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La carrera hacia la Casa Blanca

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Obama hizo historia anoche en la televisión norteamericana al convertirse en el único candidato en dieciséis años tan sobrado de dinero que puede permitirse el lujo de comprar media hora de emisión en siete cadenas a la vez para contar sus «historias americanas», como tituló el segmento, ilustradas con personajes del pueblo y discurso presidencial. «Durante los últimos ocho años hemos visto que las decisiones de un presidente pueden tener un efecto en el curso de la historia y en la vida de los estadounidenses», entonó el candidato demócrata que aspira a convertirse en el primer presidente negro.
Apareció ante un escritorio flanqueado por la bandera de barras y estrellas, como si ya estuviera en el Despacho Oval hablando a la nación, pero el publirreportaje de treinta minutos producido por Davis Guggenheim, hijo del documentalista de Robert Kennedy, también estaba salpicado por escenas de sus veinte meses de campaña y las historias en primera persona de una serie de estadounidenses que representan los problemas de sus compatriotas. «Hemos estado hablando de los mismos problemas durante décadas y nunca se hace nada para resolverlos», recordó Obama.
Algo que a Bill Clinton no le habrá gustado oír. De hecho, parte de su animadversión hacia el candidato que derrotó a su esposa durante las primarias fue el juicio crítico que en ocasiones hizo del legado político de sus ocho años al frente del país. Ambos hombres compartieron anoche escenario por primera y única vez en la campaña, aunque el ex presidente ha participado en otros actos políticos en favor de Obama.
Una noche intensa
El mítin de Florida era el final de una noche de traca que había empezado a las 20.00 horas -una de la madrugada en España- en las cadenas NBC, CBS, Fox, Univision, MSNBC, Bet y TV One, a razón de un millón de dólares (780.000 euros) por cada una de las tres cadenas nacionales y una cifra mucho menor sin especificar para las de cable. Un despilfarro que no se había visto desde que el millonario Ross Perot irrumpió en el bipartidismo presidencial a golpe de talonario con ocho espacios televisivos de este corte. Seguía los pasos de Richard Nixon, que en 1969 adquirió dos horas de televisión por 400.000 dólares, y de John Kennedy, que utilizó este recurso de masas para el discurso en el que prometió dejar su religión católica a la puerta del Despacho Oval.
Negativa de CNN y ABC
CNN, que junto con ABC se resistió a vender el espacio simultáneo «para continuar cubriendo la campaña con todos los candidatos y todos los temas, como siempre hacemos desde todos los puntos de vista», calculaba la factura final en cinco millones de dólares (3,9 millones de euros). Nada para los 160 millones (125) que recaudó Obama sólo en septiembre, y más de 600 (469) en toda la campaña.
En comparación, su rival John McCain anda mucho más limitado al haberse contentado con los 84 millones de dólares (65 millones de euros) de dinero público que ha obtenido del Gobierno y que le impiden hacer recaudaciones privadas. El Partido Republicano cubre el hueco pagando anuncios por su cuenta, pero con todo se estima que Obama dobla o triplica los de McCain en los estados clave.
El publirreportaje de anoche terminó con una intervención en directo del candidato desde Florida, pero todavía remataría la noche en el popular programa de Jon Stewart 'The Daily Show'. Por su parte, McCain le respondió a través de otro show televisivo de máxima audiencia, el de Larry King, donde una vez más prometió no posponer el comienzo de la serie mundial de béisbol para emitir un discurso político, como ha hecho Obama. En realidad, las tres cadenas nacionales han admitido ser ellas mismas las que hablaron con la liga para retrasar el comienzo quince minutos, una demora que suele ser habitual pero que esta vez estaba garantizada.
La sobredosis televisiva de Obama permitió al republicano resucitar sus ataques de celebridad política que tanto daño le hicieron tras ser aclamado por 200.000 personas en Berlín. Muchos periódicos, como 'Los Angeles Times,' que tachaba la maniobra de vulgar, auguraban que se volverá en su contra.
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