que esperábamos. Lo producen el legendario Kaki Arkarazo y Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas) y colabora Javier Vargas. El 90% es material original y nos enorgullece. Es más versátil y abarca más palos: jazz, blues, funk, soul... Está más destinado a la pista de baile».
Actualmente sus bolos ni se aplatanan ni se hunden, sino que rulan lubricados de principio a fin. No en vano van más de 90. «Damos cada uno sea como si fuera el último. Ponemos toda la carne en el asador. Nuestro mayor objetivo en directo es que el público rompa a bailar, pierda la consciencia, se libere de prejuicios y acabe empapado en sudor». Se verá el viernes 7 en el estreno en el Kafe An- tzokia, con Jukebox Racket.