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MÁS BALONCESTO

Firma un notable debut en la clara derrota de Portland ante los Lakers liderados por Gasol
30.10.08 -

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Rudy confirma su descaro
Rudy Fernández intenta un pase ante la oposición de Ariza y Odom . / AP
Rudy Fernández es uno de esos tipos que se toman al pie de la letra el cartel de pase sin llamar. Ayer rubricó un debut notable en la NBA, en el duelo inaugural más lucido de los protagonizados por la creciente legión de españoles en Estados Unidos. Y confirmó cuanto se sabía ya de un descaro que raya en la insolencia deportiva. Su juego -una aleación de físico, rapidez, fundamentos y ayudas defensivas- cuadra mejor a orillas del Pacífico que a la vera del Mediterráneo. Apareció en la cancha del Staples Center, nada menos, a los cinco minutos de comenzar el partido. Falló el primer intento -un triple que define la valentía de su baloncesto-, pero tardó poco en anotar las dos primeras canastas. Similares, por cierto. Recibe muy lejos del aro, bota con fe hacia el centro de la zona, primer paso de ladrón sorprendido en pleno hurto y tiro certero.
Con dieciséis puntos anotados y diez lanzamientos de campo en casi media hora, fue el cuarto hombre de los Blazers que más miró el aro, el primero de los reservas importantes. El estatus en relieve que parece aguardarle dentro de un grupo de jóvenes con futuro que ayer se vio desarbolado (96-76) por el arranque celestial de los Lakers.
Un comienzo amarillo en el que Gasol acaparó los focos hipnóticos del protagonismo. Con determinación y ganas, fresco y móvil, Pau llevaba siete puntos de calidad a los dos minutos, quince en el descanso -elegido de la televisión norteamericana para la entrevista en el intermedio- y ahí detuvo el contador porque Kobe Bryant decidió apagar el fluido a todos sus compañeros. El conjunto de Phil Jackson se movió como una máquina engrasada e inclemente durante 21 minutos (46-24). La pelota fluía con rapidez de unas manos a otras, los contragolpes eran pruebas de velocidad sin obstáculos y había piernas en defensa para ahogar el ataque de unos Blazers desencajados ante la violencia del temporal.
Pero el mejor jugador del planeta decidió que la generosidad es simplemente una virtud humana y que su reino no pertenece a este mundo. Se tapó los ojos y redujo el encuentro a sucesivos e interminables 'unos contra uno' que derivaron en el recorte de las diferencias (49-41, minuto 26 tras un parcial de 3-17). Una de esas frivolidades que se pagan al precio del platino, el momento en que la verdad llama a la puerta. Eso sí, cuando el equipo de Los Ángeles mandó parar, Portland volvió a detenerse en seco.
Giro de espalda
La traca de Gasol resultó tan espectacular como eficiente y breve. Sirvió, de largo, para entender que la presencia junto a él en la zona de Bynum -joven, aunque sobradamente preparado- le beneficia de manera exponencial. Como 'cuatro', Pau dobla sus posibilidades. Sin renunciar al veloz giro de espalda que le ha hecho célebre, el catalán alegra el abanico de sus opciones con el tirito de cuatro o cinco metros -lento, pero seguro- y se descarga de trabajos forzosos atrás.
Ese aire de más lo administra para asumir su responsabilidad adelante, sólo un peldaño por debajo de Bryant. La consecuencia se resume en un quinteto equilibrado, con un plus de peligrosidad por dentro y el recurso del completísimo Lamar Odom saliendo, cosas de Phil Jackson, desde el banquillo.
El duelo del 'opening day' tuvo la historia que quisieron contar los Lakers. Para quienes entiendan el baloncesto como una bandera, cabe invocar que a los once minutos del salto inicial coincidieron en la pista los tres españoles, el 30 por ciento del tráfico permitido por las normas baloncestísticas de la circulación. Mencionados los papeles sobresalientes de Pau y Rudy, queda hablar de Sergio Rodríguez. Pues bien, las primeras señales emitidas por Nate McMillan, técnico de los Blazers, son descorazonadoras. El tinerfeño sólo actuó cinco minutos, pese a colgarse la etiqueta de segundo base.
Su entrenador hizo sudokus para alinear a escoltas en los breves minutos de respiro que tuvo el base Blake. De tanto entrarle por el ojo izquierdo va a brotar comunismo en la pupila de McMillan.
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