En toda la región costarricense de San Carlos era bien conocido por su elevado nivel de vida y las fastuosas fiestas que solía ofrecer con cientos de invitados en sus mansiones, en las que «el whisky y las langostas corrían en abundancia», cuentan los vecinos. «Vivía como un rey. Usaba costosos relojes 'Rolex' que cambiaba constantemente y siempre pagaba la cuenta, no le gustaba que lo invitaran».
Se trata de Pedro Urrutia, navarro de 71 años, cabecilla de una banda de doce personas que ha sido desmantelada por el Cuerpo Nacional de Policía tras estafar 20 millones de euros a un grupo empresarial vasco. Durante tres años, el director financiero de Indaux, dedicado a la fabricación de herrajes y componentes para la industria del mueble con sede en la localidad guipuzcoana de Getaria, se apropió presuntamente de estos fondos y los desvió, mediante argucias financieras, a terceras personas. El destinatario final era el líder de la organización, un conocido estafador oriundo de Santesteban y afincado en Costa Rica, donde era conocido por su vida opulenta y las multitudinarias fiestas que daba a la sociedad local.
Las investigaciones se iniciaron hace más de un año. La dirección de la empresa acudió a la Policía para denunciar que el responsable de las finanzas de la entidad había sido supuestamente engañado por un grupo de estafadores para efectuar pagos por valor de 20 millones de euros destinados a inversiones que nunca se llegaron a realizar.
La primera fase del operativo policial se desarrolló en marzo y permitió desmantelar el grupo. Entonces fueron arrestadas nueve personas en Barcelona y una en San Sebastián. El director financiero de Indaux también fue detenido por una presunta apropiación indebida de fondos, delito que habría cometido, según su versión, por el «engaño» al que le habría sometido la organización. Ramón José A. ha estado en prisión preventiva por este caso.
Conocido estafador
La última pieza del puzzle era el destinatario de los fondos, que había huido de España. Pedro Urrutia fue capturado la semana pasada en San Carlos, una localidad situada al norte de Costa Rica, cercana a la frontera con Nicaragua. Los investigadores registraron y decomisaron sus propiedades: tres lujosas residencias, una gasolinera y varios vehículos de alta gama, entre ellos tres 'mercedes', tres 'quads' y un todoterreno.
En realidad, Pedro Urrutia es un estafador bien conocido en Barcelona, donde residió algún tiempo. En su amplio historial delictivo figuran tres condenas por delitos de estafa y apropiación indebida. En Mataró, asimismo, tiene abierta otra causa por motivos similares.
Según fuentes policiales, Urrutia se dedicaba a estafar a empresas españolas tras granjearse la «absoluta confianza de sus directivos». Al parecer, llegó a Costa Rica en junio de 2007 y consiguió una residencia legal por dos años. para lo que se valió de la recomendación del obispo católico de la diócesis de Alajuela, el español Ángel San Casimiro. «Le pedimos la residencia porque era un señor que sólo venía a invertir», dijo el prelado.
Según el obispo, «siempre fue una persona generosa» que nunca «escatimó» ayudas a los más desfavorecidos. Pero sobre todo, Urrutia era desprendido consigo mismo. Se ganó a sus convecinos a golpe de billetera. «Era común que en los pueblos le dedicaran topes -desfiles de caballos-, cabalgatas y bailes. Si necesitaba hablar con el alcalde sobre algún trámite, lo hacía directamente». A su novia, de 24 años, le solía hacer costosos regalos; el último, «un lujoso 'mercedes' valorado en 80.000 dólares». Y le gustaba contar que tuvo negocios en Cuba y México, además de un night club en Barcelona, que fue destruido en un atentado de ETA. Ahora, será extraditado y juzgado.